Imagen satelital de Doñana. / Sentinel-Copernicus

«Si viene un otoño seco, va a ser un desastre»

España pone fin a uno de los años hidrológicos más secos de su historia con una reserva de agua en mínimos que dificulta su consumo

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Esta semana se ha echado el cierre al año hidrológico (del 1 de octubre al 30 de septiembre) y el balance es «seco, pero no excepcionalmente seco», asegura Santiago Martín, experto en gestión del agua y coordinador de este área en Ecologistas en Acción. A falta de contabilizar las precipitaciones caídas en los últimos días por parte de la Aemet, este ejercicio se sitúa en el podio de los más secos desde los años 60 del siglo pasado. «Ha llovido un 25% menos de lo normal», apostilla Rafael Seiz, experto en gestión del agua de WWF.

En los 365 días comprendidos entre el pasado 1 de octubre de 2021 y el 30 de septiembre del año en curso las estaciones de la Agencia Estatal de Meteorología han recogido poco más de 470 litros por metro cuadrado y cierra así un nuevo año con lluvias por debajo de la normalidad. «Venimos encadenando años donde ha habido pocas precipitaciones por encima de la media», señala Seiz.

En los últimos diez años, siete de ellos han registrado menos precipitaciones que los que marca la media que marca la Aemet. «No hay que confundir a la gente, el cambio climático no trae menos lluvias», explica Martín. Realmente, argumentan ambos expertos, «el patrón de precipitaciones se ha desplazado» y «eso genera un problema», advierte Seiz.

En total, España ha tenido menos días de lluvia e, incluso, «momentos con más precipitaciones de lo normal como la primavera», revela Seiz. ¿Por qué no hay agua? «La respuesta es que los embalses ya no son almacenes de agua, ahora son estaciones de transferencia», denuncia el coordinador del área de agua en Ecologistas en Acción. «Según llega el agua se va para el regadío y cada vez llega menos», añade.

Los embalses nacionales cierran el año hidrológico en niveles preocupantes: sólo 18.270 hectómetros cúbicos de los 56.136 totales, lo que supone un 32,5% de la capacidad total a 27 de septiembre. Un porcentaje muy lejano del 50,2% que marca la media de hace diez años y cinco puntos porcentuales con la misma semana de 2021. «No es normal que los embalses estén así y es porque no gestionamos el agua», advierte Martín.

Calor y regadío, ¿los culpables?

La respuesta a la preocupante situación de los embalses españoles hay que encontrarla en los termómetros. «El cambio climático ha elevado la temperatura en España», destaca Martín. El pasado verano meteorológico (de junio a agosto) fue el más caluroso desde finales del S.XIX. «Una intensa serie de olas de calor en toda Europa, junto a unas condiciones inusualmente secas, condujeron a un verano de extremos, con récords en términos de temperatura, sequía e incendios forestales en muchas partes de Europa», señala Freja Vamborg, responsable científica del sistema de vigilancia sobre el cambio climático.

Una anomalía que también tuvo su reflejo en España que también ha registrado el verano más caluroso desde que hay registros, en este caso desde 1961. El anterior récord databa desde 2003 cuando la anomalía térmica anotada fue de 1,8 C de media, ahora ha sido 2,2ºC, es decir 0,4ºC más. En la península, la temperatura media ha sido de 24,7ºC, lo que supone una diferencia de 2ºC en comparación con el periodo de referencia (1980-2010) al que hay que añadir un total de 42 de 90 días bajo la denominación oficial de «ola de calor».

«Esto ha provocado que aumente la evapotranspiración de los embalses y de las plantas», destaca Santiago Martín. En agosto de 2022, las precipitaciones, la humedad del suelo y la humedad relativa estuvieron muy por debajo del promedio en gran parte de Europa occidental y oriental, refrenda el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S). «El cambio climático hace que dispongamos de menos agua, no porque llueva menos, sino que hay más evaporación y menos agua en los ríos», añade.

Embalse La Serena en Badajoz. / Sentinel-Copernicus

El caudal de los ríos este periodo estival ha caído drásticamente en todo el Viejo Continente dejando al descubierto sus lechos e impidiendo la circulación fluvial por muchos de ellos. «El agua que debería correr por el río si nadie la extrajese ha caído un 17% de media en el país», apunta el miembro de Ecologistas en Acción. «Los ríos son una vía de entrada de agua a los embalses», corrige Seiz. «Pero hay otro problema: el regadío», puntualiza.

El campo español cuenta con 3,8 millones de hectáreas de cultivos en regadío. «Hay más regadío de lo que nuestro país puede aguantar», denuncia Martín. Una extensión que consume el 80% del agua del país en un año. «Ahora se riega todo el año, es una barbaridad», comenta. «Ni somos despilfarradores de agua, ni merecemos que nos señalen como culpables de la sequía», se defiende la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore)

España posee la mayor superficie de regadíos de Europa, el 54% de ella con sistemas localizados, donde ocho de cada diez hectáreas regadas son de bajo consumo de agua después de que en 2021 aumentara en 1.642.465 el número de hectáreas que se riegan por goteo y aspersión con respecto a las que había antes de 2000. «La demonización de los regadíos pretende buscar un culpable de la sequía para eludir las responsabilidades de las administraciones públicas», advierte Andrés del Campo, presidente de Fenacore.

Cambiar la estrategia

Las estadísticas de este último año hidrológico han puesto de manifiesto cómo las precipitaciones se han desplazado. «Cerremos un ciclo donde ha llovido más en la parte este que en la oeste», destaca Seiz.

A pesar de no ser «un año excepcionalmente seco» como lo califica Martín, en «muchas zonas hay sequía», advierte Seiz. «La gestión del agua en nuestro país se hace esperando que llegue un año húmedo que recargue nuestros embalses, lo que pasa es que estamos encadenando varios secos», comenta el experto en gestión del agua de WWF. «Vivimos al día con el agua», añade Martín.

España es una de las zonas europeas con mayores estrés hídrico y cerca del 75% de la superficie del país está en riesgo de desertificación. En España, «algo más de 9.000.000 hectáreas están catalogadas como zonas con un riesgo alto o muy alto de desertificación» y la previsión es que aumente debido a la falta de precipitaciones y el aumento de temperaturas.

Esto supone una importante disminución de la capacidad del ecosistema para producir bienes o dar servicio a los beneficiarios. Un rápido avance producido por la «intervención humana». «Además, el cambio climático está agravando esta situación con el aumento de las sequías y los incendios forestales», añade el borrador de Moncloa.

«El suelo está más duro y no es capaz de absorber el agua y si lo erosionas no sirve para almacenar», apunta el responsable de WWF. «Solicitamos a las Administraciones públicas que den un giro radical a la gestión del agua apostando por una cultura del ahorro del agua y ajustando las demandas a los recursos realmente disponibles».

Peticiones que han llegado a los responsables del ministerio para la Transición Ecológica y «no nos han hecho ni caso», responde Martín. «Les pedimos en septiembre de 2021 que no se pudiera usar agua de los embalses para el regadío hasta que no estuvieran al nivel de hace diez años», explica. «Pero nada y seguimos igual».

La previsión «es de un otoño seco», comenta el responsable de WWF y «hay que hacer algo, porque sino será un desastre», repite.

El lío del Convenio de Albufeira

Los buenos vecinos se prestan sal, azúcar y también agua, aunque en los momentos duros estos préstamos son más complicados. Esto es lo que ha pasado este ejercicio entre España y Portugal con la cesión de 2.700 hectómetros cúbicos de agua al año «tanto superficiales como subterráneas». Así lo establece el Convenio de Albufeira rubricado por los gobernantes de ambos países en 1998.

Desde hace más de dos décadas, entró en vigor en el 2000, España trasvasa a Portugal esta cantidad de agua a través del Miño, del Duero, del Tajo y del Guadiana.

Este tratado hispano-luso establece los caudales mínimos que han de llegar a las tierras vecinas a través de estos ríos, sin embargo permite incumplir esos caudales si el año hidrológico llueve un 35% menos de la media de los diez últimos años. «Se espera que España no pueda llegar a cumplir con los caudales anuales fijados para los ríos Tajo y Duero. Estas entregas se prevé que se sitúen en torno al 90% de los valores establecidos en el Convenio», afirmaba el ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) en un comunicado.

No obstante, si la lluvia supera ese nivel y el caudal no llega a lo acordado, hay una penalización económica equivalente a la electricidad que ese caudal puede producir en Portugal.