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Verde, pero no perfecta: pros y contras de transformar el agua en electricidad

España cuenta en la actualidad con cerca de 800 centrales hidroeléctricas, con un rango de tamaño muy variado

A. HERRANZ Madrid

Los embalses españoles cuentan con una capacidad máxima de 56.136 hectómetros cúbicos, de los cuales el 40% de dicha capacidad viene de embalses hidroeléctricos. Un porcentaje que no tiene rival en Europa y el mundo, siendo una de las más altas. Sin embargo, la sequía que este año golpea la Península Ibérica, que deja los pantanos al 30% de su capacidad en toda España ha dejado en el dique seco a muchas centrales hidroeléctricas.

El pasado año, la producción de energía hidráulica, según datos de Red Eléctrica Española (REE), alcanzó el 11,9% del total que se produjo el año pasado en nuestro país. Para producirla basta con aprovechar una masa de agua situada en el cauce del río para convertirla primero en energía mecánica y posteriormente en energía eléctrica.

Existen dos tipologías básicas de aprovechamientos hidroeléctricos: la fluyente (aprovechando el curso del río, como hacen las norias tradicionales) o la embalsada, en la que es necesaria la construcción de presas, siendo esta la de principal uso para generación eléctrica. España cuenta en la actualidad con cerca de 800 centrales hidroeléctricas, con un rango de tamaño muy variado.

«En esta generación influye la cantidad de agua que haya embalsada y que se pueda aprovechar así como la altura desde la que se produce ese descenso», explica Rafael Riquelme, del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid. «Cuanto mayor sean estas dos variables, más energía se produce», añade.

En 2021, la producción de energía hidráulica alcanzó el 11,9% del total, según datos de Red Eléctrica Española

Además, considera que una de sus principales ventajas es que «en apenas dos minutos» se puede poner en marcha una planta hidroeléctrica para generar energía, frente a los dos días que tarda la nuclear o la hora larga que puede tardar una central de ciclo combinado.

Adaptarse al nuevo escenario

Sin embargo, la hidroeléctrica está sujeta a la disponibilidad de esa agua y con los pantanos siete puntos porcentuales por debajo de la media del ejercicio pasado y casi veinte puntos por debajo de la media de diez años la hidráulica está bajo mínimos.

Esta escasez ha traído las primeras restricciones de agua para los campos y también poblaciones y ha provocado una reducción de la energía a partir de los embalses. Una caída que alcanzó un 52,8% en el mes de julio de 2022 con respecto a 2021, según datos de REE.

Pero, con el fin de poder aprovechar más este recurso natural, esta industria ha ideado la construcción de nuevas presas intermedias en las que poder recoger el agua vertida del embalse principal para generar energía y volver a subirla a este embalse superior para, en el momento en que sea oportuno, volver a dejarla caer y producir energía. Esta subida del agua conlleva un uso energético, por lo que se realiza en las horas en las que la producción eléctrica es más barata. Son las conocidas como centrales de bombeo o reversibles.

España ocupa un papel destacado en el área hidroeléctrica a nivel europeo

Eso sí, cabe señalar que la Directiva 2009/28/CE de fomento del uso de energías procedentes de fuentes renovables, establece que la electricidad producida en unidades de acumulación por bombeo que utilizan agua que se ha bombeado aguas arriba no debe considerarse electricidad producida a partir de fuentes renovables.

España ocupa un papel destacado en el área hidroeléctrica a nivel europeo, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), situándose en tercer lugar respecto al resto de países de la Unión Europea en cuanto a potencia hidroeléctrica instalada con centrales menores de 10 MW y el cuarto lugar en cuanto a centrales de potencia mayor de 10 MW. El parque hidroeléctrico español supone el 10% del parque de la UE-25.

Impacto social y medioambiental

La construcción de cualquier presa, además de servir para regular los cauces, ayudar a la recuperación de los acuíferos y favorecer los regadíos de la zona, también tiene otros impactos medioambientales y sociales, como el desplazamiento de grupos de población de los valles inundados a otras localidades o la pérdida de mucha fauna y toda la flora de dichos valles, que quedan ahogadas durante el proceso de llenado paulatino la presa.

Aunque desde Greenpeace, Julio Barea y Pedro Zorrilla reconocen que, como renovable, la hidroeléctrica es una energía que, además, emite pocas emisiones de efecto invernadero a largo plazo y que las infraestructuras necesarias «son económicamente viables si se hacen bien». Sin embargo, añaden que son infraestructuras que siempre modifican la red fluvial. «Alteran cauces, inundan valles y cambian caudales. Son obras y proyectos de gran impacto ambiental, alteran por completo el ecosistema del río que inundan, suponen una barrera insalvable para peces y otros animales que quedan desconectados de otros tramos de río, almacenan sedimentos que no llegan al resto del río ni al mar, alteran el flujo de agua a lo largo del año, al solar agua en momentos diferentes a los del flujo natural y social, muchas veces se inundan territorios utilizados por personas, como pueblos, tierras de cultivo, espacios de uso cultural y emocional, que tienen que abandonarlos, e incluso se ven obligados a abandonar sus pueblos y los territorios en los que han vivido desde siempre».

«Nuestra red fluvial está suficientemente castigada y por eso no debemos construir más embalses o saltos hidroeléctricos»

Greenpeace

 

Ambos ecologistas aseguran que «cada vez más, se están derribando presas que han dejado de ser útiles para restaurar los ecosistemas riparios. Se puede evaluar su utilidad, pero mientras sean útiles, una vez ya construidas, es difícil reducir sus inconvenientes». Según Riquelme, en España hay una normativa sobre impacto ambiental «tremendamente exigente» que dificulta plantear nuevos embalses. Además, considera que el potencial de los ríos en nuestro país también está altamente explotado, por lo que no hay mucha perspectiva de crecimiento en este sentido, al menos en lo que respecta a grandes presas.

Desde Greenpeace consideran que con los embalses, azudes, saltos hidroeléctricos y minihidráulica existentes en España «ya está suficientemente castigada nuestra red fluvial por eso no debemos construir más infraestructuras de este tipo, al menos convencionales». A ello añaden que «cada vez tendremos menos agua disponible y que la prelación de usos es abastecimiento y caudales ecológicos, siendo la generación eléctrica no prioritaria en esos usos», por lo que, en valoraciones de esta organización ecologista, sería más apropiado fomentar otras energías renovables.