Tierra agrietada. / Nicolás Asfouri

España corre un «serio riesgo de desertificación»

Tres cuartas partes del territorio nacional pueden quedar inservibles por la erosión, la sequía y los incendios

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

«Europa se queda sin suelo». Esta es una de las alertas lanzadas por los expertos en los últimos años y no lo hace porque no quede ningún metro cuadrado para su uso humano, sino que la tierra en el Viejo Continente se está 'muriendo'. «El suelo es un recurso finito y no renovable», advierte el Instituto Geográfico Nacional en muchos de sus informes.

Esta fina capa de la corteza terrestre está compuesta por minerales, materia orgánica, agua y bacterias. Apenas 15 centímetros de grosor que albergan el 25% de la biodiversidad del planeta, un porcentaje que mengua a la misma velocidad que la desertificación avanza. «Nuestros suelos están sufriendo», advierte la Comisión Europea en su informe 'Estrategia de la UE para la Protección del Suelo para 2030'. Una radiografía que ofrece un diagnóstico preocupante: «Aproximadamente entre el 60% y 70% de los suelos de la UE no están sanos».

Un alto porcentaje que en España casi alcanza a las tres cuartas partes del territorio, según el Borrador de la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación en España. La erosión se lleva cada año unos mil millones de toneladas de suelo en Europa. En España, «algo más de 9.000.000 hectáreas están catalogadas como zonas con un riesgo alto o muy alto de desertificación» y «se espera que sea más, porque el calentamiento provoca que la aridez aumente», alerta Jaime Martínez Valderrama, doctor ingeniero agrónomo, experto en desertificación y cambio global e investigador del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio de la Universidad de Alicante.

«Estamos exportando desertificación»

JAime Martínez Valderrama

doctor ingeniero agrónomo, experto en desertificación y cambio global e investigador del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio de la Universidad de Alicante

Esto supone una importante disminución de la capacidad del ecosistema para producir bienes o dar servicio a los beneficiarios. Un rápido avance producido por la «intervención humana». «Además, el cambio climático está agravando esta situación con el aumento de las sequías y los incendios forestales», añade el borrador de Moncloa.

Colonización de la aridez

La urbanización descontrolada, la sequía, la falta de humedad y la presión sobre la vegetación está «exhausta», apuntan los responsables del Ministerio de Transición Ecológica. Un cóctel de ingredientes que ha hecho crecer la aridez del suelo español a lo largo y ancho de la Península Ibérica.

Desde principios de la década de los 90 del siglo pasado, «se observa un aumento de la aridez en todo el territorio», apunta el borrador. Esta pérdida de calidad en el suelo se ha dado especialmente en el centro y el este peninsular (Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y el centro de Comunidad Valenciana). No obstante, los expertos del Ministerio apuntan también cambios «de forma más dispersa o con menor intensidad» en los suelos extremeños, navarros, aragoneses, murcianos y alicantinos.

«Los efectos del cambio climático conducen a un escenario de aumento general de la severidad de las sequías, tanto meteorológicas como hidrológicas»

borrador estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación en España

La falta de precipitaciones es una de las principales causas de la aridificación de la tierra española. «Los efectos del cambio climático conducen a un escenario de aumento general de la severidad de las sequías, tanto meteorológicas como hidrológicas», advierte el borrador de la Estrategia Nacional.

«Esta estrategia propone un marco de actuaciones y medidas para fomentar la planificación y gestión integrada del territorio y reforzar el papel de la gestión y uso sostenible de los recursos de la tierra en la lucha contra este problema», recalca el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

A estas dos variables hay que añadir la deforestación, la minería, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego que también afectan negativamente a la productividad del suelo. «Todos estos agentes transforman el suelo en algo frágil», advierte el texto. 

Un diagnóstico que tiene un mal presagio: «el 20% del suelo español está degradado», lo que supone que son «zonas con valores relativamente bajos tanto de biomasa como de productividad». En este sentido, el borrador nacional destaca a Andalucía y Cataluña donde la quinta parte de su territorio tiene procesos erosivos altos.

«La desertificación puede ser causada por una sobre explotación de los recursos, pero también por un escaso uso de los mismos», explica Martínez.

El éxodo rural ha provocado que el interior peninsular quede despoblado y muchos campos sin trabajar. «Esto deteriora las infraestructuras», añade el investigador de la universidad alicantina, pero «el paisaje también se descuida» y provoca un aumento de la biomasa que es combustible para los grandes incendios.

Vigilar el riesgo

Por el momento, España carece de «una norma nacional específica sobre conservación de suelos», reconoce el ministerio de Transición Ecológica, «a pesar de que hay una gran cantidad de normativas», añaden. Este primer paso, con la publicación, primero, del borrador y luego del texto definitivo «pretende impulsar una ley nacional de conservación y uso sostenible de los suelos, alineada, entre otros, con la Estrategia de la UE para la Protección del Suelo para 2030», explican fuentes gubernamentales.

De no tomar medidas, en 2050 se perderán 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas

Naciones unidas

«Hay que otorgar al suelo el mismo nivel de protección que el aire, el agua y el medio marino y conceder la misma atención a los habitantes del suelo que la que otorgamos a la biodiversidad en la superficie supone un gran desafío», responde la Comisión Europea. «Es vital para nuestra propia supervivencia», añade.

Un trabajo que tiene que darse a distintos niveles y de forma conjunta. «El esfuerzo, como ocurre con el cambio climático, tiene que hacerse de forma global, no sirve de nada que un país se vuelque solo», explica Martínez. «Estamos exportando desertificación», advierte.

En la actualidad, cerca del 40% de la superficie terrestre se corresponde con terreno seco, mientras que se calcula, además, que el 70% de las tierras secas corren el riesgo de desertificarse. Un problema que pone en duda el desarrollo económico y vital de una gran parte de la población mundial que depende de estas tierras.

De no tomar medidas, según Naciones Unidas, en 2050 se perderán 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas, una superficie equivalente a toda la tierra cultivable de la India, «que son esenciales para mantener la biodiversidad y alimentar a la población», alerta el organismo internacional.

«Hasta ahora, hemos tapado este problema con el uso de fertilizantes, pero ya no es tan barato», narra Martínez. La guerra en Ucrania, recuerda, ha disparado los precios de la energía y «no es tan rentable», apostilla.