Río Waal en Países Bajos. / Afp

Sequía en Europa: ¿preparada para un futuro con menos agua?

La falta de precipitaciones y las altas temperaturas dejan las reservas hídricas al mínimo en el Viejo Continente

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Altas temperaturas, olas de calor extremas y ausencia de precipitaciones. Esta es la descripción del verano de 2022 en España y también en el Viejo Continente. «La mitad del continente tiene avisos y alertas por sequía», destaca el Observatorio Europeo de la Sequía. En concreto, el 47% del territorio está en peligro de sequía y el 17%, en alerta grave.

«Cuando hay altas temperaturas, la sequía se agrava más», señala Alberto Garrido, director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín. «Lo que vemos este verano es un evento compuesto, cuando dos o más riesgos climáticos ocurren simultánea o secuencialmente, en este caso, sequía hidrológica y olas de calor», puntualiza Dominic Royé, climatólogo y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela.

La falta de precipitaciones en algunos puntos del Viejo Continente ha dejado las reservas agua al mínimo. Al sureste de Inglaterra, los registros hidrológicos no captan lluvia desde hace 150 días, según el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido. «El final de la primavera y el principio del verano de 2022 se han caracterizado por unas condiciones anticiclónicas anómalas sobre la mayor parte de Europa occidental y central», informa el último boletín del Observatorio Europeo de la Sequía.

«El pasado mes de julio fue más seco que el promedio para la mayor parte de Europa occidental»

Servicio de Cambio Climático de Copernicus

«El pasado mes de julio fue más seco que el promedio para la mayor parte de Europa occidental», advertía el Servicio de Cambio Climático de Copernicus a principios del mes de agosto. Una falta de precipitaciones que se extendía «desde la Península Ibérica hasta el Mar Negro, incluidos el Reino Unido e Irlanda».

España registró de media 8,6 mm de precipitaciones en julio, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Francia, 9,7 milímetros de lluvia; y Reino Unido 23,1 mm. «La cifra más baja para el mes desde 1935 y el séptimo total de julio más bajo registrado», según la Oficina Meteorológica del Reino Unido. «Es algo excepcional», advierte Garrido. «Aunque, nos vamos a tener que ir acostumbrando a la periodicidad de estos fenómenos», apostilla.

España comenzó el 2022 con «una sequía meteorológica y en algunas zonas ya se ha convertido en hidrológica», explica Garrido. Este ejercicio ha llovido un 26% menos de lo normal. «Es obvio que estamos viviendo un periodo de sequía, pero hay abastecimiento para las grandes ciudades», tranquiliza Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Agua y Saneamiento (AEOPAS).

«Los recursos de agua dulce son escasos y están cada vez más bajo presión», alertaba Virginijus Sinkevičius, comisario europeo de medioambiente, pesca y océanos, en un comunicado. «Debemos dejar de desperdiciar agua y usar este recurso de manera más eficiente para adaptarnos al clima cambiante y garantizar la seguridad y sostenibilidad de nuestro suministro agrícola», añadía.

Planes contra la sequía

Las primeras restricciones de agua ya llegan a los bandos municipales españoles, pero también franceses, británicos e italianos. En España, los embalses de las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana están al 23% y 25% respectivamente. Mientras que la media nacional está al 39%.

«En España, tenemos un sistema de gestión de sequías y buenas infraestructuras», explica el director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín. «En el resto de Europa es distinto, Alemania y Francia no tienen tal regulación y les afecta más esta situación tan seca», apunta. Sin embargo, «ni España ni Europa están preparados para afrontar una gran sequía», contrapone Royé.

«Ni España ni Europa están preparadas para afrontar una gran sequía»

Dominic Royé

climatólogo y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela

En Francia, a 12 de agosto de 2022, 93 departamentos de los 101 que componen el país se encuentran afectados por una restricción más allá de la vigilancia: «3 están en alerta, 16 en alerta máxima y 74 en crisis», informa el Ministerio de Transición Ecológica galo. «Las prefecturas pueden tomar medidas excepcionales, graduales y temporales para limitar o suspender los usos de agua no prioritarios para particulares y profesionales», revela la normativa francesa.

En España, los Planes Especiales de Sequía (PES) son los encargados de «habilitar la seguridad del suministro», recuerda Garrido. «Hemos tenido un aprendizaje muy importante de los fracasos que vivimos en los años 90», apunta Babiano.

Esta hoja de ruta, cuya última actualización se produjo en 2017, armoniza la declaración de situación excepcional por sequía extraordinaria, así como la organización administrativa en lo relativo a la gestión de las sequías. «El litoral mediterráneo y los dos archipiélagos están mejor preparados, seguramente porque han padecido los efectos de grandes secuencias secas en décadas pasadas y han arbitrado medidas para evitar el desabastecimiento, al menos el urbano», destaca Royé. Aunque, «la situación en el interior peninsular y en las regiones del Cantábrico es especialmente delicada», apunta.

Los planes llevados a cabo por cada cuenca hidrográfica y supervisados por el Ministerio para la Transición Ecológica permiten identificar, de forma objetiva, una situación de sequía prolongada o de escasez. «Se aplican con poca arbitrariedad, los gestores saben qué tienen que hacer porque les habilita y obliga la Ley», destaca el director del Observatorio del Agua.

Menos lluvia

Las predicciones para 2050 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU ( IPCC) se están comenzando a hacer realidad casi tres décadas antes. «Estamos escribiendo la historia», comenta Babiano.

Los informes e investigaciones científicas señalan a un paulatino aumento de las temperaturas y a un descenso de las precipitaciones. «Yo no hablaría de que va a llover menos, quizá sean precipitaciones más extremas», apostilla Garrido.

Un aumento de 1,5 grados incrementará los fenómenos extremos como fuertes tormentas, graves olas de calor o sequías más prolongadas

Con solo un aumento de 1,5 grados de la temperatura del planeta se incrementarán fenómenos extremos como fuertes tormentas, graves olas de calor, sequías más prolongadas o precipitaciones torrenciales.

Las previsiones del Pacto Mundial de Naciones Unidas son más extremas: «Con solo un calentamiento de 2°C, entre 800 a 3.000 millones de personas sufrirán escasez de agua crónica». «Dentro de 10 o 15 años tendremos un nuevo escenario hidrológico que ya se va notando, quizá haya que retocar los planes de sequía actuales», comenta Garrido.

Una escasez de agua que no solo es un problema social, sino también económico. Este verano, la sequía en Europa, «la peor en 500 años», está dejando los grandes ríos del Viejo Continente con caudales mínimos.

El Rin, una de las arterias fluviales comunitarias más importantes, ha reducido su nivel por debajo de los 40 centímetros en Kaub, localidad germana. Una cifra que impide que los barcos y cruceros fluviales naveguen por el río sin quedar encallados en el fango. Una situación similar se vive en el Loira francés o el Danubio, que ya ha cerrado varias estaciones al norte de Budapest.

«Estamos ante una situación excepcional, no se va a dar cada verano», repite Garrido. «Pero, se dará con más frecuencia en los próximos años», sentencia.