Las olas de calor, como la que se vive esta semana en España, serán fenómenos más frecuentes e intensos. / efe

Las señales que prueban el cambio climático baten un nuevo récord

La Organización Mundial Meteorológica publica los datos de 2021 sobre gases de efecto invernadero, incremento de temperaturas y subida del nivel de mar

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Subida del nivel del mar, aumento de su acidez y temperatura y concentración de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Estos son cuatro de los principales indicadores del cambio climático que han batido un nuevo récord en 2021 y que han hecho saltar las alarmas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su último informe sobre el estado del clima mundial. Tanto que el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, los calificó como «la sombría confirmación del fracaso de la humanidad para afrontar los trastornos climáticos».

El emblemático trabajo, que complementa al presentado por el panel de expertos de la ONU conocido con las siglas de IPCC, recopila con detalle los datos relativos a estas cuatro realidades globales y sus desalentadores niveles alcanzados durante el año pasado. Niveles que, lejos de reflejar un cambio de trayectoria de la sociedad actual para esquivar un escenario de calentamiento global, confirma que no solo no se mejora sino que se vuelven a observar peores parámetros que nunca.

El informe de la OMM, publicado íntegro para su difusión y consulta, comienza por destacar los niveles de los principales GEI: el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso. Todos se encuentran por encima de más del 100% de los niveles que se registraban en la era preindustrial. Mención especial requiere el metano, que supera el 200%. Todos estos gases, especialmente el primero, tienen un efecto directo tanto en las temperaturas globales como en la salud de los océanos.

«Los últimos siete años han sido los más calurosos desde que se tiene constancia y es solo cuestión de tiempo que se vuelva a batir el récord de año más cálido jamás registrado»

Sobre el primer factor, la subida paulatina y progresiva de los termómetros, la OMM confirma que «los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene constancia». 2021 solo fue uno de ellos, no el que más en términos absolutos, debido a una bajada temporal de las temperaturas que se registró por La Niña al inicio y al final del año.

«Sin embargo -prosigue el informe- ese efecto provisional de enfriamiento no invirtió la tendencia general de aumento de las temperaturas. En 2021, la media mundial superó en aproximadamente 1,11 ± 0,13 °C los niveles preindustriales», versa el informe. El límite consensuado por la comunidad científica es de 1,5º para evitar consecuencias catastróficas. El margen ya se cuenta en décimas.

Esta acumulación de gases que hace que la Tierra acumule energía también tiene consecuencias directas en los océanos. Alrededor del 90% de este exceso calórico acaba en ellos. Las mediciones se hacen hasta los 2.000 metros de profundidad y, según la OMM, todos los conjuntos de datos coinciden en que las tasas de calentamiento de los océanos muestran un aumento particularmente fuerte en las últimas dos décadas y cada vez a cotas más profundas.

Sequía en Madagascar durante 2021. / Amnistía Internacional/Pierrot Men

El CO2, especialmente, tiene efecto directo en los mares porque ellos se encargan de absorber parte de las emisiones anuales de este gas, el 23%, para ser exactos. «Cumple con su papel para mitigar el cambio climático, pero a qué coste», se lamentan los científicos en el citado informe.

Se refiere con esto a que el CO2 reacciona con el agua de mar y aumenta su acidez y disminuye su pH. Esta condición pone en peligro los organismos y los servicios de los ecosistemas, incluida la seguridad alimentaria, al poner en peligro la pesca y la acuicultura. Con todo, el océano pierde progresivamente su capacidad de absorber CO2 en un círculo vicioso y letal.

«El 90% del exceso de energía acumulada en la tierra por los gases de efecto invernadero van al océano, que gana acidez, pierde pH, y con ello su diversidad y su capacidad para absorber el CO2 emitido a la atmósfera»

El nivel de la capa de hielo y sus consecuencias sobre el nivel del mar tampoco dejan indiferentes. La extensión del hielo marino en el Océano Austral estuvo por debajo de la media de 1981-2010 a lo largo de 2021, además, en febrero alcanzó niveles propios del deshielo de verano.

El Ártico vivió su particular ola de calor y se observó lluvia por primera vez en el Summit Station, el punto más alto de la capa de hielo. La pérdida de masa progresiva de los glaciares es otro de los puntos destacados del informe.

Con todo, el nivel medio del mar a escala mundial alcanzó un nuevo máximo en 2021, tras aumentar una media de 4,5 mm anuales durante el período 2013-2021. Esta cifra, que es más del doble que la registrada entre 1993 y 2002.

«Nuestro clima está cambiando ante nuestros ojos. El calor retenido en la atmósfera a raíz de los gases de efecto invernadero de origen humano calentará el planeta durante muchas generaciones. El aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos y el incremento de su contenido calorífico continuarán durante siglos a menos que se inventen mecanismos para eliminar el carbono de la atmósfera. Algunos glaciares han alcanzado el punto de no retorno y ello conllevará efectos a largo plazo en un mundo en el que más de 2.000 millones de personas ya sufren estrés hídrico», valoró el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas.

Todos estos indicadores tienen repercusiones dañinas para el desarrollo sostenible del planeta y sus ecosistemas. La OMM cita los fenómenos meteorológicos extremos, que afectan directamente la vida de las personas y que provocan importante pérdidas económicas, además de socavar la seguridad alimentaria e hídrica, además de agravar las migraciones por motivos climáticos. «En 2022 todas estas consecuencias ya se han agudizado», sostienen desde la citada organización.

Edificio destrozado en Alemania tras las inundaciones de 2021. / AFP

Las consecuencias de estos fenómenos extremos tales como inundaciones o sequías han sido cuantificadas económicamente. Así, las inundaciones provocaron en 2021 pérdidas económicas valoradas en 17.700 millones de dólares en la provincia china de Henan y, a mediados de julio, Europa occidental sufrió algunas de las inundaciones más graves de las que se tiene constancia, cuyas pérdidas económicas superaron, solo en Alemania, los 20.000 millones de dólares.

Otro de los ejemplos claro de la tendencia negativa que se registra son las cifras del hambre en el mundo. Tras un pico de desnutrición en 2020 (768 millones de personas), las proyecciones indicaban una disminución del hambre mundial a alrededor de 710 millones en 2021 (9 %). Sin embargo, a octubre de 2021, las cifras en muchos países ya eran más altas que en 2020.

«La previsión era que en 2021 disminuyera el hambre mundial pero en octubre de ese año la cifra ya superaba la del anterior, con 768 millones de personas afectadas»

«Tenemos que hacer mucho más -prosigue Taalas- como lo evidencia la situación de emergencia que vive el Cuerno de África a causa de la sequía, las recientes inundaciones mortales en Sudáfrica y el calor extremo registrado en la India y el Pakistán».

Para el secretario general de la ONU, Atonio Guterres, esta acción debe estar sobre todo encaminada a cambiar el modelo energético, algo que calificó fácil de lograr y con lo que el mundo se alejaría así del «callejón sin salida» que representan los combustibles fósiles.

Guterres propuso cinco líneas de acción que pasan, entre otras, por fomentar un mayor acceso a las tecnologías y suministros de energía renovable, triplicar las inversiones privadas y públicas en energías renovables y poner fin a los subsidios a los combustibles fósiles, que se conceden a un ritmo aproximado de 11 millones de dólares por minuto.

«Las energías renovables son el único camino hacia una verdadera seguridad energética, hacia precios estables de la electricidad y hacia oportunidades de empleo sostenibles. Si actuamos en unión, la transformación de las energías renovables puede ser el proyecto de paz del siglo XXI», concluyó.