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El verano en el Ártico, como en el Mediterráneo

La Organización Mundial Meteorológica identifica en el pasado verano un nuevo récord de temperatura: 38 °C

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

La Organización Mundial Meteorológica (OMM) difundió ayer un nuevo récord de temperatura en el Ártico. Tuvo lugar durante el verano de 2020, en la localidad rusa de Verkhoyansk. Allí, una estación registró durante la «excepcional y prolongada» ola de calor siberiana que aconteció aquel año los 38º. Tal y como valoran los científicos de esta organización, son valores más «propios del Mediterráneo que del Ártico». Esta cifra se refiere aun pico máximo puntual, pero en términos generales, las temperaturas permanecieron 10º por encima de la media.

Esta manifestación histórica del clima no es la única que la OMM investiga en estos momentos: de norte a sur del planeta se han dado cifras extremas. En el continente antártico también fue registrado durante el año 2020 el pico histórico de los 18,3º y en el valle de la Muerte de California, catalogado como el lugar más caluroso del mundo, el de 54,5º. Este último aún está siendo verificado por los miembros del organismo internacional. Europa tampoco fue ajena a estas cifras históricas, ya que en Sicilia los termómetros marcaron otro récord europeo tras alcanzar los 48,8º.

Más extremos que nunca

Nunca antes, reveló el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas, habían tenido tantas investigaciones abiertas al mismo tiempo en el archivo de la entidad dedicado a Fenómenos Meteorológicos y Climáticos Extremos. Sobre el último registrado en el Ártico, el profesor Taalas valoró que se trata de "un mensaje de alarma con respecto a nuestro clima cambiante".

En el Archivo de Fenómenos Meteorológicos y Climáticos Extremos se recogen valores sin precedentes a escala mundial, como las temperaturas más alta y más baja, los acumulados de lluvias más importantes, el granizo más pesado, el período de sequía más prolongado, la ráfaga de viento más intensa, el relámpago de mayor duración o la mortalidad más elevada causada por un fenómeno meteorológico.

Las cifras que recogen serían anecdóticas si realmente no estuviesen relacionadas con el cambio climático y sus devastadoras consecuencias. Tal y como recuerdan desde la organización, una situación inédita como la vivida el verano de 2020 en el Ártico "alimentó incendios devastadores, provocó la pérdida masiva de hielo marino y fue decisivo para que ese año fuera catalogado como uno de los tres años más cálidos jamás registrados".

Cambio en el paisaje

"Este registro es un signo claro del calentamiento que se está produciendo en toda Siberia", señaló el doctor Phil Jones, eminente climatólogo del Reino Unido y miembro del comité.

El verano excepcionalmente cálido en la región ártica dio paso a un otoño nada fresco. Así lo hizo ayer público la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NAOO) a través de su informe Arctic Report Card, donde son documentas las numerosas formas en que el cambio climático continúa alterando el paisaje antes congelado. Por ejemplo, a medida que la tundra ártica se calienta y se derrite, las incursiones de arbustos y árboles pequeños han creado un nuevo hábitat para los castores, que crean estanques y humedales que transforman aún más el paisaje.

Entre los hallazgos más destacables de este informe se encuentra el hecho constatado, a través del análisis de temperaturas, de que el Ártico se calienta a doble velocidad que el resto del planeta. Esto tiene incidencia directa en la capa de hielo, cuya desaparición tendría implicaciones directas en el clima y el nivel del mar.

Basura y pérdida de especies marinas

En este sentido, el informe, que compila las observaciones de 111 científicos de 12 países, destaca que después de décadas de relativa estabilidad, la capa de hielo de Groenlandia ha perdido masa casi todos los años desde 1998, con una pérdida récord de hielo en 2012 y 2019. "En agosto, se observaron precipitaciones en la cumbre de 10.500 pies de la capa de hielo de Groenlandia por primera vez", añaden.

El hielo retrocede y ha dado paso a la actividad humana. El transporte marino y otras actividades comerciales han podido adentrarse más en la zona Ártica y la consecuencia más directa ha sido "la acumulación de basura y escombros a lo largo de la costa". También se ha detectado la descomposición de la concha de caracoles marinos en la zona por el incremento de la acidez de las aguas.

De cualquier modo, a pesar de estos efectos locales que son recogidos cada año por las citadas organizaciones, las consecuencias de un deshielo en esta zona del planeta alcanzarían a todos los rincones del mismo. "Tanto los estudios de observación como los de modelización indican que según desaparezca el hielo terrestre ártico (el de los glaciares) es probable que suba el nivel del mar y cambien los patrones climáticos del hemisferio norte. Los efectos probablemente varíen por zona geográfica, algunas sufrirán veranos más calurosos y secos, otras veranos más lluviosos mientras que en otras los inviernos serán más fríos y habrá más tormentas. Es probable que los episodios meteorológicos extremos sean más comunes en el futuro, habrá más probabilidad de sufrir olas de calor, inundaciones y tormentas muy intensas", explican desde la organización ecologista Greenpeace.

“La historia del Ártico es una historia humana”, valora Twila Moon, un científico del Ártico del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo, y uno de los tres editores del citado informe de la NOAA. "Todos tenemos un papel que desempeñar en la creación de los mejores resultados posibles para la región, sus residentes y todos los ciudadanos del mundo que dependen del Ártico como un componente fundamental de nuestro sistema terrestre".

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[Esta información se enmarca en los ODS números 13, 14 y 15]