Activistas de Greenpeace instalan un dinosaurio gigante de chatarra frente a la sede de la Comisión Europea, en señal de protesta contra la posible inclusión del gas natural y de la tecnología nuclear en la lista de energías verdes. / efe

Todos quieren energía limpia, ¿pero habrá para todos?

Los objetivos de descarbonización son ambiciosos pero a día de hoy se depende de la creación de una tecnología de almacenamiento de la energía 'verde', señalan los expertos

ARANTXA HERRANZ

Cada vez más grandes empresas anuncian entre sus planes una transformación que les permitir funcionar únicamente con energías verdes. En algunos casos, más que un plan, es un objetivo claro declarado. Con ello, pretenden contribuir a la sostenibilidad del medio ambiente y reducir las emisiones de CO2, y para lograrlo se debe abandonar todo consumo de energía que se produzca mediante la combustión de fósiles.

Parte de estos compromisos tienen que ver con los conocidos como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Unos retos que también están asumiendo organismos supranacionales. La Unión Europea, sin ir más lejos, quiere que en 2030 se reduzcan un 40% las emisiones de CO2, con el objetivo de, en 2050, tener a un sistema prácticamente descarbonizado.

Esto está íntimamente relacionado con la integración de energía final procedente de fuentes renovables y con los de eficiencia energética, destacando los objetivos finalmente aprobados de un 32% de energía final procedente de renovables en 2030 y de una eficiencia del 32,5% respecto al tendencial de 1990.

En el caso de España, los objetivos para 2030 se traducen en un 42% de energía final procedente de renovables, objetivo aún más ambicioso que el global de la UE, con una reducción de emisiones del 20% respecto a 1990.

Los datos de Red Eléctrica Española (REE) muestran que nuestro país ha ido reduciendo la emisión de estos gases de efecto invernadero durante los últimos años, siendo especialmente notable la reducción del carbón.

Un sello que avala la energía verde

En nuestro país, además, estas buenas intenciones tienen que venir avaladas por un sello que certifica que, efectivamente, la energía con la que se alimentan los organismos procede de fuentes limpias. Es lo que se conoce como Sistema de Garantía de Origen (GO).

Esta es una acreditación expedida por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que avala que un número determinado de megavatios-hora de energía eléctrica producidos en una central, en un periodo temporal determinado, han sido generados a partir de fuentes de energía renovables o de cogeneración de alta eficiencia.

Según los datos de la CNMC, en 2020 (último año del que se tienen datos oficiales), se expidieron en España 109.189 garantías de origen, un 7,2% más que en 2019. Además, las garantías expedidas mediante el sistema GO representan el 44,6 % de la producción nacional total del 2020 y el 81,8% respecto de la producción nacional procedente de fuentes de energía renovables y de cogeneración.

Los datos que facilita la CNMC muestran cómo las instalaciones fotovoltaicas son las más numerosas (en cuanto a energías renovables) en España, aunque son las eólicas las que producen la mayor parte de la potencia.

Esta etiqueta también aplica a las empresas comercializadoras de energía que funcionan en nuestro país. Con este sistema, se les clasifica acorde a un baremo que va de la A a la G. Cada letra indica el impacto ambiental medio. La A representa el mínimo impacto ambiental y la G el máximo. En los informes se explica también el origen de la producción eléctrica nacional a título informativo para poder realizar la correspondiente comparativa entre empresas comercializadoras.

 

Poco peso de la energía verde

Sin embargo, y pese a todos estos buenos datos e intenciones, lo cierto es que las energías verdes siguen teniendo poco peso en España. De hecho, y aunque no seamos una excepción con respecto a lo que pasa en otros países del mundo, el consumo energético en España se sustenta mayoritariamente en las fuentes de energía de origen fósil, fundamentalmente petróleo (44,3%) y gas natural (20,3%), según datos del IDEA (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía). Cabe destacar nuestra dependencia prácticamente total del petróleo, del cual importamos más del 99%, destinando cerca del 80% del mismo al sector del transporte.

Las energías verdes apenas rozan los 14 de cada 100 megavatios consumidos en nuestro país, siendo la biomasa, la eólica y la solar las que más importancia tienen.

 

Con este escenario, y con la aspiración de las empresas de conseguir este sello que avale que su fuente de energía es verde, unida a la mayor sensibilidad de los consumidores, la pregunta está servida: ¿Habrá energía verde para todos? ¿Será el sector será capaz de producir y abastecer toda esa demanda de energías limpias?

«Sí, y de aquí a 2030 el objetivo que tenemos es que sea el 74% de la energía»

jorge gonzález cortés

Asociación de Empresas de Energías Renovables

El presidente de la Sección Fotovoltaica de APPA Renovables (Asociación de Empresas de Energías Renovables), Jorge González Cortés, cree que sí. Asegura que el año pasado el 44% de la electricidad que se produjo fue de origen renovable, y este año estaremos en el entorno del 50%. “Así que sí, hay mucha electricidad renovable. Y de aquí a 2030 el objetivo que tenemos es que sea el 74%”. Este dato contrasta con los de IDEA porque esta última cuantifica el consumo, no la producción, como la asociación.

Otras voces no son tan taxativas en su optimismo. El experto de la Comisión de Energía del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, Rafael Riquelme, aclara que, dado que uno de los problemas actuales de la energía es su almacenamiento, es muy difícil, a día de hoy, abastecer todo el mercado con energías verdes.

“El problema de este tipo de energías es que la mayoría no son gestionables: dependemos de que llueva, haga sol o viento para ser capaces de producirlas. Por eso tienen que tener el respaldo de las gestionables (nuclear, carbón, gas natural y fueloil). Un respaldo que, salvo la nuclear, emite CO2", afirma.

«Este tipo de energías no son gestionables, por eso tienen que tener el respaldo de las que sí lo son: nuclear, carbón, gas...)

rafael riquleme

Colegio de Ingenieros Industriales

En valoraciones de Riquelme, los objetivos de descarbonización de la economía son ambiciosos en España, pero a día de hoy dependemos de que se desarrollen tecnologías de almacenamiento de electricidad, bien a través del hidrógeno verde o de baterías de ion-Litio.

En este objetivo ayudaría también, en su opinión, mejorar la interconexión energética con el resto de Europa, especialmente con Francia, para poder “compartir energías excedentarias” y evitar que, la que no se consuma ni se pueda almacenar, acabe desperdiciada.

[Esta información se enmarca en el ODS 7 sobre 'Energía asequible y no contaminante']