La búsqueda del asesino fugado de prisión se centra en la isla

13/02/2019

Juan Francisco Mejías no volvió a la cárcel Juan Grande el pasado 27 de diciembre tras disfrutar de un permiso. Los investigadores descartan que haya abandonado Gran Canaria

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Un mes y medio después de la desaparición de Juan Francisco Mejías González, condenado por el asesinato en 2004 de su mujer, Fabiola González, en el domicilio familiar de Telde, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mantienen activa la búsqueda de Mejías, sin que de momento haya dado sus frutos. Mejías González no regresó a la cárcel de Juan Grande.

Según confirmaron fuentes cercanas a dichas pesquisas, la búsqueda se centra en la isla y se descarta que Mejías haya abandonado Gran Canaria desde que fue visto por última vez el pasado 27 de diciembre cuando iba junto a un familiar de regreso al Centro Penitenciario de Juan Grande en San Bartolomé de Tirajana.

De hecho, las pesquisas se están extendiendo por toda la isla desde las zonas de costa y hasta el interior de las mismas, según apuntan las mismas fuentes. Tras difundirse la noticia de que había sido visto en Valencia, en un club de alterne, extremo que fue posteriormente desmentido, las pesquisas se han mantenido bajo un discreto segundo plano, si bien se mantienen totalmente activas.

De momento no se ha solicitado, ni está previsto que se haga, la colaboración ciudadana para intentar dar con su paradero, entre otras cuestiones porque la imagen que se ha difundido del fugado dista de su aspecto actual y dicha colaboración no sería del todo efectiva.

Condenado. Cabe recordar que un tribunal popular dictó en octubre de 2005 un veredicto de culpabilidad al considerar que Mejías González cometió un delito de asesinato con agravante de ensañamiento y aprecia la atenuante de confesión (arrepentimiento espontáneo).

El tribunal popular no dio crédito a los informes forenses que hablaban de un trastorno mental transitorio y consideró que cuando el asesino mató a su mujer asestándole más de 30 puñaladas, lo hizo en plena consciencia de la ilicitud de su acción.

El abogado de la defensa solicitó en el juicio la pena mínima al entender que el veredicto permitía una condena por homicidio por atenuante de confesión.

«Sorprendido en el curso de la agresión por los niños», añadía el veredicto, «el imputado no atendió a ninguna de las peticiones y súplicas que estos le hacían para disuadirle de continuar hiriendo a su madre».

El reo no había reingresado en prisión tras un permiso, el cuarto del que disfrutaba desde su ingreso en prisión, y acrecentado tras saberse que dicho permiso se concedió con varios informes en contra, emitidos por parte del personal del propio centro penitenciario.