El origen: la muerte de un residente

07/10/2019

La investigación que se llevó a cabo sobre la residencia Nuestra Señora del Buen Consejo se inició tras la denuncia presentada por el nieto de un usuario que sufrió numerosos accidentes en el centro y que, pocos meses después de ser ingresado, perdió la vida en el hospital.

La intensa investigación que se llevó a cabo sobre el centro de ancianos Nuestra Señora del Buen Consejo, conocido como la residencia de los horrores, tuvo como origen la denuncia del nieto de un interno que sufrió numerosas caídas y lesiones durante su estancia y que, según el mismo, derivaron en su posterior fallecimiento.

Fue el 4 de enero de 2012 cuando este familiar acudió a la comisaría de la Policía Nacional para interponer una denuncia contra los responsables de la residencia después de que hubiese detectado numerosas lesiones en el cuerpo de su abuelo, que tuvo que ser ingresado en el hospital Doctor Negrín, perdiendo la vida posteriormente el 11 de febrero de 2012, unos hechos que, según la Fiscalía Provincial «pudieron influir» en su fallecimiento.

Este familiar denunció que desde el ingreso en la residencia, su abuelo había sufrido una serie de lesiones, tales como morados, erosiones y cortes, que en principio atribuía a meros accidentes. Pero todo se agravó, según el denunciante, cuando a finales del mes de noviembre, su abuelo tuvo una caída en la que se hizo una brecha en la cabeza que curaron los médicos aplicándole tres puntos de sutura en la ceja. Posteriormente, el 30 de diciembre de 2011, el residente tuvo otra caída teniendo que se suturado en la frente con ocho nuevos puntos.

Otra lesión que volvió a sufrir este usuario se la produjo el 3 de enero de 2012, fracturándose un hueso de la muñeca, aunque en esta ocasión, la familia empezó a sospechar de los cuidados y atenciones que estaba recibiendo en la residencia porque, mientras el abuelo manifestaba que la lesión se la había producido en la ducha, el personal de la residencia –el del turno de noche–, dijo que se la hizo al caerse de la cama.

El malestar del denunciante se convirtió en indignación cuando un día después, sobre las 07.30 horas, recibió una llamada telefónica de la residencia donde le informan que su abuelo, mientras se duchaba, había sufrido un nuevo accidente, motivo por el cual y dado que presentaba dificultad en el habla y la mandíbula desplazada, lo habían trasladado al hospital Doctor Negrín.

El denunciante detalló que, al llegar junto a su madre al hospital, comprobó que su abuelo tenía algunos moretones que no presentaba la tarde anterior, además de nuevos puntos de sutura a la altura de la ceja. Fue informado que tenía un derrame cerebral con pronóstico reservado, quedando ingresado.

Por este motivo, el dicente fue hasta la residencia para poner en conocimiento del centro estos hechos y presentar una reclamación, pero el propietario Luis Rodríguez Suárez –actualmente en busca y captura– le dijo que no tenía las hojas y le puso «excusas». Por ese motivo, el familiar llamó a la policía y cuando llegó, vio como Luis salió huyendo por la puerta trasera del edificio cogiendo un taxi. El residente falleció el 11 de febrero y, según el médico que lo trataba, «posiblemente las caídas sufridas aceleraron el deterioro» de su estado de salud.

Esta denuncia abrió una investigación que ha terminado con la imputación de dos empleados de la residencia de los horrores.

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