La Universidad de Salamanca publica el Epistolario I del autor vasco confinado en 1924 en Fuerteventura

«Querido amigo D. Benito Pérez Galdós. Firmado: Unamuno»

10/11/2017

«Amigo D. Benito (Pérez Galdós): si ha de estar usted aquí me gustaría que charláramos un rato (...). Sabe que puede contar con su otro amigo y compañero que desea verle. Firmado: Miguel de Unamuno». Es una de las cartas del escritor vasco publicadas por la Universidad de Salamanca.

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Las cartas de Miguel de Unamuno, el escritor vasco confinado en Fuerteventura en 1924, al novelista canario Benito Pérez Galdós forman parte de Epistolario I 1880-1899, publicado por la Universidad de Salamanca y editado por Colette y Jean-Claude Rabaté. Este primer volumen de 303 misivas se integra en un proyecto más ambicioso de recopilar en ocho entregas las 3.000 cartas que escribió durante más de 50 años, víctima de casi una adicción que el propio Unamuno denominaba «epistolomanía».

Para entender al escritor, pensador y tres veces rector de la Universidad de Salamanca que, entre febrero y julio de 1924, permaneció confinado en Puerto del Rosario por orden del régimen de Primo de Rivera, hay que leer esta correspondencia temprana de un joven Unamuno que permiten «compartir sus aspiraciones y dudas, sus momentos de alegría o de dolor, de angustia o de sosiego y nos muestran sobre todo cómo se forja la figura de una gran intelectual de España», explican Colette y Jean-Claude Rabaté, matrimonio de profesores franceses especializados en la obra del escritor que han empleado cinco años en el ambicioso proyecto de recopilar sus cartas.

«Con cuanto placer he leído su carta»

Entre estas 303 misivas del Epistolario I que ahora sale a la luz se encuentran las que intercambia con los escritores e intelectuales de finales del siglo XIX, entre ellos el canario Pérez Galdós. Estas pocas cartas, cuyo originales atesora la Casa Museo del escritor en Las Palmas de Gran Canaria, rezuman respeto de un joven Unamuno por el ya consagrado novelista canario.

En una de ellas, fechada el 30 de noviembre de un año tan fatídico para España como fue 1898, le escribe que «no sabe usted bien con cuanto placer he leído las seis líneas de su carta», recordando que cuando les presentaron «charlamos un rato, sentía vivo escozor de que volviéramos a vernos, más despacio y con más calma», añadiendo más adelante que «eran muchas las cosas que tenía que decir a usted, con cuyas obras me he recreado de muchacho (...). Aún recuerdo alguna noche en vela leyendo alguna de sus primeras novelas (...). La serie de episodios que ha emprendido usted ahora me interesa muchísimo».

Ninguno de los dos, sobre todo Miguel de Unamuno, podría imaginar que ya en el siglo XX acabaría siendo confinado, por sus ataques el rey Alfonso XIII y al dictador Primo de Rivera, a una isla canaria donde su epistolomanía se recrudeció y se cubrió de aulagas, desierto y camellos. Pero esas misivas escritas desde Fuerteventura forman parte de otro volumen, el VI, del exhaustivo Epistolario, aunque los Rabaté ya las recopilaron en Cartas del destierro en 2009.