A la sombra de Miguel de Unamuno

28/02/2011

De las sombras de la historia del siglo XX, el profesor Elías Rodríguez saca al abogado, escritor, periodista y diplomático Rodrigo Soriano. Compañero de confinamiento de Miguel de Unamuno en el Puerto Cabras de 1924, la poderosa personalidad del escritor vasco y la lengua mordaz del propio Soriano lo han relegado.

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El que está sentado en la foto antigua a la izquierda de Miguel de Unamuno en el camello se llama Rodrigo Soriano. Corre el año 1924 en Puerto Cabras y la dictadura de Primo de Rivera les ha confinado a ambos en la aridez y la soledad de la Maxorata de principios del siglo XX. Sin embargo, la estancia de los dos se recuerda de distinta manera.


A Unamuno le han tocado las luces de la historia: tiene casa museo en la fonda donde ambos se alojaron durante los inciertos meses de confinamiento, cátedra cultural y reedición tras reedición de su libro De Fuerteventura a París. Las sombras se ciernen sobre Soriano, en parte por la relevancia de la obra y y la personalidad escritor, pensador vasco y rector universitario, en parte por la propia forma de ser del abogado y periodista que no sabía estar callado, ni mucho menos guardar las formas.

A su propio compañero de confinamiento lo define como «un apergaminado e insoportable sabio…insufrible hombre que se creía eje del mundo y a quien Dios todas las mañanas debía pedir permiso para sus diarios quehaceres…variable en sus opiniones…ora era anárquico, ora frailuno, demagogo o burgués», según recoge el profesor Elías Rodríguez. Y no se queda ahí, todavía le echa algún piropo del tipo «gran embustero, traidor y eternamente farsante».

Al Puerto de Cabras de entonces le dedica esta semblanza: «pueblucho moruno, desvencijado y sucio pueblo marroquí, de humildes y sórdidos casuchos que habitan 500 vecinos, en su mayoría militares», en donde «la vida era difícil, la carne mala y de conserva».