Jesé festeja su gol del pasado viernes al Málaga. / ud las palmas

Vaso medio lleno o medio vacío

La UD sigue como antes con una jornada menos. Se reduce el margen, pero pervive el optimismo por entrar en la promoción

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

La vida sigue igual en la UD aunque con una jornada menos. Vaso medio lleno o medio vacío. Hay interpretaciones para las dos direcciones, si bien en el club se contaba con este escenario. Hacer los deberes frente al Málaga y que ninguno de los rivales directos se dejara puntos a cuatro partidos de que acabe el calendario regular. No trastoca, por tanto, ni los planes ni el optimismo que hay en el vestuario para poder acabar entre los seis primeros y disputar la ansiada promoción de ascenso a la máxima categoría. Es más, aunque el margen de error se estrecha, la certeza de que van a darse los resultados necesarios para la carambola que se precisa no se ha recortado un ápice.

«Todavía van a pasar muchas cosas», advertía el pasado jueves García Pimienta a propósito del desenlace liguero que prevé y en el que, efectivamente, han de suceder distintas circunstancias para que la UD se cuele en las plazas privilegiadas. Porque no solo necesita que ceda el Oviedo, con cinco puntos de renta y la visita pendiente al Gran Canaria. También que, en al menos una jornada, no gane la Ponferradina, que es séptima y aventaja a Las Palmas en dos unidades.

Tenerife, tercero, y Girona, cuarto, se miden el próximo fin de semana en Montilivi, por lo que alguno, si es que no son los dos, no hará pleno, lo que abre una opción más para la UD si mantiene su velocidad, aunque tener el goal-average perdido con el equipo catalán, el más próximo ahora y a seis puntos, difumina un tanto esa percepción e invita a centrar el foco en el Oviedo.

El conjunto asturiano, que ha enlazado seis triunfos consecutivos, encara ahora una visita de riesgo, toda vez que comparecerá en Málaga y frente a un anfitrión hundido y que se está jugando la permanencia, ni más ni menos. Es un compromiso en el que se tienen puestas muchas esperanzas porque en el momento en el que el Oviedo deje de ganar, si la UD cumple, ya no habrá dependencia ajena.

La Ponferradina, con desplazamiento a Pucela en dos semanas y al que se superaría en la tabla en caso de empate a puntos, preocupa menos porque, con un Valladolid a la caza del ascenso directo, sorprenderle ahora en su feudo no está al alcance de muchos, fuera de debate el conjunto de Pimienta que fue capaz de hacerlo poco tiempo atrás con un solitario tanto de Sadiku (0-1).

Con todo, lo primordial es alicatar los cuatro partidos que restan («hay que ganarlo todo y luego Dios dirá», vino a reconocer la semana pasada Álvaro Lemos) y aguardar acontecimientos sabiendo que los avatares de la competición pueden ser propicios. El resquemor latente de haber entrado en mayo en esta coyuntura, con el tiempo en contra, se relaciona con la secuencia fatal que se dio entre las jornadas 27ª y 31ª con el balance de dos puntos de quince posibles (derrotas ante Burgos y Girona en casa y en la salida a Zaragoza y empates frente a Lugo y en Huesca).

Luego se ha rectificado a lo grande, ganando cinco de los últimos siete encuentros y salvando con nota las dos salidas seguidas a Eibar e Ibiza. Todo para que se dé este escenario que, salvo viraje radical, aboca a un final de campaña lleno de emociones fuertes. Lo que no ha pasado desde el descenso de 2018. Menos es nada.