Central de carbón. / Archivo

Europa vuelve al carbón, ¿fracaso o pausa en la transición verde?

La guerra en Ucrania ha trastocado los planes energéticos y de descarbonización en la Unión Europea que vuelve a los combustibles fósiles para suplir la falta de gas

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

«La guerra de Ucrania no frenará la descarbonización de la economía». Esta contundente afirmación tiene la firma del comisario europeo de Medioambiente, Océanos y Pesca, Virginijus Sinkevicius. Sin embargo, en estos momentos, la crisis energética hace mella en la hoja de ruta verde comunitaria con los recortes de gas llevados a cabo por Moscú.

El grifo del gasoducto que alimenta Alemania y otros países europeos se cierra paulatinamente. Los precios suben, el gas se reduce y el invierno cada vez, a pesar de quedar varios meses, está más cerca. Un marco que ha provocado un giro de 180 grados en la política energética alemana: «Para reducir el consumo de gas, se debe usar menos para generar electricidad. En su lugar, habrá que utilizar más las centrales eléctricas de carbón», anunciaba hace unos días Robert Habeck, vicecanciller alemán, ministro de Economía y Protección Climática y uno de los principales representantes de Los Verdes.

Una decisión que no va a ser aislada. Italia, Austria y Países Bajos plantean la misma senda que los vecinos germanos. «Es un acto terrible de marcha atrás», apunta Fernando Valladares, científico y profesor del CSIC. «Estos países tenían planes para dejar el carbón y usar gas natural para luego pasar a las energías renovables», aseguraba el pasado mes de marzo Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea y responsable del Pacto Verde.

No obstante, «no es necesario repensar la estrategia europea», apuntan los promotores de Oikos, un think tank ecologista. «Si es temporal, estamos tranquilos», añade Valladares. Un argumento válido para las autoridades comunitarias. «Si se quedan más tiempo con el carbón, pero luego pasan inmediatamente a las renovables, todavía podrían estar dentro de los parámetros que establecimos para nuestra política climática», respondía Timmermans.

«Si se quedan más tiempo con el carbón, pero luego pasan inmediatamente a las renovables, todavía podrían estar dentro de los parámetros que establecimos para nuestra política climática»

Frans Timmermans

vicepresidente de la Comisión Europea

Lo que sí ha quedado en entredicho es el paso intermedio a la irrupción de las renovables, el gas natural ya no es una opción. «La UE consideraba como una fuente energética de transición y está ahora en entredicho y en muchos países no hay una alternativa clara a las importaciones rusas», comentan Luis Quiroga y Antonio Timoner de Oikos. «El hidrógeno verde es una opción, pero queda mucho por hacer», añaden.

Dependencia «temporal» del carbón

Así pues, la vuelta a la quema del carbón supone un frenazo en seco a las aspiraciones comunitarias que reducir al 55% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 frente a una base de 1990, pero que «pone de manifiesto que ya se estaba haciendo las cosas mal antes», advierte Valladares. «La guerra ha puesto de manifiesto que hacíamos uso de tapadillo de energía sucia», apostilla.

Así ya lo corroboraba la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en el pasado mes de diciembre, Estados Unidos y la Unión Europea registraron los mayores aumentos en el uso de carbón, con alzas de cerca de 20% cada uno; seguidos por India, con 12%. «Vamos tarde con los Acuerdos de París y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible», apunta el investigador del CSIC. «La vuelta al carbón es pan para hoy, hambre para mañana», denuncia Mar Asunción, responsable del programa clima y energía de WWF España.

«Si Alemania hubiera mantenido abiertas sus centrales nucleares, no tendría que quemar tanto carbón»

Luis Quiroga y Antonio Timoner

fundadores de Oikos

«Alemania tenía alternativas», valoran desde Oikos. El país centroeuropeo centró su descarbonización en una apuesta por el gas, «se desnuclearizó muy pronto y dejó muchas cosas sin hacer», apostilla Valladares. «Es evidente que de haber mantenido abiertas las centrales nucleares que está apagando, Alemania no tendría que quemar tanto carbón y reduciría sus emisiones», añaden Luis Quiroga y Antonio Timoner de Oikos.

La respuesta de Bruselas a este nuevo desafío energético ha sido REPowerEU «para independizar a Europa de los combustibles fósiles rusos mucho antes de 2030», anuncian. Un plan sobre tres pilares: ahorro, diversificación e impulso de las energías limpias. Más de 200.000 millones de euros para impulsar la ruta verde comunitaria, dejando atrás el gas y el carbón.

«Es delicado encontrar el equilibrio», explica Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Pero Europa lo ha dejado claro «hay que avanzar en la transición energética sin retroceder hacia los combustibles fósiles», aseguran los responsables comunitarios.

Esta semana, el Parlamento Europeo ha vuelto dar un espaldarazo al Fit for 55 de la Comisión al incidir en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la industria comunitaria y la creación de un fondo social por el clima.