Tilly Lockey , durante su intervención en Santander WomenNOW. / Isabel permuy

Tilly Lockey: «Me fijo en los pequeños destellos que hay en la oscuridad»

La presentadora y modelo británica de 15 años utiliza prótesis biónicas en sus brazos y lucha para que sean sufragadas por los sistemas sanitarios públicos del mundo

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Sus brazos son negros y las manos, grandes y adornadas con brillantes. Como si fueran elegantes guantes de celebridad sobre el escenario, la británica Tilly Lockey los enseña delante de la cámara. Tiene 15 años y utiliza estas prótesis de última tecnología para hacer varios movimientos, gracias a unos sensores que reconocen los movimientos de los músculos del codo. Puede coger pelotas y tazas, levantar el pulgar e incluso pellizcar. Y cada lunes interrumpe sus actividades, usuales en una estudiante de colegio que cumple con los típicos horarios, para hacer de modelo. Una pequeña musa biónica que persigue un sueño: que ese tipo de miembros robóticos, desarrollados por una industria privada, sean sufragados por los servicios públicos de salud de todo el mundo. «Ya se ha conseguido en Francia», asegura durante su charla 'Mis brazos, tu futuro', en el segundo día de Santander WomenNOW.

La historia de Lockey, que también es una celebridad en redes sociales donde documenta sus «momentos de orgullo», reúne la tragedia y la superación. A los 15 meses ingresó al hospital con meningitis. La desahuciaron, pero tras varias semanas de tratamiento, se recuperó. «Me dieron cero posibilidades de sobrevivir», relata Lockey, que también presenta un programa en la cadena Sky. «Para mantenerme viva tuvieron que amputarme las dos manos, por la septicemia. He tratado que eso no me defina, y lo he convertido en un viaje para probar prótesis y ayudar a la gente que tiene que llevarlas toda su vida».

Desde los dos años, Lockey ha usado algún tipo de extensión artificial. Las actuales las tiene desde 2016. «Me encantan, porque son como las de los videojuegos o las películas de ciencia ficción. No tratan de imitar los brazos humanos y su diseño va en la dirección correcta». Antes de su primer par de manos robotizadas recuerda que «siempre me trataban de dar un guante para ocultar mi diferencia, algo puramente cosmético para que yo encajara. Con estas prótesis ya no me miran con pena sino con admiración. Aunque es un dispositivo médico, no creí nunca que el estigma se podría convertir en algo chulo». El estigma desaparece también cuando la gente conoce su historia, que ella publica en Instagram. Pero «la gente me miraba mucho en la calle y en el colegio. Aliento a la gente a que me pregunte y no que me evite. Lo peor es cuando una madre aparta a un niño porque le das miedo. Hay que educar a los niños para que comprendan que no todo el mundo tiene el mismo aspecto. Normalizar la situación».

Sin embargo, a pesar de su siempre sonriente rostro, el camino de Lockey hasta llegar al pleno control de sus prótesis, con las que se maquilla sin problemas, por ejemplo, no fue fácil. «Al principio me costó, porque cada una funciona a su manera y me tuve que adaptar». También hay secuelas de la terrible enfermedad que la atacó de bebé. Hace cuatro años tuvo que someterse a una cirugía, con seis meses de hospitalización, para mejorar la movilidad de una de sus piernas. «En los momentos más duros pienso que todo pasará y en la vida sana y feliz que viene después. Aunque no parezca que hay luz al final del túnel, me fijo en los pequeños destellos que hay en la oscuridad y centro toda mi energía en esas chispitas».