Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

En minoría en el laboratorio

11/02/2018

Tres científicas que han pasado muchos años en laboratorios hablan de mujer y ciencia. Dos catedráticas asentadas y una investigadora que a pesar de su currículo engancha un contrato temporal tras otro reflexionan sobre la brecha de género en sus campos de trabajo.

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Nanda Fanjul, Julia Claudia Mirza y Elena Carretón son tres investigadoras de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) cuyos campos científicos siguen teniendo mayoría de hombres. Juntas reflexionan sobre lo que los datos certifican: la infrarrepresentación femenina en las áreas científico técnicas, brecha que se agudiza a medida que se sube en el escalafón de categorías. Ninguna de las tres ha tenido nunca jefas dirigiendo sus investigaciones y les ha costado encontrar referentes científicas. Pero las hay.

Fanjul y Mirza son catedráticas de Fisiología e Ingeniería Mecánica, respectivamente, las únicas de sus departamentos. Son dos de las 30 mujeres que tienen esta categoría en la ULPGC, por 109 hombres. Carretón, más joven, tiene un extenso currículo investigador pero lleva nueve años «con contratos anuales, semestrales o trimestrales» en estos tiempos de crisis de la investigación por los drásticos recortes. «Según vas subiendo la competencia es más feroz para tener una posibilidad de contrato. No me ponen trabas directamente por ser mujer pero a nivel global yo no me puedo permitir una vida personal, al contrario que mis compañeros hombres. Si yo tuviese hijos me arriesgo a parar mi carrera investigadora y me van a adelantar», señala la investigadora postdoctoral del Departamento de Patología animal de la ULPGC. Esa lucha y la desigualdad a la hora de afrontar las responsabilidades familiares hace que «las mujeres se rindan antes», añade.

La desigualdad a la hora de afrontar las responsabilidades familiares hace que «las mujeres se rindan antes»

Nanda Fanjul y Claudia Mirza tuvieron, en su momento, que llevarse a sus hijos al laboratorio. «En mi época éramos muy pocas mujeres, pero creo que por mis circunstancias personales, mi familia era muy igualitaria y se inculcaba que estudiáramos, no me costó más de lo que le hubiera costado a un hombre. Sí experimenté más dificultades en mi vida personal cuando se hacía más difícil salir del laboratorio a las 8 de la noche al tener dos hijas pequeñas», señala la catedrática de Fisiología. Mirza tampoco tiene esa percepción de discriminación. «La vida familiar no me afectó porque de pequeño me llevaba a mi hijo al laboratorio», resume una catedrática que hoy solo tiene dos o tres alumnas en el área de ingeniería mecánica.

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«Nunca tuve la percepción se ser discriminada, creo que asumimos que nos iba a costar más y lo dimos por hecho», añade Fanjul, quien, sin embargo, sí recuerda hechos como estar investigando en un laboratorio de Estados Unidos, la única mujer, y que todos pensaran que era una técnica. «Y era doctora, como ellos».

Trabas invisibles.

«En un instituto de investigación en Berlín, no hace mucho», continúa Mirza, «eran todo hombres y yo la única mujer, las otras dos eran secretarias». Carretón, la más joven, sí es consciente de las trabas invisibles a primera vista que sufren las mujeres que quieren investigar. «Cuando hablas es diferente a si lo dice un hombre; al principio pensé que hablaba bajito, pero no, me di cuenta de que no era mi percepción, es real; cuando llegas a ciertos niveles es muy masculino», explica.

Las dos catedráticas, a pesar de su vivencia, tienen claro que los datos evidencian una brecha de género en la ciencia. «Sí, estoy a favor de medidas de discriminación positiva», señala Fanjul, para quien la ultima razón de esta desigualdad es que «las propias mujeres se reprimen de entrar en un mundo que ven como hostil». Las tres coinciden en animar a las futuras científicas: «A pesar de las dificultades, que tiren hacia adelante con fuerza».

Como referentes de científicas Carretón reconoce que no ha encontrado a ninguna en sus libros, Mirza menciona Marie Curie y Fanjul rememora a Rosalind Franklin, pionera en la comprensión de la estructura del ADN. Supo de ella de estudiante, indagó y se enteró de cómo le secuestraron los resultados de sus descubrimientos. Porque científicas en los libros hay pocas, «y si están no se sabe». Como la famosa ecuación Michaelis-Menten, que explica la mayoría de las reacciones catalizadas por enzimas y que la mayoría atribuye a hombres. Pero no, una parte de esta ecuación es mujer. A ciencia cierta.

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