La arista

CC tira a Torres y los suyos lo desprecian

10/03/2018

Ángel Víctor Torres debe estar sintiendo la frialdad del abrazo de la serpiente. Le prometieron vida eterna a cambio de mantener a Negrín en la Tele y entrar como uno más en el régimen para repartirse el poder. Todo lo hizo a espaldas del PSOE, al que después utilizó para dar apariencia de consenso y legitimar sus acuerdos secretos con el «clavijismo» (Movimiento de políticos, empresarios, técnicos y advenedizos dispuestos a perpetuar el régimen de ATI en Canarias). Todo estaba planeado, incluso antes de las primarias socialistas. Los voceros del régimen lo anunciaron: «Torres y Clavijo se entienden muy bien» y reconducirán todas las decisiones que la oposición ha adoptado para debilitar a Coalición Canaria y acabar con el régimen, incluyendo una reforma electoral que permita la alternancia política.

Torres engaña a sus electores, militantes socialistas. Aparentemente está lejos de CC, pero cada noche habla con Clavijo sobre el paraíso que piensan construir, él, como no, como vicepresidente del Gobierno. Todo el plan se ha ido ejecutando. De los acuerdos a los que llegó el PSOE, liderado por Patricia Hernández, con el PP, Podemos y Nueva Canarias, sólo queda en pie la reforma electoral, a punto de ser dinamitada, por algunos de los brazos o muletas de CC, en este caso, posiblemente, por el PP, que se apunta inmediatamente a la vieja política de sostenimiento del régimen cuando descubre que Torres ya está dentro y le disputa la silla en el próximo consejo de gobierno.

«Con su estúpido pacto con Fernando Clavijo ha dislocado, ha cercenado, la única posibilidad de cambio que se ha abierto en Canarias desde 1992»

De todos los planes de Torres con Clavijo, el más importante para sus intereses políticos es el de la RTVC. De hecho lo han convertido en el centro neurálgico de la política canaria, en el núcleo de la legislatura, en el mayor pulso con la oposición. El plan es muy simple. Mantener a Santiago Negrín al frente de la tele, primero, para garantizar el control de sus informativos. De hecho “Telenoticias” no es más que un poupurri de apariciones por orden de importancia en el régimen, del presidente Fernando Clavijo y del presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, y de ahí en adelante todos los caciques del resto de las islas, además de Torres, al que, hasta ahora, atendían correctamente con apariciones extemporáneas. El resto del informativo, incluidas las apariciones de miembros de la oposición son de relleno. La tele que nació para ser independiente del poder político, está más entregada que nunca al régimen de Clavijo.

El segundo gran objetivo es culminar el proceso de adjudicación de los informativos, convocado de aquella manera, es decir, constituido por Negrín como único valedor y conductor sin control alguno de nadie. Negrín hace y deshace al margen del Consejo Rector de la Tele, del Parlamento, del Tribunal de Reclamaciones Administrativas, de los servicios jurídicos del Gobierno, o los del Parlamento. El hombre elegido por el Parlamento para poner en marcha una ley que diera independencia a la RTVC, se la ha cargado y se deja dirigir por el presidente del Gobierno, que, de forma cínica, siempre dice que él no tiene nada que ver con la tele, «como usted sabe», suele apostillar.

«Si hubiese que hacer balance del paso de Torres por la política regional en estos meses solo cabría decirle que ha hecho el pacto con Coalición Canaria»

El trabajo de Ángel Víctor consistía en cambiar para que nada cambiara, y, en la frustrada renovación del Consejo Rector, además se le pedía que bendijera el concurso de informativos para dar mayor apariencia de legitimidad. Aquí es donde el líder de los socialistas les ha fallado. No ha logrado controlar a su grupo parlamentario y, sobre la marcha, la serpiente ha apretado sus costillas para abandonarlo exhausto. El martes se producía una fuga de votos en su grupo que impedía la renovación del Consejo Rector. El miércoles los titulares lo sacrificaban. Lo señalan como culpable. Ha demostrado ser un incompetente.

La prueba del abandono la puso sobre la mesa Asier Antona, que al día siguiente del fracaso parlamentario de Ángel Víctor Torres intentando renovar, para dos meses, el Consejo Rector, salió con toda la solemnidad que el momento requería para anunciar la reforma de la Ley de la Radio Televisión Pública Canaria, ya consensuado con Coalición Canaria y con los gomeros de Casimiro. Una auténtica andanada a Torres, que ponía cara de poker arrollado por los acontecimientos y echaba balones a rodar anunciando su propia propuesta de reforma.

Antona, en el juego político que permite la situación, daba un paso más en su estrategia de impedir que el PSOE ostentara poder alguno reeditando un pacto tácito con CC, además de hacerse con el control de la situación política en torno a la televisión.

Si hubiese que hacer balance del paso de Torres por la política regional en estos meses solo cabría decirle que ha hecho el pacto con Coalición Canaria, que los trileros lo han engañado, y que la derrota va mucho más allá de un hecho político puntual. Con su estúpido pacto con Clavijo ha dislocado, ha cercenado, la única posibilidad de cambio que se ha abierto en Canarias desde 1992, cuando ATI echó vilmente a Jerónimo Saavedra de la presidencia del Gobierno inaugurando la etapa del régimen.

Torres tiene hoy la batalla perdida. Sus aliados han terminado tirándole a la cara que no ha sabido culminar parte del encargo que tenía con su partido y lo han expulsado del paraíso, del régimen. Por si fuera poco tiene dividido al partido en facciones dispares y enfrentadas, pero que comienzan a tener un objetivo común, impedirle que sea candidato en las primarias y, si se tercia, echarlo. Son muchos los que le recuerdan que no jugó limpio con Chano Franquis y con Augusto Hidalgo en las primarias de Las Palmas de Gran Canaria, logrando unir en su contra el agua y el aceite y espantar a los que lo apoyaron para que fuese secretario general. Nadie olvida que sus aliados en Tenerife siguen siendo los que las primarias, la democracia interna de la que tanto presume, excluyeron del poder local y que a alguno de ellos, como Yeray Gutiérrez, secretario local de La Laguna, los atormenta un pasado penal escondido al propio partido, o el machismo consentido a Zebenzuí González, concejal que sigue en su puesto en la obediencia socialista apoyando sin fisuras a Coalición Canaria.

Atrás deja también un grupo parlamentario fraccionado, porque la papeleta que faltó para los 36 requeridos para renovar el Consejo Rector la colocó alguien en la urna con mucha habilidad, pero detrás de quien lo hizo hay más diputados de los que Torres piensa. Ahora es tarde para reconducir nada. Sus aliados en ATI no lo quieren, en su partido han entendido el inmenso error que cometió y lo desprecia, y la oposición no va con él ni a la esquina.