La arista

La realidad paralela de Torres

18/11/2017

Las tendencias de en la comunicación avanzan demasiado rápido como para que la reflexión nos ayude a discriminar las mentiras. Después de la posverdad, un concepto que advierte de las fórmulas para mentir sobre la verdad objetiva, ahora se desentraña otro juego no menos perverso, la realidad falsa o construida. No es ninguna novedad, se ha utilizado siempre, especialmente en los regímenes dictatoriales, pero está alcanzando su apogeo en las democracias, en las que los partidos políticos no tienen ningún reparo en mentir y en construir una falsa realidad con la que aparentar una situación. A Ángel Víctor Torres le está costando mucho entrar en ese juego, sobre todo porque tiene oposición, interna y externa, que desmontan la historia que ha ordenado construir para poder colocar al PSOE al servicio de Fernando Clavijo.

Las redes sociales que controla Ángel Víctor Torres arden en estos días tratando de construir esa realidad aparente, una verdad que existe solo en los papeles de los asesores y que se refuerza a base de repetirlos, de amenazas veladas a los que se atreven en el partido a discrepar del poder, que una vez constituido aplasta cualquier forma de disensión, sobre todo en un partido como el socialista, que hace tiempo que renunció a tener una militancia formada y crítica con la sociedad para sustituirla por una cuadrilla de jóvenes que sólo aspiran a sostener el poder y a tener un puesto de trabajo, a vivir de la política, salvo honrosas excepciones.

En ese afán por borrar toda la historia reciente del PSOE en Canarias, se ha empleado a fondo Dolores Corujo, portavoz del partido en el Parlamento, y el mismo Ángel Víctor Torres, que en distintas entrevistas insiste, una y otra vez, en que no han cambiado de posición, que lo que han hecho es mejorar la el discurso del partido, que no se han acercado a Coalición Canaria, que no han votado con ellos, que no van a apoyar los presupuestos, que no han salvado a Santiago Negrín. La realidad, la verdad, los hechos, dicen lo contrario.

Dicen en el PSOE que celebran el desbloqueo de la RTVC, cuando lo que realmente hacen es garantizar la continuidad de Santiago Negrín para complacer a CC, que en ese asunto tiene intereses muy determinados a los que se ha enganchado el propio Torres para garantizar su futuro. El descaro es de tal magnitud que Torres ya tiene asignado en la RTVC el mismo espacio que Clavijo, Bermúdez o que Carlos Alonso, protagonistas diarios de los informativos.

La verdad, la que no quieren admitir, es que el nuevo PSOE ha apartado a todo el que sostenía, con informes rigurosos, que a Negrín había que cesarlo, como Manuel Fajardo, ponente de la Ley de la RTVC. A la propia consejera nombrada por ellos, María Lorenzo, a la que no se han atrevido a pedirle el cese para no desvirtuar la realidad paralela que están construyendo. Lo mismo ha ocurrido con Iñaki Lavandera, con Julio Pérez, el prestigioso abogado tinerfeño.

Todos sus criterios jurídicos han sido suplidos por un informe de los Servicios Jurídicos hecho por expreso encargo del presidente del Gobierno, sesgado y amañado, contradiciendo el criterio de los propios Servicios Jurídicos. Esos mismos servicios, cuya imparcialidad hay que poner en cuarentena, han dicho que la Comunidad Autónoma no tiene competencias para defender a Negrín ni su concurso para los informativos. Lo han dicho, por escrito, en distintas comunicaciones, una al Parlamento de Canarias, otra al Tribunal Superior de Justicia y otra a la empresa concesionaria, Videoreport Canarias, a través del Tribunal de Contratos. Una perversión amparada en cierta impunidad del presidente para utilizar a su antojo y dirigir el contenido de un informe como regalo a Ángel Víctor Torres, y que este pudiese terminar de construir la realidad paralela ante su embobado partido.

La abstención del jueves no es más que otro hecho, adornado con esa realidad paralela que construye la gente de Ángel Víctor Torres para esconder sus intereses, que no son los del PSC-PSOE, son personales, convertirse en candidato y vicepresidente en esa extraña relación que ha iniciado con Clavijo en la que hace de subordinado del presidente del Gobierno, no de líder, como mandaron los votantes en las elecciones de mayo de 2015 convirtiendo al PSOE en la fuerza ganadora en Canarias. Ángel Víctor Torres se subordina a la política presupuestaria de CC, le otorga su confianza a cambio de algunas partidas para reyezuelos socialistas en las islas menores, los que sustentan su posición.

Abstenerse supone revalidar a un presidente de un Ente que ha destrozado la ley que el PSOE elaboró y es otorgarle un voto de confianza a alguien que la propia Dolores Corujo dice que no lo merece, e insisten en que será cesado «cuando llegue el momento». Negrín hace mucho tiempo que viene actuando por su cuenta. Ha prescindido del control del Parlamento, al que insultó gravemente. Ha anulado al Consejo Rector, al que no convoca y además desprecia con informes jurídicos privados de escaso valor para evitar que los consejeros intervengan en el contrato millonario que, de forma unipersonal, maneja. Negrín es, en este momento y gracias a Ángel Víctor Torres, el único cargo público en Canarias que no da cuentas ante nadie, salvo a quien no tiene que rendirlas, el Gobierno, que es quien lo sostiene con maniobras torticeras, como la puesta en marcha por Clavijo para conseguir un informe favorable para Torres. Lo que haga Negrín de aquí en adelante es responsabilidad política de Ángel Víctor Torres, incluidas las condenas judiciales que se deriven de su gestión.

En ese afán por construir la realidad paralela que justifique las maniobras, personales con Clavijo, Torres ha lanzado la cortina de humo de la «nacionalización» de los Servicios Informativos. Una iniciativa absolutamente incompatible con dejar que el concurso de informativos, preñado de irregularidades, continúe adelante. Ése contrato supone amarrar la televisión a una situación distinta durante los próximos años, e impedir, de facto, que los servicios informativos sean de gestión pública Esta verdad no parece importarle a Torres, quizás porque ha echado su suerte al régimen de Coalición Canaria y a los intereses privados que maneja la presidencia del Gobierno en este asunto.

En ese relato ficticio que construye Torres usando la franquicia del PSOE, dicen que están poniendo en orden la RTVC. El jueves se aliaron a Coalición Canaria y a Casimiro Curbelo, no para cambiar el modelo, sino para repartirse los sillones del Consejo Rector. Una extraña manera de poner orden con el asalto a los puestos sin tener en cuenta al resto de la oposición, partidos como Podemos o Nueva Canaria, a los que dejan fuera del reparto.

La verdad no es otra que en el negociete que se han montado el PSOE quiere controlar la Tele junto con Clavijo para pagar compromisos y para salir en ella. Quieren echar a negrín pero darle tiempo para que haga sus encargos y lo quieren hacer renovando un Consejo Rector que expira en abril, y que debe ser renovado de nuevo a partir de ese momento. A ver que profesionales de reconocido prestigio, como especifica la Ley de la RTVC, se prestan a estar esos meses ratificando los desaguisados de Negrín, en un órgano viciado y menospreciado y sabiendo que en Mayo el Parlamento los puede dejar en la calle.

Extraña, muy extraña manera de querer salvar la RTVC, cuando la verdad es que se la han repartido con Coalición Canaria en ese pacto en el que, a la larga, saldrá perdiendo el PSOE, como ya ocurrió en diciembre del pasado año cuando por imposición del presidente de las políticas insularistas que practica se levantó Patricia Hernández y sus compañeros de la mesa del Consejo y fueron cesados de forma inmediata.