Borrar
Agraciados con el Gordo en Barcelona. EP
Compras de última hora, un buen perdedor y otras anécdotas

Compras de última hora, un buen perdedor y otras anécdotas

En una larga jornada una presentadora de TVE se entera en directo que había ganado un «pellizquito»

Viernes, 22 de diciembre 2023, 14:52

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Al final de la tarde del 21 de diciembre llegó un comprador a la Administración número 205 en Madrid, y pidió algún número con ochos. Rocío, la vendedora del barrio del Pilar, le ofreció el 88008, un número raro que, como pocos, algunos clientes devolvían. Aquel fue el último en comprar el billete ganador de un Gordo que demoró en salir. En total, Rocío vendió 50 series y reparte unos 200 millones de euros.

Haciendo gala de su fama, que le vale larguísimas colas meses antes del sorteo, Doña Manolita, en la madrileña Puerta del Sol, también repartió el primer premio, junto a varios quintos.

Un pellizco en directo

En la transmisión en directo de TVE, Ana Belén Roy, la presentadora de la televisión pública que amenizaba el sorteo, ganó uno de los premios. Fue su compañero Lluís Guilera el que le dio la noticia. «Te has sacado algo, algo, no mucho, no te levantes y te vayas, porque no te da para mucho, pero algo te ha caído». Ella le respondió con humor: «¿Un pellizquito me ha tocado? ¿Me puedo retirar? ¡Te quedas solo!».

–Si es la cifra que me están diciendo, no te da –siguió él.

–¿Y para un café?

–Para invitarme a cenar en un restaurante bien, sí.

–No está mal, entonces -remata Roy.

Un poquito de alegría

La mañana del sorteo, Pepa trabajaba con la oreja pegada a la radio, en la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia). Ella dio la noticia a sus compañeros a las 11:15 h. El número que habían comprado en esa tradición de compartir un número entre compañeros salía premiado con el cuarto premio. Se abrazó con el que estaba más cerca.

La noticia corrió por la factoría. Era un día especial, además, porque dos de los ganadores se jubilaban y era su última jornada. Son 20.000 euros para cada uno. «Nos merecemos un poquito de alegría porque no lo estamos pasando muy bien», dijo uno de los que festejaba en la fábrica.

Entre partidos

Mientras en Ópera caían los premios, en el Congreso Sánchez le regalaba un libro de Muñoz Molina a Feijóo. Ninguno se obsequió con un décimo, como es costumbre por estas fechas entre la gente que se quiere. Pero tanto los socialistas como los populares fueron agraciados con la lotería.

El tercer premio se vendió en una delegación del PP de Biar (Alicante), donde algunos afiliados del PSOE compraron el 31938. Para tentar la suerte cualquier sitio es bueno. Y no sólo eso: uno de los cuartos premios se vendió en la sede del PSOE en Alginet (Valencia). Allí, sin embargo, no hubo nadie –que lo reconozca– del PP que comprara el billete.

Ni un capricho

En la madrugada, a las puertas del Teatro Real, estaba Perla y sus dos hijos, los protagonistas del momento más emotivo del año pasado, cuando ganó el Gordo en el patio de butacas. Era la primera vez que alguien se sacaba el máximo premio en el lugar donde se cantan los números. Un año después volvía con la misma ilusión, esperanzada en repetir la suerte, y ganar algo más.

Dice que con el dinero, unos 360.000 euros netos, se compró una casa «modestita» y lo demás lo ha guardado para los estudios de los niños. La hija quiere ser abogada y el hijo, ingeniero. Están más crecidos. Ya no viven de alquiler. «No me he dado ni un capricho», dice en la fila para ingresar al Real. Ni viajes, ni coche nuevo que cambie el que tiene ahora sin distintivo ambiental.

Quizás hoy, vaticina antes de entrar al teatro, gane algo más y se dé algún lujo. Lleva los mismos amuletos, las fotos de sus padres. También reza mucho. «El Gordo me ha cambiado la vida». Sin embargo, la suerte no llamó a su puerta dos veces seguidas.

Buen perdedor

Un comprador del número 28009 decidió celebrar como si se hubiera sacado el Gordo. Se fue a una administración de la lotería a beber cava con sus amigos, y ahí dice que, en realidad, quería el 28008.

Uno de sus compañeros confesó que él le había convencido de no comprarlo, que eligiera el otro, el que tenía. «Fue mi culpa», reconoce como un triunfo. Parecían muy felices, aunque fueran de los millones de perdedores de la jornada. «¿Te imaginas que te hubiera tocado, ¡madre mía!», exclama la amiga. El casi ganador se ríe.

Joven y buen perdedor, la mañana del sorteo se iba a jugar con los 'karts' en una pista de carreras. Pero la coincidencia de casi ganar el Gordo hizo que cancelaran ese plan. Lo que sigue en pie es un viaje a Mallorca, para «celebrar», aunque el dinero no sea tanto como si hubiera elegido el otro cupón.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios