Captura del vídeo donde se aprecian varios camiones militares rusos aparcados junto a las instalaciones del reactor. / E. C.

Putin acepta una visita «lo antes posible» de expertos internacionales a la central de Zaporiyia

El líder ruso alerta del riesgo de una catástrofe por la ofensiva ucraniana mientras su gabinete justifica que haya tropas en la planta para evitar un «escenario Chernóbil»

MIGUEL PÉREZ

Vladímir Putin está dispuesto a aceptar una misión del OIEA a la central nuclear de Zaporiyia «lo antes posible». Así se lo transmitió ayer el presidente ruso a su homólogo francés, Emmanuel Macron, durante una conversación telefónica en la que el jefe del Kremlin expresó su aparente preocupación por el «riesgo de catástrofe» existente en la planta debido a los bombardeos ucranianos, según denunció.

La expedición de los expertos del Organismo Internacional de la Energía Atómica aún no tiene fecha, pero el representante ruso en Viena, donde la agencia tiene su sede, consideró que en un plazo de dos semanas ya podrían viajar y calibrar los daños secundarios sufridos por las instalaciones tras varios días de confrontación bélica. «Las previsiones no siempre se cumplen, pero podemos hablar de los primeros días de septiembre, a no ser que vuelvan a surgir factores ajenos a los objetivos», declaró el delegado, Mijail Ulianov, a la agencia Tass.

Ulianov se refería a anteriores intentos del OIEA de inspeccionar el lugar, finalmente frustrados. En marzo, después de que Rusia tomara el control, ya quiso revisar 'in situ' el cumplimiento de los protocolos de seguridad. En junio fue Energoatom, la compañía estatal ucraniana, la que rechazó una visita porque «se estaría legitimando la permanencia de los ocupantes». Sin embargo, entonces Zaporiyia no era la suerte de bomba nuclear en la que ha sido convertida por los dos bandos.

Técnicos del OIEA califican de «muy alarmante» lo que sucede en las instalaciones. Y para nada disminuye esa sensación la incertidumbre de las últimas 24 horas: si esta crónica no se ha quedado desfasada obedece a que durante la madrugada pasada no se ha cumplido el anuncio de los militares ucranianos de que los rusos planeaban un «gran atentado» en la propia central con el único fin de responsabilizarles, ni tampoco el pronóstico del Kremlin sobre una contraofensiva nocturna «a gran escala» de Kiev para reconquistar las instalaciones. Gran parte de la alarma se produjo porque Moscú dio el día libre a sus técnicos nucleares. A Occidente, los mensajes de ambos ejércitos, que sonaron sobremanera a justificación previa para exonerarse en caso de acciones armadas de consecuencias impredecibles, le han mantenido en vilo.

El Elíseo informó que el presidente galo había comunicado a su homólogo «la preocupación por los riesgos que plantea la situación en la central nuclear» y precisó que los expertos deben realizar su examen «en condiciones acordadas por Ucrania y Naciones Unidas». Por su parte, el Kremlin destacó que los dos mandatarios coincidieron en pedir una inspección «lo antes posible». Según Putin, «el bombardeo sistemático por los militares ucranianos crea el riesgo de una catástrofe de gran magnitud».

Camiones junto a la turbina

El de este viernes ha sido un día convulso. Al aumento de la tensión atómica se unió la difusión de un vídeo donde pueden verse varios vehículos militares rusos junto a la turbina de uno de los seis reactores. Las imágenes no están fechadas, pero bastaron para que el Gobierno kievita y varias instituciones internacionales denunciaran la presencia de equipos militares en una instalación de gran complejidad. La comisaria europea de Energía, Kadri Simson, criticó el «irresponsable» comportamiento de los efectivos rusos y agregó, en nombre de la Comisión Europea, que este contingente «debe salir y permitir a las autoridades ucranianas trabajar con seguridad».

La respuesta del Kremlin fue inmediata: la presencia del Ejército revelada en el vídeo significa una garantía contra un «escenario Chernóbil» -en referencia a la catástrofe nuclear de 1986- y la desmilitarización de la zona sólo «llevaría al futuro aumento de las amenazas», aseguró el secretario de Estado de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que este viernes visitó Odesa, emplazó a Moscú a no desconectar la planta nuclear de la red eléctrica de Ucrania y exigió a los dos gobiernos en guerra que pongan fin a las hostilidades en Zaporiyia porque se encaminan «a un suicidio».

Moscú ataca de nuevo Járkov, un día después de haber provocado más de 20 muertos

Rusia llevó a cabo este viernes nuevos bombardeos en la región de Járkov, al noreste de Ucrania. Según informó el diario local 'The Kyiv Independent', que citaba al alcalde de la ciudad, Igor Terejov, las fuerzas rusas bombardearon al menos tres distritos de la ciudad poco antes de las seis de la mañana locales (una hora menos en España). Al menos una persona falleció y otra resultó herida en los ataques contra diversas áreas residenciales.

Además, se elevaron a 21 los muertos en el ataque de las tropas del Kremlin en esta misma región durante la noche del miércoles al jueves. Así lo confirmó la Fiscalía de Járkov. Su portavoz, Dimitro Chubenko, desveló el hallazgo de una quincena de cuerpos más entre los escombros de un edificio residencial en el distrito de Saltivski. Según Londres, Rusia mantiene los bombardeos en esta región, donde no hay avances significativos, para evitar que los soldados ucranianos sean desplegados en otras zonas.

Por otro lado, dos pueblos rusos fueron evacuados a causa de un incendio declarado en un depósito de municiones próximo a la localidad de Timonovo, cerca de la frontera con Ucrania. Asimismo, las fuerzas rusas abatieron un dron cerca del aeropuerto de Sebastopol, la principal ciudad de Crimea y base de la flota de Moscú en el mar Negro. Es el cuarto ataque de Kiev en la península en apenas un mes.

De hecho, el bombardeo del pasado día 9 a la base aérea rusa de Saky puede haber puesto «fuera de servicio» a más de la mitad de la flota de cazas de combate de la Armada rusa en el mar Negro, según estimó este viernes Reuters citando a un funcionario de alto nivel de un país occidental.