La central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania. / EFE

El riesgo de una catástrofe en la central de Zaporiyia es diez veces peor que Chernóbil

Una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica viajará a la planta nuclear antes de septiembre para acometer una inspección en profundidad y verificar su estado

RAFAEL M. MAÑUECO Moscú

La reunión mantenida el jueves en Nueva York a petición de Moscú por los 15 miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha arrojado al mundo la idea de que la situación en la central nuclear ucraniana de Zaporiyia, la mayor de Europa con seis reactores en servicio y en poder del Ejército ruso desde comienzos de marzo, es «crítica».

Se hace urgente, por tanto, la adopción de medidas para evitar que los enfrentamientos armados terminen desencadenando una fuga atómica de grandes proporciones. Sin embargo, Rusia rechazó la mayor parte de las propuestas que se pusieron sobre la mesa aunque apoyó la idea de que una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) viaje a la planta nuclear ucraniana antes de septiembre para acometer una inspección en profundidad y verificar su estado.

El problema principal lo constituyen los misteriosos ataques que vienen sufriendo las instalaciones de la central de Zaporiyia. Kiev sostiene que están siendo llevados a cabo por las tropas rusas con el objetivo de provocar un accidente nuclear y culpar de ello a las fuerzas ucranianas a fin de justificar un recrudecimiento de la intervención militar mientras que Moscú tacha de «absurda» tal acusación, ya que son sus soldados los que ocupan la central y se supone que no van a disparar contra ellos mismos.

Catástrofe más letal que Chernóbil

Un escape nuclear de envergadura podría afectar, según los expertos, a prácticamente toda Ucrania en su conjunto, a la anexionada Crimea, a algunas zonas del sur de Rusia e incluso a países como Moldavia, Rumanía, Bulgaria y Bielorrusia. El ministro de Exteriores ucraniano, Dmitro Kuleba, cree que una hipotética catástrofe en Zaporiyia sería «diez veces» más letal que la ocurrida en Chernóbil en 1986. Por su parte, el representante chino ante la ONU, Zhang Jun, advirtió durante su intervención en el Consejo de Seguridad que «la central nuclear de Zaporiyia es una de las más grandes de Europa. Si se produce un accidente nuclear a gran escala, puede ser más grave que el acaecido en Fukushima» en 2011.

El director de la OIEA, Rafael Grossi, dijo al tomar la palabra que «estas acciones militares cerca de una instalación nuclear tan grande podrían tener consecuencias muy graves». Aseguró que ahora mismo «no existe una amenaza inmediata» para la seguridad del funcionamiento de la planta, pero alertó que «esto podría cambiar en cualquier momento». Según sus palabras, «prevenir una catástrofe nuclear debe ser un objetivo colectivo y global. He pedido a ambas partes que cooperen con el OIEA. Estamos en un momento complicado, en una hora grave y se debe permitir que el organismo lleve a cabo su misión en Zaporiyia lo antes posible». Aseguró que él mismo encabezará la delegación.

Luego intervino el representante ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, para denunciar que «los ataques criminales de Kiev contra instalaciones de infraestructura nuclear están poniendo al mundo al borde de una catástrofe nuclear comparable en escala a la de Chernóbil». Según señaló, los bombardeos ucranianos dañaron varios dispositivos importantes para el suministro de energía, se destruyeron tuberías, se incendió hidrógeno en el centro de distribución y quedó cortada una línea eléctrica de alto voltaje. En el curso de otro ataque, resultó alcanzado un almacén de residuos atómicos, un panel de monitoreo automatizado para la medición de radiación y un empleado resultó herido. Nebenzia, no obstante, reconoció que «el nivel de radiación en la central de Zaporiyia es normal por el momento», pero advirtió que, de continuar los ataques, «es cuestión de tiempo que se produzca un accidente grave».

Controlada por Rusia

El diplomático ruso calificó de «cínicas», «absurdas» y «contrarias al sentido común» las acusaciones de Kiev de que es Rusia la que ataca la central. «La planta nuclear de Zaporiyia está controlada por las Fuerzas Armadas rusas. La lógica elemental sugiere que nuestros militares no tienen motivos para bombardear ni la central, ni la ciudad, ni a ellos mismos», añadió, y terminó rechazando la propuesta de desmilitarizar la zona circundante a la planta atómica ante la amenaza de «provocaciones o atentados terroristas contra una instalación que debemos defender nosotros».

El jueves, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió la retirada del personal ruso y las tropas enviada por Moscú a la central nuclear y la creación de un «perímetro seguro desmilitarizado». Estados Unidos apoyó inmediatamente la idea así como también el representante ucraniano, Serguéi Kislitsa, quien llamó además a que Rusia desmonte las minas «colocadas en distintos puntos la central nuclear». Kislitsa condenó también que las fuerzas rusas bombardeen desde la planta atómica las ciudades de Nikopol y Márganets, situadas en la orilla opuesta del río Dniéper. El representante ucraniano aseguró que su país «está listo para brindar a la misión de la OIEA toda la asistencia necesaria y garantizar el paso por el territorio controlado por Ucrania (...) si Rusia deja de bombardear Nikopol y Márganets». En esta última localidad el miércoles perecieron trece civiles a causa de los disparos de cohetes 'Grad' lanzados, según las autoridades ucranianas, por el Ejército ruso precisamente desde la central de Zaporiyia.

La embajadora norteamericana ante la ONU, Bonnie Jenkins, afirmó que «Rusia es la única que ha provocado estos riesgos al lanzar una invasión a gran escala. Y solo ella puede eliminar la amenaza retirando sus tropas de Ucrania». Según su punto de vista, «la difícil situación en torno a la planta de energía nuclear es otro trágico resultado de la agresión de Rusia contra un Estado independiente (...) algo de lo que Ucrania no tiene la culpa».

Crear una zona desmilitarizada

Jenkins señaló que Washington apoya la propuesta de Kiev de crear una zona desmilitarizada alrededor de la central y «devolver el control total de la planta a los ucranianos. Esto permitirá a la parte ucraniana mantener la seguridad y el funcionamiento del complejo con todas las precauciones, como ha estado ocurriendo durante décadas», posibilidad que Moscú ha rechazado en redondo.

Los representantes del Reino Unido y Francia, así como los delegados de otros países occidentales que ahora son miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, se expresaron en la misma línea que EE UU. Sin entrar en los detalles de la autoría de los bombardeos, insistieron repetidamente en que no habría problemas en la central nuclear ucraniana si no fuera por la operación militar iniciada por el presidente Vladímir Putin.

El ministro ucraniano de Interior, Denís Monastirski, ha manifestado que la central de Zaporiyia «no está solamente en manos de enemigo, sino también de especialistas no cualificados que pueden llegar a provocar una tragedia con su impericia». Según sus palabras, «a los especialistas ucranianos que permanecen allí no se les permite acceder a las áreas donde deberían estar mientras el equipamiento bélico de los rusos se encuentra dentro del perímetro de la infraestructura. Todo esto ha sido evaluado con el nivel de amenaza máximo».

El pasado 4 de marzo, la central nuclear de Zaporiyia fue alcanzada por misiles y disparos de tanques de las tropas rusas dispuestas a acabar con un foco resistencia en su interior de militares ucranianos. Se produjo un incendio y uno de los reactores tuvo que ser desconectado. El suceso disparó todas las alarmas mundiales ante el temor a una fuga radiactiva y motivó una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero no llegó a pasar nada grave. A partir de aquel momento, la planta cayó completamente en poder de las tropas rusas, que llegaron al lugar el 28 de febrero, cuatro días después del inicio de la invasión por parte de Rusia.