Leo Messi, durante el partido ante el Granada. / Alejandro García (Efe)

Análisis

El Barça viaja hacia su triste pasado reciente

La derrota ante el Granada (1-2) no solo le impidió ser líder, sino que resucitó los fantasmas de la temporada anterior aunque Mingueza, renovado hasta 2023, afirmó que creen que serán campeones si ganan los cinco partidos

P. RÍOS BARCELONA

En la jornada 37 de la Liga 2019-20, el Barça de Quique Setién se despidió matemáticamente del título perdiendo 1-2 ante Osasuna en el Camp Nou con un 80 por ciento de aburrida posesión, cuatro ocasiones claras desperdiciadas, un gol de Messi y dos errores defensivos que costaron dos goles. El jueves, aunque el adiós azulgrana a la Liga no fue definitivo todavía al faltar cinco jornadas, todo se pareció demasiado como para no tenerlo en cuenta: 1-2 contra el Granada en el Camp Nou con un 82 por ciento de anodina posesión, cuatro oportunidades falladas, el gol de Messi y los dos regalos de la retaguardia que subieron al marcador. Cabe plantearse entonces si realmente ha cambiado tanto el equipo azulgrana con Ronald Koeman al mando o si simplemente la pesadilla se mantiene.

El título de Copa pudo ser un espejismo tras milagrosas remontadas en las rondas previas como lo fueron entonces aquel 3-1 ante el Nápoles en octavos de final de la Liga de Campeones o un brillante 1-4 liguero frente al Villarreal. Esta vez, por lo menos, no hay un Bayern en el horizonte que lo ponga todo en su sitio real con un 2-8, aunque sí se vivirá un pulso ante el Atlético en el que puede pasar de todo, de lo bueno y de lo malo.

Lo que es incuestionable es la fragilidad anímica de un Barça incapaz de ofrecer una versión de equipo grande en los momentos de máxima exigencia. Ganar al Granada en casa permitía liderar la Liga con 15 puntos en juego, empatar suponía un mal menor porque por lo menos el equipo azulgrana hubiese seguido dependiendo de sí mismo y perder fue «un palo durísimo», como reconoció Koeman, quien sufrió el clásico 'ataque de entrenador', es decir, rotaciones desacertadas en el once inicial, inmovilismo al dejarse engañar por el 1-0 de Messi sin saber reaccionar ante la percepción creciente de que aquello no funcionaba y carácter desperdiciado al discutir con el cuarto árbitro en lugar de apretar a sus acomodados jugadores hasta el punto de ganarse la tarjeta roja directa con 1-1 por calificar al auxiliar como «vaya personaje», según recogió el árbitro en el acta. No pudo elegir un instante peor para 'provocar' esa expulsión porque descentró un poco más a sus jugadores, incapaces ya de crear peligro para lograr el 2-1 y encajando el 1-2 en la única llegada visitante.

Por lo que había en juego, el tropiezo es de la envergadura del 1-4 frente al PSG en la ida de octavos de la Liga de Campeones, de las dos derrotas ligueras ante el Madrid (1-3 y 2-1) o del KO de la primera vuelta en el Wanda contra el Atlético (1-0), por no hablar del 0-3 ante la Juventus en el partido que decidía el cruce de octavos en Europa y que acabó marcando esa parte de la temporada. El Barça vive de buenas sensaciones y mejores intenciones, pero no de realidades fiables. Y así no se puede ganar un campeonato de la regularidad como la Liga. Óscar Mingueza, que renovó este viernes hasta 2023 con una cláusula de 100 millones, señaló: «Creemos que si ganamos los cinco partidos seremos campeones porque los de arriba perderán puntos». Pues nada, a ganar al Valencia el domingo a las 21 horas en Mestalla. Casi nada tras la decepción del jueves.

Muchos señalados

Señalados vuelven a haber muchos, desde los clásicos Umtiti, otra vez expuesto de forma temeraria por Koeman ante un equipo demasiado intenso para su maltrecha rodilla, y Sergi Roberto, sustituto fallido tras su lesión de un Dest que se había ganado a la afición por su determinación ofensiva, hasta otros menos habituales pero que ya merecían pasar por este trance, como Ter Stegen, quien simplemente no paró ni una, o Piqué, con demasiados galones para entrar en un once sin estar al cien por cien. Y Messi, por supuesto, protagonista de una buena primera parte con gol y de una segunda misteriosa porque no se le vio.

Llamó la atención tras el descanso ese regreso de Messi a la vida contemplativa el mismo día que TV3 y TVE coincidieron en informar de su acercamiento a la renovación con una especie de contrato de por vida a cambio de rebajarse su sueldo a la mitad de forma inmediata. Su gesto inicial por un par de temporadas más como futbolista azulgrana se vería recompensado a la larga, tanto como embajador del club cobrando y jugando en la MLS de EE UU como de futuro integrante de la estructura deportiva del club. Algún compañero que ya se ha recortado el salario sin nada a cambio debió alucinar.