Leo Messi, abatido tras la eliminación del PSG a manos del Real Madrid. / Kiko Huesca (Efe)

Análisis

El enésimo fracaso de un PSG abierto en canal

Pochettino y Leonardo aparecen como principales señalados por la eliminación en octavos de la Champions de un equipo con el vestuario sumido en guerras intestinas

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Un año más, el PSG ha vuelto a fracasar en su intento de comer en la misma mesa que los grandes de Europa. El dinero catarí fluye sin control desde hace más de una década por la ciudad de la luz, pero el sueño de la 'orejona', única razón de ser del proyecto, sigue siendo esquivo. En 2017 llegaron Neymar y Mbappé, dos de los astros más rutilantes del firmamento futbolístico. El pasado verano aterrizó Messi para completar un tridente de ensueño. Ni por esas. Agua otra vez. La eliminación a manos del Real Madrid en octavos de final de la Liga de Campeones es un fiasco monumental que deja sobre todo dos señalados: Mauricio Pochettino y Leonardo

El técnico salió sentenciado del Santiago Bernabéu. Muy criticado desde el comienzo de temporada y siempre con la sombra de Zinedine Zidane sobrevolando por el Parque de los Príncipes, el preparador argentino no ha sido capaz de dar con la fórmula necesaria para convertir un ramillete de estrellas sin parangón en un bloque sólido. La prensa francesa arremetía con dureza contra el técnico una vez consumada la debacle en la Champions, reprochándole su planteamiento y la toma de decisiones conforme avanzaba el partido ante el Real Madrid.

Derrotado en la Supercopa de Francia y apeado de la Copa nacional en octavos, la Champions era la única tabla de salvación para el entrenador de Murphy, puesto que la Ligue 1 no puede servir como consuelo para uno de los clubes que más dinero ha invertido en fichajes a lo largo de las últimas temporadas. Tiene contrato hasta junio de 2023, pero no seguirá.

También ha perdido crédito Leonardo. Pese a que existe la sensación de que el director deportivo del PSG es un mero ejecutor de los caprichos del emir de Catar y su valido Al-Khelaïfi, la política de fichajes del brasileño está bajo sospecha. Los movimientos del pasado verano se han revelado catastróficos. Sergio Ramos solo ha podido disputar cinco partidos a causa de su maltrecho físico, la aportación de Georginio Wijnaldum ha sido deficiente, la cohabitación de Gianluigi Donnarumma con Keylor Navas ha provocado otro incendio y Leo Messi no encuentra su espacio de confort en París.

Lamentable imagen institucional

Todo ello, sumado a la previsible marcha de Mbappé rumbo al Real Madrid en verano, transmite una sensación de fin de ciclo en un vestuario fracturado por el ego de sus estrellas. La derrota frente al Real Madrid dejó el enfrentamiento entre Neymar y Donnarrumma, con el paulista afeando al portero su error en el primer gol de Benzema y el cancerbero italiano reprochándole al brasileño la pérdida que desembocó en el segundo tanto del delantero lionés.

Poca cosa en cualquier caso en comparación con la trifulca que armó Al-Khelaïfi bajando a los vestuarios con intención de agredir al árbitro Danny Makkelie y amenazando a un empleado del Real Madrid que grabó lo ocurrido. El presidente del PSG, que dejó una imagen lamentable ya en el palco con una conducta impropia de su cargo, se arriesga a una sanción por parte de la UEFA pese a las buenas relaciones que mantiene con el ente rector del fútbol europeo desde que la batalla por la Superliga le elevó a la dirección de la Asociación Europea de Clubes (ECA). Makkelie reflejó lo sucedido en el acta y el episodio formará parte del informe del partido, lo que pasará la patata caliente a Aleksander Ceferin. En el foco estarán también las palabras de Pochettino cargando con la labor arbitral en rueda de prensa, que podrían acarrearle un duro castigo al técnico.