Alaba consuela a Mbappé tras la victoria del Real Madrid frente al PSG. / Javier Soriano (Afp)

Análisis

El fleco que faltaba para la firma de Mbappé

La magia del Bernabéu obnubila al crack del PSG, que comprobó que París se queda muy corto para su inconmensurable talento

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Si Kylian Mbappé todavía albergaba alguna duda sobre la conveniencia de fichar por el Real Madrid, los blancos la disiparon con una noche que aglutinó todos los ingredientes que conforman la leyenda del trece veces rey de Europa. Primero hubo drama, luego suspense y, por último, una explosión de orgiástica felicidad tras la exhibición de orgullo, carácter y clase de un equipo incombustible que siempre lucha hasta el final y es capaz de convertir en cotidiano lo excepcional. El conjunto de Chamartín, galvanizado por el embrujo del Santiago Bernabéu, rubricó ante el PSG otra remontada para la historia frente al club que aspiraba a cambiar para siempre el orden establecido y cerró el último fleco que faltaba para la firma del crack llamado a marcar época en el renovado coso del Paseo de La Castellana.

El astro de Bondy siempre ha dejado clara su ambición de convertirse en el mejor futbolista del planeta y ganar grandes títulos, algo que ya sabe que será más difícil si renueva con el PSG. Aterrizó en 2017 con el propósito de conquistar la Champions y cinco años después sigue sin rozar la 'orejona'. Disputó una final, una semifinal y cayó tres veces en octavos. Cinco fiascos consecutivos que le han llevado a darse de bruces con la realidad. El trono del fútbol está lejos de París, que se queda muy corto para su inconmensurable talento.

La imagen de un PSG en descomposición y sumido en guerras fratricidas al que no le bastó con los dos recitales que ofreció su máxima estrella en el Parque de los Príncipes y en el Santiago Bernabéu contrastó con el vigoroso rostro de un equipo en comunión con su hinchada, que cumplió con creces el papel que esperaban en la zona noble: lisonjas para la figura llamada a ser futuro buque insignia antes de llevar en volandas a una escuadra que sintió como nunca la mística de las grandes noches que cimentaron la gloria europea del Real Madrid.

Reivindicados

El alma de Juanito latió en esa apoteósica media hora final que elevó definitivamente a Modric y a Benzema al panteón de los dioses blancos. El croata impulsó la remontada con un despliegue de energía y talento que terminó de consagrarle como el mejor centrocampista en la historia de una entidad que ha visto desfilar por su sala de máquinas a mitos como Miguel Muñoz, Zoco, Pirri, Fernando Redondo o Zinedine Zidane. Su vigencia en primera línea a los 36 años desafía todas las convenciones establecidas sobre la longevidad de los futbolistas. Ningún timonel del panorama actual resiste la comparación con el balcánico.

Por su parte, el delantero francés dejó en evidencia el dislate que supuso la entrega del último Balón de Oro a Messi hace solo unos meses. El rosarino vive su ocaso, mientras ese nueve con alma de diez mejora con el paso de los años. Que 'France Football' no le haya entronizado a estas alturas es un chiste de mal gusto. A sus 34 años, está a tres goles de superar su campaña más productiva en la faceta anotadora desde que aterrizó en Chamartín y ya es el tercer máximo realizador en los 120 años de historia del Real Madrid. Su trascendencia desde que se marchó Cristiano Ronaldo adquiere dimensiones gigantescas y es otro aliado para consumar ese secreto a voces que es el fichaje de Mbappé.

El tercer gran ganador de una noche inolvidable fue Carlo Ancelotti. La crítica hacia el técnico ha sido despiadada. Pese a tener al Real Madrid acariciando su trigésimo quinto título de Liga cuando restan once jornadas, se le exigía un golpe de mano en la Champions, la competición que todo lo fagocita. Y el viejo zorro plateado no titubeo. Volvió a escudarse tras sus pretorianos y salió reivindicado de una batalla que volvió a demostrar que su regreso fue un acierto en toda regla.

Los agoreros llevan tiempo vaticinando que el bloque se caería por la ausencia de rotaciones, pero los blancos han alcanzado el tramo decisivo de la temporada en plenitud física y anímica. Buena parte del mérito por lo primero cabe atribuírselo a Antonio Pintus, al que el club rescató el pasado verano tras un curso que dejó una sangría de lesiones que devoró a Zinedine Zidane. En lo segundo pesa mucho la piña de un vestuario acostumbrado a hacerse fuerte cuando arrecia la tormenta.

En el horizonte aguardan curvas, con un sorteo de cuartos de final de la Champions que estará lleno de gallos. Pero la victoria frente al PSG ha disparado las acciones del Real Madrid para la final de Saint-Denis. El rey de Europa vuelve a meter miedo defendiendo el honor de los románticos del fútbol de siempre frente a los petrodólares que pervierten el mercado. El dinero no puede comprarlo todo.

«Fracasamos», reconoce el crack francés

«La Champions League era un gran objetivo para nosotros, pero fracasamos. La temporada no ha terminado y no importa lo que pase, seguiremos siendo sólidos y determinantes hasta el último partido de temporada», escribió este jueves Kylian Mbappé en las redes sociales.

«Gracias a los seguidores que nos apoyaron e hicieron el viaje. 'ICI C'EST PARÍS'», añadió el crack francés al día siguiente del fiasco del PSG en la vuelta de octavos de la Champions en el Bernabéu, que seguramente será su nuevo estadio a partir de la próxima temporada.