Colchones en vertedero. / AdobeStock

Química y reciclaje, el maridaje para dar una nueva vida al plástico

El reciclado químico permite descomponer los polímeros para convertirlos en nuevos productos 'infinitamente'

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

69%, 30% u 87%, estos son porcentajes que aportan Eurostat, la OCU y Ecoembes sobre el reciclado de plásticos. Diferentes métricas y opiniones que demuestran que dar una segunda vida a este tipo de materiales es complicado, complejo y, en algunos casos, caro.

Este material está presente en el día a día de la mayoría de los ciudadanos: en la compra, en el trabajo, en el ocio, en los restaurantes... Y su destino final suele ser el mar o los vertederos. «Se calcula que si no hacemos nada, en 2050 habrá más plástico que peces en el océano», aseguran varios informes de oenegés ecologistas.

Precisamente, en los basureros se acumulan miles de toneladas que no tienen salida: colchones, botellas, films... Aunque, cada vez hay más propuestas sobre la mesa para dar una nueva vida a productos que, históricamente, no podían ser reutilizables.

Nuevos procesos y técnicas que comienzan a salir del laboratorio. «Hay numerosos grupos de investigación trabajando en esto», señala Cristina González Alonso, directora de Innovación, Estrategia y Advocacy de Feique, la Federación Empresarial de la Industria Química Española. «El reciclado químico es complementario al mecánico (tradicional), la clave es la combinación de las tecnologías para que se consigan los objetivos de economía circular», añade.

Esta técnica puede convertir, por ejemplo, los neumáticos usados en aceite de pirólisis para volver a los coches en otras piezas o hacer que cerca de los 30 millones de colchones que van camino del vertedero se conviertan en una nueva espuma para colchones. No obstante, «estamos hablando de herramientas incipientes», recuerda la directora de innovación de Feique.

«El reciclado químico permite descomponer residuos plásticos en sus componentes básicos y transformarlos en materias primas secundarias para producir nuevos productos químicos y plásticos, favoreciendo así la circularidad de los recursos»

Cristina González

directora de innovación de Feique

El reciclado químico permite «descomponer residuos plásticos en sus componentes básicos y transformarlos en materias primas secundarias para producir nuevos productos químicos y plásticos, favoreciendo así la circularidad de los recursos», detalla González.

Hasta la fecha, el reciclaje de residuos plásticos se basa en triturar, extrudir, fundir, moldear y transformar. Esta es la hoja de ruta del proceso mecánico. Sin embargo, no funciona en todos los casos y, además, «el material se degrada, pierde color, propiedades y solo se puede usar para una cosa concreta», añade González. «Con el químico podemos cerrar el ciclo», apunta la directora de innovación de Feique.

Cada cosa en su lugar

A pesar de que «la combinación de las tecnologías es la mejor solución», cada una de ellas está destinada y pensada para un proceso y plástico concreto para aprovechar mejor sus propiedades y características. «Cada plástico tiene un proceso más óptimo, esto no es la solución milagrosa y hay que optimizar», destaca González.

Todas ellas se pueden agrupar en tres grupos. El primero de ellos es la despolimerización térmica (pirólisis o gasificación), el segundo es la solvólisis que emplea disolventes y, por último, la degradación enzimática que se aplica en los bioplásticos.

«Estas tecnologías permiten el tratamiento de los residuos plásticos que no se pueden reciclar mecánicamente y en la actualidad, se depositan en vertederos o se incineran», revela. Las tecnologías de pirólisis son las más maduras del mercado y las que más integradas están en la cadena de valor. «España está situada en una posición estratégica para liderar esta industria», revela González.

Desde la patronal del reciclado químico insisten que esta industria requiere de un marco regulatorio estable y predecible que defina el reciclado desde la neutralidad tecnológica. Pero, aún cuenta con varios retos por delante como la reducción del coste de los procesos que llegará a través de la escalabilidad, asegura Feique.

Además, de momento, el impacto ambiental del reciclado químico es mayor que el del reciclado mecánico. «Todos los procesos tienen impacto ambiental», defiende González. «Hay que poner el foco en la circularidad del producto», añade.