Carolina Blázquez, directora general de Sostenibilidad e Innovación de Ecoalf, en la sede madrileña de la marca. / Virginia Carrasco

«La tecnología no está preparada para reciclar toda la ropa»

Carolina Blázquez, la estratega tras Ecoalf, la firma española de moda sostenible que más lejos ha llegado, afirma que hacer negocio en el sector textil y cuidar el planeta es posible

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Ecoalf nació hace 12 años para convertir residuos plásticos, como botellas de agua y redes abandonadas en el mar, en prendas de diseño de calidad. En aquel entonces, la propuesta impulsada por Javier Goyeneche rompió moldes. Ahora que se cumplen diez años de la apertura de su primera tienda en España, la firma se ha consolidado y es mucho más que un intento vanguardista; al contrario, se ha convertido en el exponente español de quienes defienden que se puede hacer negocio desde una de las industrias más contaminantes, la textil, y a la vez respetar el planeta y a sus habitantes.

Tras la estrategia que hace posible este propósito se encuentra Carolina Blázquez, una profesional de la moda, que decepcionada con el sector y en mitad de una crisis de valores, lo dejó todo para entregarse de lleno a la tarea de hacer de Ecoalf lo que es hoy y, con él, demostrar que hay otra forma de producir y, sobre todo, de consumir.

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Reciclaje, esta mente creativa, diseñadora de moda, «activista optimista», desgrana su visión sobre una industria que está en el punto de mira por un 'fast fashion' devastador y aporta sus soluciones, siempre «de la mano de la innovación», para lograr un cambio real.

-Del centro de Madrid a Tokio, Ecoalf ha logrado llevar su ropa y su mensaje a medio mundo. ¿Cuál ha sido la clave para no quedarse en un producto solo para minorías?

-Porque somos auténticos; esto es lo más importante. Lo que decimos que hacemos es 100% real y tenemos datos que garantizan que todo es cierto y que compartimos continuamente. También tiene que ver con que la marca en sí nació porque había una necesidad, una necesidad de demostrar que se puede hacer moda de otra manera, responsable con el planeta, a través del uso de residuos porque no queremos utilizar más recursos naturales de una forma incontroladas. Otra clave es que hemos logrado un producto que está al nivel de calidad de cualquier otro convencional. Para que sepas nuestro plumas está hecho con basura te lo tenemos que explicar, si no nunca te darías cuenta. Aquí es donde hemos marcado la diferencia. Elevar el reciclado a una calidad superior ha sido la clave del éxito de Ecoalf. Al fin y al cabo la sostenibilidad también va de durabilidad.

-En el discurso público se ha enquistado la idea de que el consumidor medio no quiere pagar esa calidad. Vuestras prendas no son baratas y aún así hacéis caja. ¿Cómo?

-La gente está dispuesta a pagar cuando conoce lo que hay detrás de un producto. El uso de recursos naturales, de los pasos de la cadena de producción, de todos esos residuos convertidos en materia prima, de qué tipo de fábricas, de cómo están las personas que trabajan en ellas, de qué químicos se han utilizado para que ese plumas sea realmente verde… Si haces todas esas cosas de una manera en la que cuidas el producto y a la vez a las personas que hay detrás de él y al planeta, ya se empieza a entender el equilibro entre el precio y el valor de las cosas. Estamos acostumbrados a precios muy bajos pero no somos conscientes del precio real que esos productos tienen sobre el medioambiente y los trabajadores. Nosotros compartimos todos esos datos y así ayudamos a los consumidores a comprar de una forma responsable, o por lo menos consciente. Un producto que te va a durar en el armario diez años a lo mejor justifica un precio más elevado que lo tienes que desechar a los seis meses.

-¿Tenéis dificultades para obtener la materia prima reciclada? 

-El problema es que hay mucho residuo que todavía no se gestiona, por lo tanto no se le pueda dar una segunda vida. Pero residuo en el mundo hay para dar y tomar. Lo que hace falta es que haya la tecnología suficiente y el desarrollo en ciertos países de centros de gestión de esos residuos, que permita que todos ellos se puedan volver a convertir en otras cosas; no solo para la moda, sino para cualquier industria.

-¿Cuál es vuestro sistema para obtenerla?

-Trabajamos con muchos materiales distintos: poliésteres, nylon, algodones y lanas reciclados, posos del café… Lo más importante es llegar a producir una fibra con la que trabajar y saber de dónde viene esta. Nuestra cadena de suministro está 100% trazada, validad y nominada, esto quiere decir que cuando un señor hace un plumas sabe a quién tiene que comprar el tejido porque nosotros hemos elegido cuál es el fabricante de ese tejido, qué tejido se usa, con qué químico trabaja y con qué hilo está hecho y de dónde procede esa fibra. Esa es la forma de tener controlado que todo lo que sucede para que ese producto responda a los estándares medioambientales y sociales que nos marcamos. Al margen de estos proveedores, está la parte que hacemos con la Fundación Ecoalf, con el proyecto 'Upcycling de ocean', en el que ahí somos nosotros los que gestionamos el residuo mismo. En este caso, el residuo plástico se transforma también en filamento y ese en hilo y luego en tejido. Ese lo gestionamos nosotros de principio a fin. Ambos sistemas son complementarios. Pero no el 100% del producto que usamos proviene del mar sino solo una parte.

«La sostenibilidad también va de durabilidad. Las marcas tienen la responsabilidad de poner prendas en el mercado con un mínimo de calidad, que tengan una vida larga y que luego puedan reciclarse»

-¿El proceso de fabricación de estas fibras a es muy contaminante? ¿Os encontráis con esta paradoja?

-La sostenibilidad tiene que ver con encontrar el equilibrio continuo. A veces te centras solo en la huella de carbono y afectas a la huella hídrica; o te centras en la circularidad, que ese producto sea reciclado y reciclable, y no ayudas a tu huella de carbono. Por eso nosotros hacemos análisis de ciclo de vida global del producto. Así vemos todo y entendemos qué es lo que pasa cuando tocas algo, cómo afecta a ese impacto global. En nuestro caso, la huella de carbono es inferior a cualquier otro producto convencional de su gama. Por ejemplo, acabamos de lanzar unas zapatillas cuya huella es de poco más de 4 kilos de CO2, cuando una convencional del mercado, según el MIT, está en unos 14. Por lo tanto, no solo trabajamos con materias recicladas, sino que todo el proceso deje la menor huella.

-En el mundo sobra ropa. ¿Qué hacemos con todo el excedente?

-Sobre esto tengo un enfoque particular. Creo que está bien que cojamos toda la ropa que no usamos y la convirtamos en fibra a través del reciclaje. Pero otra parte de la circularidad muy importante, en la que todos tenemos la capacidad de actuar, es que una vez que una prenda está en le mercado debe tener un ciclo de vida lo más largo posible. Para que eso suceda, las marcas tenemos la responsabilidad de poner en el mercado la prenda con el impacto más bajo posible, la más respetuosa con el medio ambiente y que tenga calidad para que esa prenda tenga una vida lo suficientemente larga. Además, tenemos que desarrollar nuevos modelos de negocio que den otra vida a ese plumas del que te has cansado. ¿Por qué vamos a reciclarlo? Pensemos en qué nuevas vidas tiene: el alquiler, la venta de segunda mano, la reparación... ¡Volvamos reparar las prendas! Cuando ya no podamos hacer nada más con la prenda, cuando deje de tener un valor, empecemos a hablar de reciclado.

Yo cuido, lema que está en el ADN de la compañía, impreso sobre los productos de la tienda. / Virginia Carrasco

-Pero ya sabemos que el reciclado de muchos tejidos que están en la calle no es factible. ¿Cómo se corregiría este entuerto?

- Sí, aquí donde nos encontramos con que la tecnología aún no está preparada. Por abaratar costes, el 'fast fashion' nos ha llevado a una prenda de baja calidad en la que se mezclan muchas materias distintas. En una camiseta que aparenta ser de algodón, si miras la etiqueta ves que un 5% de algodón está mezclado con viscosa, poliéster, etc. ¿Cómo reciclas eso? ¿Y a qué materia prima vas a llegar cuando recicles eso? Volvemos a la responsabilidad de las marcas de poner en el mercado productos que en el día de mañana sean reciclables, que cuando más monomaterial sean más fácil será ese reciclado, sobre todo, con una calidad mínima. Ahí sí creo que la legislación tendría que hacer algo.

-¿Entonces de qué sirve la estrategia tan extendida de recoger tu ropa usada en las grandes cadena de moda rápida?  

-Yo tengo mucha presión en este sentido. Desde el departamento de ventas, de clientes, etc. que me escriben preguntando por qué no estamos recogiendo prendas. Porque tengo un compromiso personal de que no voy a recoger una sola prenda hasta que no le pueda dar una trazabilidad absoluta de qué pasa con ellas y garantizar que va a ir cero a vertederos. El día que lo haga será porque hay un sistema que nos lo garantice.

-¿Qué opinas de la nueva estrategia de grandes de apostar al 100% por el poliéster reciclado? ¿Es una solución?

-A día de hoy los dos materiales más utilizados en el mundo de la moda son al algodón y el poliéster. A día de hoy, el poliéster reciclado es un material al que ha habido un acceso muy rápido porque la tecnología ha permitido que sea una materia prima fácil de conseguir. Pero, efectivamente, para mí eso no es la solución. La sostenibilidad en la moda viene de soluciones más holísticas. Mientras sigamos necesitando la cantidad tan grande de recursos para poner en el mercado toda esa cantidad de prendas que al final no necesitamos, das igual que solo utilices viscosas recicladas o algodón orgánico. Un cambio de material no es hacer una marca más sostenible. Hay mucho más detrás de todo esto. A lo mejor no hay que producir tantas prendas; a lo mejor es que no hay ni que producir poliéster; el problema es más profundo y hay que tocar más la esencia.

«La sostenibilidad no va de cambiar un tejido por otro reciclado. A lo mejor no haca falta fabricar esa ingente cantidad de ropa que no necesitamos»

-¿Le queda mucho al 'fast fashion'?

-Pues creo que todo lo que los consumidores se lo permitan. Viene mucha legislación que va a obliga hacer muchos cambios pero la verdadera revolución pasa porque los consumidores asumamos la capacidad y el poder que tenemos frente a las marcas. Al final, cada vez que compras estás decidiendo dónde pones tu dinero, a quién apoyas y a quién no. Imagínate si todos los consumidores dejasen de apoyar a una marca en concreto; tendrían el poder de hacer que esa marca cambiase completamente sus políticas.

-¿Lo veremos?

-Confío en que sí. A una de las áreas que dedicamos mucha energía es a la concienciación. La gente no cambia hasta que no tiene la información suficiente de lo que está comprando. Ahí nosotros sí que nos consideramos que hemos visibilizado un problema que antes no se veía. Además, hemos dado la esperanza de que es posible el cambio y dado el ejemplo de ser una empresa con unos resultados económicos buenos, y a la vez que da unos resultados ambientales y sociales buenos. Para mí esto es esperanza.

-¿Cómo controláis el excedente del 'stock', lo que no se vende, el otro gran problema de la industria?

-Sí, mucha parte del problema global viene del 'stock'. Nosotros tenemos políticas internas que nos lleva a producir lo mínimo, pero aún así generamos. Siempre que compramos la materia prima, compramos con unas cantidades súper ajustadas hasta el punto de que muchas veces corremos el riesgo de que trabajar con un 'stock' tan bajo que nos pueda producir una pérdida de ventas el día de mañana. Pero estamos ahí. No queremos ser marca que genere 'stock' continuo porque al final, ¿qué pasa con toda esa ropa? También tenemos dos 'outlets' y de vez en cuando hacemos liquidaciones a precios muy bajos.

La nueva tienda de Ecoalf, en el centro de Madrid. / Virginia carrasco

-Cita el riesgo de las pérdidas. ¿Ha llegado a suceder que el propósito repercuta en la ganancia?

-Bueno, lo que nosotros hacemos es buscar el equilibro. Para la mayoría de las empresas, el éxito se mide por los resultados económicos; nosotros lo medimos por el balance económico, ambiental y social.

-Habéis puesto en el mercado gorras que limpian el aire a tu alrededor con su tela. ¿Qué margen de innovación os queda?  

-Yo entiendo la innovación como algo transversal; es decir, todo lo que tenga un margen de mejora es innovación. A veces la innovación no es visible. Pero por poner ejemplos, en la cadena de suministro hay muchas patas que se pueden tocar para minimizar todos los procesos. También en la parte de químicos hay una cantidad de innovación pendiente brutal; en el fin de ciclo de vida del producto, en la parte social... Creo que hay transformaciones más sutiles por hacer. Para mí esa parte también es apasionante.

«Más que referente, yo me siento responsable del momento en el que vivimos, de la transformación que se está dando»

-Ecoalf no es lo que era hace diez años, cuando solo se hablaba de chaquetas hechas con redes y botellas. Ahora estáis en el nivel de tintar sin agua, otro de los grandes derroches de la industria. ¿Cómo es posible?

-Sí, hoy en día somos mucho más. No usamos agua porque cuando hablamos de algodones reciclados, se reciclan por colores. Si quieres un hilo ya rojo se coge de ese triturado de algodón rojo y no necesitas tinte. Necesitarás algo de agua en el proceso final, para darle un aspecto determinado, pero la rebaja puede llegar hasta un 90% del consumo del agua de una camiseta convencional, que consume unos 2.700 litros de agua. Imagina ahorrar un 90% de eso.

-¿Os consideráis referentes? ¿Habéis creado escuela?

-Más que referente, yo me siento responsable del momento en el que vivimos, de la transformación que se está dando. Me siento responsable de ser ese referente que puede inspirar a muchas otras marcas a dar los pasos que nosotros hemos dado.

-¿Eres optimista o tienes ecoansiedad?

-¡Yo soy súper optimista! Sobre la ansiedad no sé qué decirte (risas). Me considero sobre todo activista. No soy nadie que lo vea bien todo; sino que estoy convencida de que las cosas pueden cambiar pero para que cambien hace falta movimiento. Y esto es acción. Con ella se pueden generar cambios.

-Muchos teóricos de la sostenibilidad sostienen que las acciones de cuidado del planeta pasan por sacrificar (carne, viajes, consumo...), que por eso no cala en la sociedad. ¿Lo vive así?

-Mi vida no es sacrificio, es sentido común. Mi vida está llena de decisiones que están llenas de sentido común. Si quiero dejar un planeta mejor el día de mañana voy a intentar no maltratarlo. Vivo una vida alineada con mis valores y con las necesidades el planeta, y no es un sacrificio, sino que es súper feliz. Si este mensaje puede empapar en la gente que me rodea y ser ejemplo, me doy por satisfecha.