Etiqueta verde. / Fotolia

Europa busca acabar con el 'greenwashing'

Bruselas vigila de cerca el uso «vago» de etiquetas como 'eco' o 'verde' en productos comercializados en la Unión para alcanzar sus objetivos sostenibles

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Envases verdes, «eco», «energía verde». Estas son algunas de las fórmulas más utilizadas por empresas y compañías para 'vender' sostenibilidad a sus clientes. Una práctica a la que, cada vez más, se suman etiquetas 'ecológicas' o, presumiblemente, reciclables.

La Comisión Europea ha decidido hacer frente a estas prácticas. «Hablamos de declaraciones de carácter medioambiental demasiado genéricas o vagas, que sugieren un excelente comportamiento medioambiental de un producto sin que esto sea así o sin que eso se pueda verificar», denuncia Ioannis Virvilis, portavoz de la Representación de la Comisión Europea en España. «Dichas prácticas desleales serán prohibidas», añade.

La propuesta de la Comisión Europa incita a que las marcas deben informar apropiadamente al consumidor si la durabilidad de sus productos va a ser de naturaleza limitada.

Según, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en la actualidad hay más de 450 ecoetiquetas que provocan que «los ciudadanos empiecen a perder confianza».

Bruselas ha decidido actualizar su normativa comunitaria en materia de protección a los consumidores, para afianzar la circularidad y hacer de los valores sostenibles los pilares de cada uno de los artículos que se comercialicen y diseñen con destino al mercado de la Unión. «Hay falta de transparencia y de credibilidad de las etiquetas de sostenibilidad», denuncia la Comisión. Según, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en la actualidad hay más de 450 ecoetiquetas que provocan que «los ciudadanos empiecen a perder confianza».

Los vendedores deberán, además, especificar si el producto que venden al cliente va a acompañado o no de garantía y durante cuánto tiempo estará vigente. El Parlamento Europeo y los diferentes estados miembros de la UE deberán discutir ahora la propuesta de la Comisión para ponerse de acuerdo en una línea común. «Como se trata de Directivas, una vez aprobadas por estas dos instituciones, las normas tendrán que ser incorporadas dentro de un plazo a la legislación nacional de cada país de la Unión», explica Virvilis.

«Si no empezamos a consumir de manera más sostenible, no podremos alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo, es así de sencillo», avanza Didier Reynders, comisario europeo de Justicia.

Guerra contra los microplásticos

Dos años después, la Comisión ha decidido actualizar sus recomendaciones para acercarse más a sus objetivos del Pacto Verde comunitario. «Queremos ser el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050, y en este sentido es necesario que los consumidores consumen y que las empresas producen de forma más sostenible que ahora», apunta Virvilis.

La actualización, además, establece que «para 2030, los productos textiles comercializados en el mercado de la Unión serán duraderos y reciclables», señala el texto de la Comisión que ahora tendrá que pasar por la mesa de debate del Consejo Europeo y, posteriormente, por el Parlamento Europeo.

Cada año, una media de ocho millones de toneladas de plástico son vertidas al mar, una cantidad similar a vaciar un camión de basura lleno de plásticos cada minuto. Un tercio de ese total llega a través de los textiles.

Desde los años 50, el lavado de la ropa ha provocado la liberación de al menos 5,6 millones de toneladas de microfibras sintéticas al mar, la mitad sólo en la última década. «Se estima que alrededor del 60% de las fibras utilizadas en la confección son sintéticas, predominantemente de poliéster», denuncia la Comisión Europea en su estrategia. «Y esta cantidad va en aumento», añade.

Una problemática de la que Bruselas es consciente, pero que abordará en la segunda mitad del ejercicio y «las medidas se centrarán en los procesos de fabricación, el prelavado en las plantas de fabricación industrial, etiquetado y la promoción de materiales innovadores», avanzan.

Desde los años 50, el lavado de la ropa ha provocado la liberación de al menos 5,6 millones de toneladas de microfibras sintéticas al mar

Sin embargo, el sector textil si que recibe un importante aviso. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, el uso de la ropa en Europa tiene, de media, el cuarto mayor impacto sobre el medio ambiente y el clima, solo superado por los alimentos, la vivienda y el transporte.

La producción mundial de este sector casi se duplicó entre 2000 y 2015 y se espera que el consumo de ropa y calzado aumente un 63% para 2030. Así pues, se pasaría de los 62 millones de toneladas actuales a 102 millones de toneladas en 2030. Aproximadamente, según datos de la Comisión, cada año se desechan 11 kilos por personas y «cada segundo, en algún lugar del mundo, un camión cargado de textiles se deposita en vertederos o se incinera», revelan.

Por ello, la Comisión Europea quiere ponerle límites a su producción y dejar pautada una segunda vida para estos tejidos. Los textiles tendrán que «estar libres de sustancias peligrosas y deberán ser producidos con respecto a derechos sociales y medio ambiente», informa la Comisión.

El primavera-verano y otoño-invierno, ya es moda pasada. Este viejo modelo de colecciones del mundo del textil ha dado paso a campañas continuadas con rebajas y continuos muestrarios para aumentar las cifras de un sector que aún sufre el envite del SARS-CoV-2.

A pesar de la caída de las ventas, las fábricas siguen produciendo camisas, camisetas, faldas, blusas o jerséis. Modelo poco sostenible que acaba con la ropa del «armario al vertedero».

La propuesta prohíbe la destrucción de prendas devueltas o no vendidas y, además, busca favorecer el cambio de usos industriales para reducir el vertido en la naturaleza de microplásticos incluidos en las telas con componentes sintéticos.