¿Cómo poner la lavadora? / Archivo

La otra forma de hacer la colada para evitar llenar de plástico el mar

Desde los años 50, el lavado de la ropa ha provocado la liberación de al menos 5,6 millones de toneladas de microfibras sintéticas

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

La contaminación por plásticos es uno de los grandes problemas ambientales en los últimos años. Desde la década de los 50 del siglo XX, la producción de plásticos no ha parado de crecer, cuyo destino final son los vertederos o el medio natural.

Cada año, una media de ocho millones de toneladas de plástico son vertidas al mar, una cantidad similar a vaciar un camión de basura lleno de plásticos cada minuto. Botellas de plástico, envoltorios, recipientes de cocina, artículos de higiene y ropa.

Más de un tercio del microplástico presente en los océanos provienen de los textiles. Desde los años 50, el lavado de la ropa ha provocado la liberación de al menos 5,6 millones de toneladas de microfibras sintéticas, la mitad sólo en la última década.

Con el paso de los años y, también, los lavados, las prendas van perdiendo su color, su elasticidad e, incluso, calidad. El lavado de ropa se ha establecido como una fuente importante de emisiones de microfibras sintéticas.

El poliéster y la lycra son habituales en los armarios y cajones de los españoles, dos productos «químicos» puros nacidos del carbón, del gas natural y del petróleo crudo, que con el tiempo se desprenden del textil y viajan hasta el mar o la tierra. En 2016, investigadores de la Universidad de Plymouth pusieron cifra a esta contaminación: «700.000 fibras microplásticas liberadas a las aguas residuales en cada lavado».

Se estima que hasta un 40% se pueden escapar de los sistemas de filtración y se han encontrado en infinidad de animales. No obstante, aún no se ha podido cuantificar ni medir el impacto real de estos microplásticos en el entorno. Pero avisan de que estas piezas de plástico de menos de cinco milímetros «pueden ser bastante dañinas», aseguran los investigadores

«Cuando las microfibras plásticas entran en contacto con nuestros pulmones, así como sus aditivos (tintes, plastificantes), pueden tener efectos sobre la salud», reveló en uno de sus informes el investigador Fransien van Dijk de la Universidad de Groningen (Países Bajos).

Sin embargo, «es poco probable que la eliminación a gran escala de microfibras del medio ambiente sea técnicamente factible o económicamente viable, por lo que el enfoque debe estar en la prevención de emisiones», avisan varios científicos en una investigación publicada en PLOS One.

¿Cómo evitar los microplásticos?

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    Fibras naturales. La solución más rápida es una vuelta a las fibras naturales y olvidar las sintéticas en el cajón para siempre. La lana y el algodón son las alternativas más plausibles, pero son más caras y el impacto sobre el medioambiente es muy negativo, ya que su producción requiere mucha agua y el uso de grandes superficies de terreno para su cultivo.

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    Filtros en la lavadora. La irrupción de la tecnología también es un hecho en el mundo del lavado y las lavadoras cada vez más equipan sistemas que frenan este tipo de contaminación. Un filtro en el desagüe frena que estos pequeños trozos acaben en los mares y océanos, aunque no todos son eficaces. Una problemática que las autoridades ya han trasladado a los fabricantes de lavadoras. En Francia plantean que para 2025 todas las lavadoras que se vendan en el país vecino deban llevar un filtro específico para combatir estos residuos.

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    Bolsas de lavado. Es, quizá, una de las alternativas más accesibles para todos los hogares. Estas bolsas de tela están fabricadas de un material con un microfiltro especialmente diseñado para atrapar los pequeños trozos de plásticos desprendidos durante el lavado. Tras la colada, es preciso retirar manualmente los restos de fibras del dobladillo de la bolsa para tirarlos a la basura doméstica y nunca aclarar la bolsa en el agua, ya que los posibles microplásticos adheridos se irían por el desagüe.

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    Cora Ball. Es un dispositivo similar a la bolsa de lavado que impide que los pequeños trozos de plásticos acaben en las aguas residuales. Esta pelota hace que los microplásticos se acumulen como una pelusa visible. Su vida útil son cinco años.

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    Colada sostenible. Si no se dispone de ninguno de estos sistemas, todavía se pueden aplicar unas acciones cotidianas que reducirán el desprendimiento de plásticos durante el lavado. Para ello es necesario llenar la lavadora al máximo, ya que con la carga completa se produce menos fricción en la ropa y se liberan menos fibras. La temperatura de lavado es también importante, porque una colada a baja temperatura evita que se liberen más fibras, ya que algunos tejidos se dañan a altas temperaturas. Por último, hay que evitar lavados intensos y centrifugados para así minimizar la fricción y la expulsión de estos pequeños microplásticos.

Plásticos en todo el planeta

Las aguas depuradas constituyen una fuente potencial de microplásticos en suelos regados, lo que debe considerarse entre otros potenciales problemas y beneficios relacionados con el uso de esta calidad de agua en tierras agrícolas de regiones áridas. Esta es una de las conclusiones de una investigación de varios investigadores del grupo de Química Analítica Aplicada de la Universidad de La Laguna (ULL).

Un estudio que evaluó la presencia de microplásticos en dos tipos de suelos agrícolas de Fuerteventura regados durante cuatro años con aguas residuales depuradas y con aguas subterráneas desalinizadas.

Los océanos reciben casi 2,9 millones de toneladas de microplásticos, pero estos en su gran mayoría son devueltos a la tierra. En 2018 se encontraron estos pequeños trozos la Fosa de las Marianas, el lugar más profundo de la Tierra, y en 2020 ocurrió similar hallazgo, pero en el punto más alto del planeta: el Everest.

Varias investigaciones han demostrado que estas microfibras sintéticas pueden retener sus formas fibrosas en el medioambiente terrestre durante más de 15 años. «El Monte Everest es un lugar que siempre he considerado remoto y prístino. Saber que estamos contaminando cerca de la cima de la montaña más alta es una verdadera revelación», señaló Imogen Napper, de la Universidad de Plymouth, tras este hallazgo.