Contaminación química. / EP

El planeta alcanza el máximo de tóxicos que puede soportar

Es el quinto límite de nueve que la sociedad rebasa en los últimos cinco años

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Reducir el consumo de agua, limitar las emisiones de CO2, disminuir el uso de plásticos, vigilar la temperatura de la Tierra. Estas son algunas de las recomendaciones que año tras año han ganado peso en el discurso mundial, pero la humanidad sigue rebasando los límites. El planeta muestra síntomas de agotamiento y preocupación.

En 2009, el equipo de Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo (SRC, por sus siglas en inglés) enumeró los problemas medioambientales de la Tierra en 9 límites para mantener la estabilidad del planeta.

Una hoja de ruta hacia el precipicio cuyas etapas cada vez van cayendo más rápido. Cambio climático, agotamiento de la capa de ozono, deforestación, acidificación de los océanos, pérdida de biodiversidad, ciclo de nitrógeno o contaminación química son algunos de los problemas ambientales que amenazan la salud del planeta.

De las nueve líneas rojas marcadas por el equipo del SRC, cuatro ya fueron cruzadas en 2015, según un estudio de Will Steffen, químico de la Australian National University, publicado en la revista Science.

La última en caer, la contaminación química. Por primera vez en la historia, los investigadores han podido poner cifra y alcance a la contaminación química. Una investigación del Instituto Medioambiental de Estocolmo ha puesto negro sobre blanco las conclusiones de esta problemática y es clara «la humanidad ha sobrepasado un límite planetario relacionado con los contaminantes ambientales».

Las cifras del estudio no dejan lugar al debate, ya que se calcula que hay unos 350.000 tipos diferentes de productos químicos manufacturados en el mercado mundial, creados por los humanos con efectos en gran medida desconocidos sobre el sistema terrestre.

La contaminación química originada por este tipo de productos provoca una importante alteración en el ambiente, ya sea en los seres vivos, el suelo o el aire. Un impacto que deja grandes secuelas, llegando algunas a ser letales.

«Necesitamos cooperación internacional para abordar los problemas que trascienden las fronteras, como los daños de los metales pesados, los contaminantes orgánicos persistentes y los desechos plásticos», alertaba a principios de 2021 el profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zürich), Zhanyun Wang, en un artículo publicado en Science.

Se ha estimado que la exposición a una pequeña fracción de las más de 100.000 sustancias químicas en uso contribuyó a más de 1,3 millones de muertes prematuras en 2017. Mientras, la producción de sustancias químicas se ha multiplicado por 50 desde 1950. «Se prevé que se triplique de nuevo para 2050», destaca el equipo de Rockström.

Principales contaminantes químicos

En la actualidad, estos contaminantes por su difícil descomposición y desaparición pueden encontrarse por todo el planeta. No obstante, la investigación del SRC fue compleja debido a que solamente se evaluó la seguridad de una pequeña fracción de los compuestos químicos registrados para su uso.

Las mayores amenazas se encuentran en los clorofluorocarbonos o gases CFC, que son compuestos químicos pertenecientes a la familia de los hidrocarburos saturados y los grandes responsables de la destrucción de la capa de ozono. Pero estos no son los más comunes, sino que las sustancias tóxicas y más extendidas son los PCB o bifenilos policlorados, químicos de larga duración y muy perniciosos sobre la salud.

En su mayoría, las causas de la contaminación química son de fuente humana. Existen también materiales químicos arrojados desde el subsuelo por los volcanes y géiseres, pero estos eventos son más infrecuentes y a menudo le dan a la naturaleza el tiempo necesario para recuperarse del daño ecológico.

Ante esta situación preocupante, los investigadores de la SRC han reclamado a los gobernantes el impulso y la importancia de la economía circular para fijar un límite en la producción y liberación de productos químicos.