Turistas en Londres. / REUTERS/Peter Nicholls

Cuidar el planeta sin renunciar a viajar es posible

El turismo global genera el 8% de las emisiones totales de carbono

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

La Covid-19 ha provocado un terremoto sin precedentes en el mundo turístico. Los millones de viajes anuales por todo el globo han sido aplazados «hasta que la situación mejore». 2020 fue el peor año de la historia del turismo y 2021 se ha quedado justo detrás.

Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el pasado ejercicio se cerró con 415 millones de turistas frente a los 400 millones de 2019, el último año sin presencia del SARS-CoV-2. Esto supone una caída del 72% y 73% respectivamente en comparación con ese último ejercicio con total normalidad. En 2021, el sur de la Europa mediterránea y América Central fueron las regiones que más viajeros internacionales recibieron.

Un punto de inflexión en el turismo internacional para conseguir «dar un uso óptimo a los recursos medioambientales». La explotación de los recursos naturales y las emisiones de CO2 procedentes de los vuelos son los focos de atención para viajar hacia un turismo más ecológico. «Los principios de sostenibilidad se refieren a los aspectos medioambientales, económicos y socioculturales del desarrollo turístico», señala la OMT.

España, líder mundial en el sector turístico, también trabaja hacia un sector más consciente con el entorno que le da cobijo. Sin embargo, el trayecto hacia la sostenibilidad no es una lucha exclusiva de empresas e instituciones. Viajar ya no está reservado a unos privilegiados, sino que es más accesible que nunca.

Viajes 'low cost', escapadas de fin de semana o excursiones con la mochila al hombro. Estas son algunas de las opciones para desconectar del día a día o conocer rincones del planeta desconocidos y a un precio asequible y, sobre todo, poco contaminante.

Viaje sostenible

La aviación contribuye con alrededor del 2% de las emisiones mundiales de carbono del mundo, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). Este organismo predice que para 2037 el número de pasajeros aéreos se duplicará a 8.200 millones.

El pasado mes de abril, Francia votó un proyecto de ley que busca restringir vuelos cortos que pueden ser sustituidos por un trayecto en tren y que no supere las dos horas y media. Meses más tarde, el Gobierno de Pedro Sánchez en su proyecto España 2050 también deslizaba la misma idea. «Comprometerse a volar menos puede abrir nuevos horizontes, sin que eso signifique dejar de viajar», señalan los expertos de Lonely Planet en su 'La Guía del Viaje Sostenible'.

Los despegues y los aterrizajes producen el 25% de las emisiones de los aviones

El tren, el barco o el coche eléctrico son algunas alternativas, la bicicleta también lo es para trayectos cortos. Sin embargo, el avión es la única opción para determinados destinos.

Cada vez más operadores permiten compensar las emisiones individuales de carbono, pero algunos van más allá. Además, la calculadora EcoPassenger, lanzada por la Unión Internacional de Ferrocarriles en cooperación con la Agencia Europea del Medio Ambiente, indica que el grado de contaminación depende de la altura que alcance el avión.

Los despegues y los aterrizajes producen el 25% de las emisiones de los aviones, de ahí que se recomienden los vuelos directos. «Alargar la estancia y moverse por el destino en transporte terrestre es más sostenible», señalan los expertos de Lonely Planet en su guía sostenible.

Pero, la huella de carbono del viaje no solo depende del medio de transporte elegido para llegar al destino vacacional. En el turismo responsable el viajero individual tiene la responsabilidad de ser consciente de su impacto.

Este sector económico genera el 8% de las emisiones totales de carbono, de ahí que cualquier gesto por frenarlas valga la pena. Así, la elección de medios de transporte con bajas emisiones, la limitación de uso del plástico durante la estancia y reducir el impacto en el entorno son algunas de las acciones más importantes del turismo con conciencia y más ecológico.

Bajo una planificación y una hoja de ruta pensada, el viaje puede ser cero emisiones de principio a fin. Gestos fáciles como reducir el uso y consumo de plásticos o agua o, simplemente, imitar las costumbres de las comunidades locales son algunas de las claves para impulsar el turismo más responsable.

Prácticas sostenibles

  1. 1

    Volar con inteligencia. Si no hay alternativa al avión, lo más 'eco' es escoger vuelos directos y, sobre todo, de bajas emisiones.

  2. 2

    Viajar ligero. Un trayecto con poco equipaje necesita poca energía para transportarlo.

  3. 3

    Transporte público. En el destino, lo mejor es adaptarse a la vida de los lugareños y usar autobuses o bicicletas para conocer la ciudad es lo más sostenible.

  4. 4

    Vehículos eléctricos. Los coches o motos electrificados son cada vez más frecuentes en las grandes ciudades y las estaciones de recarga van ganando terreno. Son una opción verde si que quiere usar un transporte más particular.

  5. 5

    Estancia ecológica en el hotel. Las cadenas hoteleras incorporan la sostenibilidad en sus memorias y cada vez es más sencillo ver su impacto en el medioambiente. Si se renuncia, por ejemplo, al servicio de habitaciones y se minimiza el consumo de agua y electricidad, se eliminarán más emisiones.

  6. 6

    Adiós a los souvenirs. Los típicos recuerdos de los viajes están hechos de plástico, mejor apoyar al comercio local y de proximidad.

  7. 7

    Comer como un lugareño. Una de las maravillas de viajar es probar especialidades regionales en puestos y restaurantes locales, y los alimentos de proximidad favorecen la reducción de emisiones dados los breves recorridos para su transporte.

  8. 8

    Viaje cero residuos. Cualquier producto que se utiliza en el viaje requiere energía para su fabricación y reciclado, y libera emisiones cuando se degrada. Reducir residuos frena emisiones.

¿Cómo medirlo?

Las líneas generales del turismo sostenible ya están definidas y el marco de mínimos ajustado, pero ¿cómo se mide? «Medir el turismo sostenible es fundamental para mejorar la acción política para el desarrollo sostenible», señaló en 2018 el Secretario General de la OMT, Zurab Pololikashvili.

El consumo de recursos naturales, especialmente los hídricos, son una de las variables más fáciles de cuantificar. El turismo requiere un aumento significativo de la demanda de agua para cubrir sus necesidades. De hecho, el consumo medio estimado en Europa en un hotel se sitúa en torno a los 394 litros por huésped y noche.

El consumo medio de agua estimado en Europa en un hotel se sitúa en torno a los 394 litros por huésped y noche

La calefacción, el aire acondicionado y la iluminación son, junto con el consumo de agua, los protagonistas del engorde del gasto energético de los establecimientos hoteleros, según el informe Buenas prácticas en el sector turístico de la Comisión Europea.

La Organización Mundial del Turismo establece tres indicadores para vigilar la sostenibilidad del mundo turístico: consumo de electricidad, uso de agua dulce por huésped y noche y la producción total de residuos por turista.

«Si la planificación y la gestión son buenas, el turismo puede ser un fuerza positiva que reporte beneficios para los destinos turísticos de cualquier lugar del mundo. Pero si no se planifica y gestiona debidamente, puede generar degradación», advierte la OMT.