Sucesos

Dos familias enfrentadas en el crimen de La Orotava

23/07/2018

Las familias del crimen de La Orotava se encontraron este sábado en el último adiós a las víctimas. Eran conocedores de los problemas que tenía la pareja, según apunta El País.

Las familias del crimen de La Orotava, en el que supuestamente un hombre acabó con la vida de su pareja y sus dos hijas menores, se encontraron este sábado en el último adiós a las víctimas. El País indaga este domingo sobre la tensa relación que mantenían los dos clanes familiares debido a los problemas que tenía la pareja.

El hecho de que ambas familias estuvieran en la misa funeral de las niñas y la mujer es relevante porque, en su nota de suicidio, Israel hace referencia a las desavenencias con la familia de su pareja y dice poner fin a todos los problemas con sus muertes. Según El País, les reprocha no haberles ayudado para hacer frente a sus problemas económicos, que los investigadores ahora tratan de averiguar de donde provenían, ya que ambos trabajaban y tenían la casa pagada. Calculan que solo Israel, que tenía desde 2009 un distintivo rojo por sus acciones en combate en Afganistán, cobraba un sueldo de más de 2.000 euros mensuales.

Dos familias enfrentadas en el crimen de La Orotava

El agobio económico, un posible crédito bancario, parece el trasfondo de este «familicidio», según el rotativo nacional, lo que ha dejado ver, no obstante, que las relaciones entre los miembros de ambas familias no eran buenas. «Él no se hablaba con la familia de ella»; «El padre de ella, un conocido bodeguero de aquí [La Orotava], Miguel El Bicho, le aconsejó a su hija que se separa de él»; «El hijo mayor, el único superviviente, no podía verle...», apunta El País. Son los comentarios de personas muy cercanas a Paula, que la veían a diario, y que evidencian que en esa relación no era, o no solo, tal y como mostraban la multitud de fotos —las niñas felices, con su madre de excursión, jugando con su hermano...— que llenaban las paredes de su casa.

Fuentes próximas a la investigación, no ocultan su sorpresa ante las declaraciones prestadas por los familiares, en las que ponen de manifiesto los problemas por los que pasaba la pareja —niegan malos tratos físicos—, pero ante los que nadie había hecho ni dicho nada. Los silencios de Paula con respecto a Israel eran así reproducidos y amplificados por su entorno. El caso, aunque no ha sido calificado todavía oficialmente como «de violencia de género o machista» por la Delegación para la Violencia de Género que lo investiga, sí ha sido así entendido y tratado como tal socialmente.