Tribunales / Caso Romina

Un vecino de Romina: «Nunca había olido así antes»

16/07/2019

Varios vecinos del Residencial El Palmeral, en Costa Teguise, donde vivían Romina Celeste y Raúl Díaz, declararon que el 1 de enero de 2018 vieron «llamas que sobresalían el muro» de la vivienda del acusado por la muerte de la paraguaya y «un olor que nunca había olido así antes».

Cuatro personas que vivían al lado del dúplex 1.110, donde Raúl Díaz manifestó haber incinerado el 1 de enero a Romina Celeste en una barbacoa que tenía en el jardín para luego trocear los restos y tirarlos al mar, comparecieron ante la magistrada Emma Fernández Lemus, titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Arrecife. El denominador común de todos los declarantes fue el mal olor y las grandes llamaradas que salían desde la vivienda del acusado y que fueron de tal magnitud que incluso llamaron al 112.

Una de las vecinas de Raúl Díaz dijo que «el 1 de enero pasó algo extraño ya que a las seis y media de la tarde mi pareja me dijo que mirara el fuego del vecino y vi que era alto y las llamas sobresalían el muro. Llamamos a la puerta –de Raúl– y no salió nadie», manifestó. La declarante dijo que «olía algo especial todo el día, desde las diez de la mañana», que «no podía explicar el olor y que nunca había olido eso antes. No era un olor de químicos sino algo muy intenso» que duró «todo el día». Al principio pensó que se trataba de «una barbacoa ya que era el primer día del año» y a lo mejor «se le habría ido de las manos», pero estaba alarmada ante unas llamas «que podrían tener una altura de un metro más alto que el muro», manifestó.

Estaba «tranquilo».

El marido de esta testigo añadió que «al ver el fuego, se lo dije a un vecino y cogió el control de la situación. Habló con él –en referencia a Raúl– y rápidamente apagó el fuego. Me sorprendió que una llama tan alta se apagara tan rápido», dijo, añadiendo que le era difícil describir el olor que despedía: «No era químico ni de barbacoa, era muy muy extraño, como de una barbacoa muy muy mala. Nunca había olido ese olor».

Los testigos no oyeron «discusiones ni voces» entre el 1 y el 7 de enero en la casa de Raúl Díaz

El vecino que llegó a hablar personalmente con Raúl Díaz declaró que ese 1 de enero «se escuchaban entre las 7.30 y 8.00 de la mañana ruidos en la vivienda» del investigado «como de muebles, nada de golpes secos. Era como si estuvieran arrastrando muebles», detalló. A continuación, empezaron a detectar «un olor desagradable, como a material sintético quemado y pensamos que estarían quemando el plástico de una barbacoa. Ya por la tarde, nos avisaron unos vecinos de las llamas y llamé a la casa de Raúl». Al principio no le abrió la puerta y por eso fue a su casa a decirle a su pareja «que llamara al 112». Mientras lo hacía, «salió Raúl y me dijo que era una barbacoa. Él estaba tranquilo y nos dijo que no nos preocupásemos, que iba a apagar el fuego». Raúl, según el testigo, tenía «los ojos vidriosos, como si se acabara de echar colirio y por eso creo que tardó en abrir la puerta, para denotar tranquilidad».

Todos coincidieron en que no escucharon discusiones ni voces y que entre el 1 y el 7 de enero no vieron más a Raúl, pero sí un coche aparcado en la puerta de su casa con el maletero orientado hacia el interior de la vivienda.

Romina dijo que quería «poner una denuncia» a Raúl.

Visita a Urgencias.

Una profesional del hospital Molina Orosa de Arrecife declaró sobre la visita que hizo Romina Celeste al Servicio de Urgencias después de haber sido presuntamente agredida por su esposo Raúl Díaz en la noche del 28 al 29 de diciembre. La misma afirmó en el juzgado que Romina llegó «bien, no parecía ansiosa y decía que la había agredido su esposo. Le miramos las constantes vitales y vimos que tenía hematomas varios en ambos brazos», declaró.

Sin «protocolo de agresión».

Añadió que estuvo con ella «tres o cuatro minutos» sobre las 6.45 horas y la pasó a la sala de espera: «Tenemos protocolo de agresión sexual pero no de agresión de violencia de género. Sé que el médico sí da parte a la policía, pero la enfermera solo da parte por el tipo de urgencia», añadió. Dijo que no sabía si tenía «la obligación de poner en conocimiento la espera de una paciente de violencia de género» ya que solo valoraba «la urgencia de las lesiones».

«Éste no me toca más».

La declarante manifestó que «Romina me dijo que quería poner una denuncia y me comentó que ‘éste no me toca más, lo quiero denunciar’, recordó. No hablé más con ella». A su vez, afirmó que en «una media hora el médico la habría visto» y que los protocolos «en el hospital no han cambiado nada a raíz de este caso». «Ella se remangó y me dijo que le pegó y que esto no lo hacía más». Luego, Romina desapareció «y no se a qué hora abandonó la sala».