Un final trágico que Romina veía venir

20/01/2019

Romina Celeste Núñez, una joven de Paraguay que buscó una mejor vida entre Madrid y Lanzarote, tuvo la mala fortuna de conocer y casarse con Raúl Díaz Cachón, un ingeniero acomodado, que está en la cárcel desde el miércoles como supuesto asesino de su mujer

Romina Celeste Núñez Rodríguez dejó Paraguay y viajó a España en busca de una nueva vida. En Ñemby, cerca de Asunción, quedó su hijo de corta edad, con la esperanza de tenerlo cerca en poco tiempo, una vez asentada. Fue en Lanzarote donde logró acomodarse, tras primeramente haber pasado por Madrid, donde vive su tía, Anastasia Servín.

Se afincó en Costa Teguise, en el residencial El Palmeral, junto con su marido, Raúl Díaz Cachón, un ingeniero madrileño con dos hijas, fruto de un anterior matrimonio, con quien creyó tener la estabilidad suficiente como hacer realidad su nueva vida, con su hijo, que siempre ha estado al cuidado de sus abuelos maternos.

Se equivocó Romina Celeste

Lejos de toparse con un hombre cariñoso y entregado, lo cierto es que acabó compartiendo techo con un adicto a las drogas, con mal carácter y muy dado a actuar con violencia; así como con nulas ganas de ser un buen padre de familia. Casados en agosto, días antes de contraer matrimonio ya presuntamente sufrió la joven malos tratos. Y hubo otros episodios en las semanas posteriores, hasta el punto de que incluso llegó a denunciar, si bien finalmente sin condena judicial.

Consta que a finales de diciembre la mujer estuvo en dependencias sanitarias, para ser tratada de nuevas lesiones. Y en esos días previos a su desaparición, presuntamente asesinada por su marido, llegó a realizar comentarios por mensajería instantánea donde daba cuenta del terror que estaba soportando. Romina Celeste era consciente de vivir en un infierno, con lo que ello de malo le podría suponer. Lastimosamente, acertó; sin tiempo para lograr la ayuda que en los mensajes pedía, temerosa de ser víctima de un crimen machista. Su cuerpo, troceado, cree la Guardia Civil que presuntamente fue arrojado al mar por Raúl Díaz Cachón.

Los investigadores se han topado con un sospechoso que ha dado muestras de manejarse con una enorme sangre fría. Solamente así se explica que incluso llegara a mostrarse relajado en la inspección del martes en el hogar familiar donde Romina Celeste perdió la vida, supuestamente a manos de un criminal machista. Lejos de parecer tener cargo de conciencia, el encartado (en prisión desde el miércoles, acusado de presunto asesinato u homicidio) se comportó con desparpajo, como si fuera de lo más natural esperar más de una semana para denunciar la desaparición de la pareja. Acudió a la Benemérita el 8 de enero dando la excusa de que eran frecuentes las ausencias prolongadas de su mujer tras una discusión.

Con el transcurrir de los días, probablemente muy sabedor de que estaba siendo investigado, hizo poco por ayudar a dar con Romina Celeste. Los agentes, no obstante, fueron atando cabos, gracias a los pinchazos telefónicos y al seguimiento del coche que alquiló, hasta que el domingo acabaron arrestando al sujeto, ya asumida que la desaparición no había sido voluntaria.

En su declaración ante la Guardia Civil, Raúl Díaz Cachón sí dijo entonces que su mujer había fallecido. Pero dando a entender que había muerto sin tener presunta autoría. Eso sí, precisó que fue el autor de la desaparición del cadáver. Cuando no hay cuerpo, siempre resulta más difícil aclarar la causa de una muerte. Y de ahí que presuntamente fuera superlativo el esmero del sospechoso por deshacerse de los restos. Hay evidencias de que Romina Celeste fue troceada y que también resultó quemada. Una profanación de cadáver de libro, con tal de con ello presuntamente encubrir un crimen mayor, un asesinato.