Recurrió al Supremo la sentencia que lo condenó a 52 años de cárcel

El pederasta de la batucada seguirá en prisión provisional

05/04/2018

La Audiencia ha desestimado la solicitud de libertad realizada por Eduardo Paz Alcalde, el director de la batucada Bessay de Puerto del Rosario condenado a 52 años de cárcel por abusar de nueve niños y producir y exhibir material pornográfico. Está a la espera de que se resuelva su recurso en el Supremo.

Según el auto emitido por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, el acusado Eduardo Paz Alcalde deberá seguir entre rejas a la espera de que se resuelva el recurso de casación que presentó en el Supremo debido a que «el acusado había cometido hechos muy graves siendo las víctimas menores y teniendo en cuenta que se trata de delitos de naturaleza sexual, el riesgo de reitereración delictiva no es en absoluto descartable y no puede asumirse por este órgano de enjuiciamiento por más que la sentencia no sea firme», manifiesta. Añade el auto que el hecho de que el acusado fuera a vivir en Madrid y no en Fuerteventura «no elimina este riesgo, pues evidentemente resultaría difícil que cometiera hechos semejantes con los mismos niños y niñas, pero sí podría cometerlos con otros».

Por este motivo el tribunal ha considerado necesaria la prórroga de la prisión provisional del acusado a la espera del Alto Tribunal en uno de los casos de pederastia más importantes de las islas. Eduardo Paz fue condenado como autor de ocho delitos de abusos sexuales continuados sobre menor de 13 años, otro de abuso sexual puntual sobre menor de 13 años, un delito de producción de material pornográfico relativo a menores de edad y un último delito de exhibición de material pornográfico a menores.

Llevaba a los menores de acampada.

Los abusos se produjeron entre 2013 y 2014. En esas fechas, era fundador, gestor y director de la batucada infantil y asociación cultural Bessay, integrada por niños de entre siete y 14 años, que ensayaban en el local de la calle Andalucía, de Puerto del Rosario. Durante los veranos se iban de acampada con el acusado, o bien a una finca suya en La Asomada o a Morro Jable. «En todas las acampadas» –detalla el fallo dictado por el magistrado García Sotoca– «se encontraban los menores acompañados del acusado, ya que sus padres, con plena confianza en él, dejaron a sus hijos bajo su cuidado y protección como única figura adulta, dada la tranquilidad y seguridad que suponía para ellos». Sin embargo, el procesado fallaba a esa confianza, y en diversas ocasiones manoseó los genitales de un menor en el local de ensayo, lo fotografió desnudo y, de acampada, aprovechó la ducha para, con la excusa de enjabonarlo, tocarle sus partes e introducirle un dedo en el ano. Con otros niños y niñas, y en la acampada, el acusado se metió en la ducha y les tocó sus partes íntimas. A una niña la fotografió mostrando las nalgas, y a otras dos niñas les mostró vídeos de actos sexuales de adultos.

Tienen secuelas.

Cinco de las víctimas manifestaron secuelas derivadas de lo hechos: enuresis (orinarse en la cama), irritabilidad, ataques de furia, temor a represalias, sintomatología compatible con experiencia traumática, conducta evasiva...