La doctora en Farcacia Daida Alberto en la botica en la que trabaja. / C7

Una tesis crea un sistema para detectar el riesgo de dependencia a los ansiolíticos

La investigación de Daida Alberto ha logrado el segundo premio Francisco Martínez Romero de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

La d octora en Farmacia por la Universidad de La laguna (ULL) Daida Alberto ha creado un protocolo que incluye un algoritmo, un árbol de decisión, «para que se pueda definir una forma rápida si el paciente tiene un riesgo de dependencia a las benzodiacepinas. En base a eso propongo una intervención farmacéutica», explica.

Con esta tesis, que se centra en la problemática del exceso de uso de estos fármacos, más conocidos como ansiolíticos y que se usan fundamentalmente para la ansiedad y el insomnio, ha logrado el segundo premio Francisco Martínez Romero de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria.

La intención, explica Daida Alberto, es optimizar los resultados de las terapias. «Hay que darle al paciente educación sanitaria. Que el paciente entienda que estos fármacos tienen efectos secundarios». De hecho, abunda, en el estudio que incluye su tesis los pacientes llevaban utilizando benzodiacepinas una media de seis años y medio cuando el «consumo máximo no debería ir más allá de doce semanas o, lo que es lo mismo, tres meses».

Son fármacos adictivos

El problema de la sobremedicación con este tipo de fármacos es que son adictivos. «Afortunadamente en la farmacia tenemos mucha fidelización con los pacientes y confianza. Y con minientrevistas clínicas, con ciertas preguntas, te vas dando cuenta de que quien puede tener dependencia, por el tiempo que lleva tomándolas, o porque al principio le funcionaba y ya no porque hay tolerancia. Las benzodiacepinas hacen que cada vez se necesite más dosis. Como agentes de salud tenemos la capacidad detectar y hablar con el paciente y proponer alternativas», comenta.

«En función de la patología y de los síntomas del paciente contamos con un amplio arsenal farmacológico que no necesita prescripción incluyendo plantas medicinales y fitoterapia. El manejo del insomnio y de la ansiedad forma parte de nuestro día a día y podemos incluir medidas no farmacológicas como técnicas de relajación o hábitos del sueño», añade.

El problema es que buena parte de las personas que toman estos medicamentos van al médico pidiendo precisamente «la pastilla». Sobre el porqué Daida Alberto excusa posicionarse. «Eso es ya un tema antropológico», dice, pero «estamos ante un problema de salud clave. Ya España es el primer país que más consume benzodiacepinas, por delante de Estados Unidos, y según los datos de la Agencia Española del Medicamento, donde se puede ver la tendencia de los últimos años, sigue subiendo».

Retirarlo tampoco es sencillo. El paciente puede sentir el síndrome de abstinencia. «Lo mejor es la acción conjunta de equipos de salud para conseguir eficazmente la retirada del fármaco. Una retirada brusca causa síndrome de abstinencia que provocará más ansiedad y más insomnio, palpitaciones, náuseas...». Además, son un medicamento que se toma a cualquier edad y «hay un aumento preocupante de jóvenes y adolescente» tomando benzodiacepinas, añade.

Los grupos de riesgo: mujeres, mayores de 65 años y personas dependientes

Las personas que tomas benzodiacepinas aumentan el riesgo de deterioro cognitivo, de tener problemas de memoria e incluso de sufrir accidentes por el exceso de sedación. De hecho, en personas mayores un 17% de las caídas y roturas de cadera parecen estar relacionada con esto. «Hace falta establecer la correlación, pero es una señal de alarma», explica la doctora en Farmacia Daida Alberto.

La especialista llama la atención sobre el mayor porcentaje de mujeres medicadas con benzodiacepinas que de hombres. «En el estudio de mi tesis era un 66% de mujeres y esto puede tener una causa multifactorial. No vamos a ir en contra de la prescripción médica, pero las benzodiacepinas hay que tomarlas de una forma segura y efectiva y reducir el tiempo de consumo a tiempos prudenciales. Ahora el Gobierno canario está tomando medidas para que se limite a tres meses, aunque a veces es difícil porque no tenemos tantos psicólogos clínicos».

«En mi tesis recogí datos durante seis meses de 127 pacientes con 46 variables. Medimos la calidad de vida, el deterioro cognitivo... Al final detecto tres grupos de riesgo: mujeres, el paciente dependiente y los mayores de 65 años».

Alberto también recuerda que con la pandemia aumentó el consumo de benzodiacepinas y lamenta lo complejo que es después que el paciente pida dejar los ansiolíticos. En el grupo con el que trabajaba en su tesis lo logró con un 2%, «todos estaban asustados por dejarlas», afirma.