Borrar
Texeida con su madre en casa, haciendo los cuadernos Rubio donde colorea formas y sigue los trazos de caligrafía. cober

La nueva vida de Texeida: no puede ir a donde más lo necesita

DISCAPACIDAD ·

Al cumplir 21 años la joven tuvo que dejar de ir al centro de educación especial. Lleva casi dos años pendiente de entrar en uno ocupacional, pero la lista de espera en Gran Canaria supera el medio centenar de personas

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 13 de febrero 2023, 01:00

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Cuando Texeida era pequeña, le dijeron a su madre que no caminaría ni hablaría debido a la lesión cerebral con la que nació. Cuando un día llegó del colegio y dijo que sabía atarse los zapatos su madre no se lo creía. Pero era verdad. «En el cole se siente más útil, y sus capacidades crecen», señala su madre. Texi hoy no solo camina, sino que hace deporte, baloncesto, y desde hace unas semanas va a ballet adaptado. A donde no puede ir es a donde más lo necesita.

Hasta hace dos años, Texi, como le gusta que la llamen, esperaba cada día a las 7 de la mañana, de lunes a viernes, la guagua en la que iba al colegio. Y aunque no tiene un concepto del tiempo similar al de la mayoría de las personas, porque «para ella hasta el miércoles puede ser lunes», dice su madre, Ruth Santana, integrarse en el sistema educativo le estructuró su vida en torno a una rutina con la que aprendió a desarrollar sus capacidades.

La joven se pasa el día con su abuela mientras su madre va a trabajar. En la imagen, jugando con la tablet.
La joven se pasa el día con su abuela mientras su madre va a trabajar. En la imagen, jugando con la tablet. cober

Ayuda para la vida diaria

Texeida es una persona con una discapacidad intelectual del 77% que necesita ayuda para su vida diaria. Fuera del entorno familiar «se aprende más» porque no hay «esa sobreprotección», explica Ruth. Al cumplir 21 años Texi ya no pudo ir al colegio. A esa edad se acaba la formación reglada y la opción educativa que le queda es un centro ocupacional. Pero, a diferencia del resto de la juventud de su edad, que puede elegir entre una amplia oferta de estudios y centros, Texi y las personas como ella, deben esperar a que se quede una plaza pública o concertada libre dada la escasa oferta existente en las islas.

Tras casi dos años sin ese recurso la madre de Texi reconoce un «retroceso» en la autonomía personal de la joven. «Al principio fue como unas vacaciones, pero, poco a poco, fue dándose cuenta de que no iba al colegio, de que sus primas sí iban y ella no» y eso le afectó anímicamente, porque no entiende los motivos por los que no se le permite asistir. «Tengo muchas amigas», dice Texi, amigas a las que ahora ya no ve como le gustaría.

Texeida mostrando cómo se ata las zapatillas. Es una de las habilidades que aprendió en el centro al que iba.
Texeida mostrando cómo se ata las zapatillas. Es una de las habilidades que aprendió en el centro al que iba. cober

En casa con la abuela

Hasta que Texi alcanzó la adolescencia, la vida laboral de Ruth Santana estaba muy limitada. «Alguien tiene que estar. Cuando se dice que uno está 'a cargo de una tercera persona' lo que quieren decir es que alguien tiene que sacrificarse en la unidad familiar». En la actualidad, sale a trabajar como monitora de transporte escolar a las seis de la mañana y regresa por la tarde. Durante ese tiempo, Texi se queda en casa con su abuela. Su rutina consiste en hacer tareas domésticas: «recoger, limpiar, ordenar.. algunas actividades de escritura, pintar y mucha tablet», dice su madre, consciente de que en el centro de educación especial al que iba Texi recibía el apoyo profesional que requiere para poder desarrollar sus propias potencialidades. Ahora, lamenta su madre, «le intentamos crear la rutina que tenía y ya no tiene, pero sin la parte educativa y formativa, que se ve limitada porque nosotras son sabemos. No tiene nada que ver su rutina anterior con su vida ahora. Es como cuando alguien se jubila: termina su rutina laboral y empieza a hacer otra cosa. Pero a ellos se les para su rutina educativa y social, toda la vida que conocían antes. Y esto les pasa a todos los que cumplen 21 años y se van a casa». De hecho, el Gran Canaria hay al menos 40 familias en esta situación, familias que demandan plazas en centros y que han constituido la plataforma '¿Y ahora qué hacemos?'.

Ruth señala que «la discapacidad hoy no es como hace 30 o 40 años», cuando incluso se llegaba a ocultar a las personas como Texi. «Se ha ganado mucho», pero se pone en peligro al no contar con suficientes plazas ocupacionales como la que necesita. Un centro ocupacional para personas con discapacidad coadyuva a que la persona se integre laboral y socialmente y proporciona una ocupación terapéutica que fomenta su autonomía personal. Se suponía, dice Ruth Santana, que a la educación hasta los 21 años le seguía esta otra, que trabaja otros aspectos.

Lista de espera en Gran Canaria: 61 personas

Ruth denuncia la lista de espera que hay en estos centros. En Gran Canaria, según datos del Cabildo insular, que tiene las competencias en esta materia, la lista de espera es de 61 personas, aunque no todas, aclaran fuentes de la corporación, son mayores de 21 años, por lo que no optarán a una plaza hasta cumplir esa edad. En la isla de Tenerife, según dijo la consejera de Derechos Sociales, Noemi Santana, la pasada semana, la lista de espera es de 77 personas. El problema es que quien entra en un centro ocupacional puede seguir ocupando esa plaza por tiempo indeterminado. A ello se une que no existen recursos de transición, es decir, el tiempo que Texi esté esperando por una plaza en un centro ocupacional es tiempo que estará en su casa sin recibir ese apoyo educativo que tanto necesita.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios