Confinada en la carrocería de su coche

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08/04/2020

Luz Marina Hernández vive dentro de su coche en un aparcamiento en Arinaga tras salir de la casa en la que vivía en La Isleta, ahora precintada. Su versión de su lucha estos años ha sido la de solicitar una ayuda para acceder a una vivienda.

La presencia de Luz Marina destaca por el punto blanco de su Dacia sobre la marea de asfalto de una de las zonas abiertas de aparcamiento de Arinaga. Allí, confinada en la carrocería de su vehículo vive estos días de pandemia. También los que se vivieron antes.

Su historia no es nueva aunque ha tenido un nuevo giro. Los hay que aseguran que han intentado ayudarla y no se ha dejado. Pero lo cierto es que lleva más de 15 años rodando por Gran Canaria mientras pide que alguien le ayude para conseguir una casa.

«Llevo 16 años pidiendo al Gobierno de Canarias. Pero a nadie le importa mi situación», refiere desde el interior del vehículo en el que se ha convertido su hogar.

Este periódico se hizo eco de la situación de Luz Marina en noviembre de 2018. Por aquel entonces vivía en una casa abandonada en la calle Andamana, en La Isleta. El techo se estaba cayendo sobre su cabeza, y la imagen no era para nada literaria. Era la cruda realidad.

Un día la casa sufrió un pequeño incendio y fue precintada por la Policía Local. Desde entonces fue complicado dar con su paradero; ni siquiera líderes vecinales de los que conocen cada detalle del barrio al instante fueron capaces de ubicarla.

Hasta que apareció en la zona de El Roque, en Arinaga. «He ido desde Gánigo a todos los centros y me han dicho que me tengo que ir cuando pasa un tiempo. ¿A dónde? Si no tengo a donde ir», explica ante la enésima ocasión en la que se le pregunta cómo ha llegado hasta allí.

En su vehículo tiene algunos víveres y enseres de limpieza. Allí es donde hace su vida. Lo más duro es atender sus necesidades fisiológicas. «Me pago mis cosas con una paga que tengo», asegura.

Una larga historia

Como ella mismo aclara, la suya es una historia de largo recorrido. «Tenía un negocio y vivía en Arinaga, me encantaba estar allí porque me daba una sensación de paz tremenda. Pero cuando llegó la crisis perdí mi empresa y, por una cantidad de dinero muy pequeña, el banco me quitó la casa. Me arruiné y el banco me comió. Desde entonces he pedido ayuda a las administraciones, una vivienda al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, pero la respuesta que siempre me dan en servicios sociales es que no hay vivienda para mí», exponía a este periódico el 3 de diciembre del pasado 2018.

Tras la publicación del estado en el que vivía el Diputado del Común dijo que iba a abrir una investigación de oficio sobre su situación y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que era conocedor de sus reclamos, aseguró que no podía hacer nada por ella.

Un año y medio después la realidad es que la vida de Luz Marina Hernández ha cambiado. A peor. Habitando ahora en un coche.

«Los que supuestamente son los trabajadores del pueblo, los políticos, no tienen interés en lo que nos pasé. Les da igual la situación en la que está Luz Marina. Pero antes de Luz Marina han muerto sin ayuda muchos antonios o franciscos», señala desde el interior del vehículo.

Muchos aseguran haber intentando ayudarla sin éxito

Luz Marina sigue con una vida errante que hace mucho tiempo que superó los límites de la normalidad. Lo único que ha cambiado es el escenario de sus penurias. Allá en La Isleta toda su compañía se reducía a una pequeña radio que sonaba prácticamente durante las 24 horas y que la tenía al tanto de una realidad social que no lo era para nada ajena.

Ahora ha mudado su desgracia. Engullida por la crisis económica y ahora enfrentando desde la crudeza de la intemperie la guerra silenciosa contra una pandemia de consecuencias todavía desconocidas. A la que se enfrenta desde su particular refugio con una mascarilla protectora en el rostro.

Una forma de vivir desgarradora. Desde distintas instituciones hasta personas a nivel individual aseguran que han tratado sin éxito de convecerla para buscar alternativas que no pasen por una vivienda. Sin éxito.