A la Peña, mejor por la mañana

21/09/2019

Vega de Río Palmas se llena desde temprano de peregrinos que aprovechan el fresquito para caminar hasta el santuario de la patrona insular. A las 11.00 horas se citan desde hace cinco años y se hacen la correspondiente foto ante la ermita los clubes ciclistas, en esta ocasión acudieron siete del total de once

El santuario de Vega de Río Palmas, en el municipio de Betancuria, desde por la mañana bulle de peregrinos que huyen de los calores del mediodía y la tarde para venir caminando desde cada pueblo o desde Antigua. La mañana del viernes también es cosa de los ciclistas, puesto que los once clubes de la isla se citan a las 11.00 horas ante la ermita para, de grupito en grupito, haciéndose la foto con las bicicletas.

La faz de Vega de Río Palmas cambia según las horas y la solajera. Empezando por el final de la jornada de peregrinación: la noche es para los jóvenes que buscan fiesta y más fiesta; la tarde, de la romería, las faldas de vuelo, los calados majoreros, los fajines y las camisas blancas; la mañana en cambio es de las lycras negras, los zapatos de senderismo y las mochilas para el bocadillo y la botella de agua, más el color de los siete clubes de ciclistas que finalmente acuden a la cita de las 11.00 horas.

La llamada de la mañana a la peregrinación también se palpa en el barranco, donde apenas hay coches, pero sí peregrinos que buscan la poca sombra de los tarajales y las palmeras. Por la montaña de Antigua, pocos se atreven cuando se va acercando al mediodía.

La mañana ofrece además la posibilidad de ser atendido y ¡sentarse! en los numerosos ventorrillos que festonan la plaza de la iglesia. Todo un lujo echarse el plato de carne de cochino, el pepito o la salchipapa sin colas ni rebotallos. La misma comodidad la da la mañana a los fieles que se acercan a la tienda de recuerdos de la Virgen de la Peña en la trasera de la ermita o los que, claro que sí, gustan de recuperar fuerzas comprando los tradicionales turrones.

Por la tienda de recuerdos marianos pasó Domingo Hernández Marichal, de 35 años y vecino de Puerto del Rosario, tras conquistar el santuario caminando desde Antigua, de donde partió a las seis de la mañana acompañado por su familia, entre ellos su hijo Abián. Con el niño y un ramo de flores en la mochilas, entró en la ermita por promesa de salud y en recuerdo de su madre fallecida hace dos años, que le traía desde pequeño a Vega de Río Palmas cada tercer sábado de septiembre.

Pedaleando a la Peña

A lomos de las bicicletas, salieron desde Tesejerague, Tarajalejo, El Palmeral, Tuineje y La Calabaza los deportistas del Gran Tarajal Bike. Es uno de los siete equipos ciclistas que acudió a la cita insular. Se formó en 2014 y desde hace cinco años pedalean hasta la Peña. Algunos vuelven en bici hasta Antigua y otros reconocen que «si me llevan a casa, mejor».

Cuando se disipan los ciclistas, la mañana del día de la peregrinación se convierte en una fiesta: la fiesta de los sentidos. La cantería blanca de la portada de la ermita oficia de llamada, las sopladeras camufladas de personajes de Disney retan al cielo cercano con sus colores y el ruido de papel de las banderillas suena como un secreto al oído. Si por un momento, se cierran los ojos -y sobre todo se deja de saludar a las decenas de conocidos- se perciben los olores que rodean al santuario y que confirma que sí, que esto es la fiesta de la patrona: la caricia del algodón de azúcar, el cochinillo friéndose en el ventorrillo, la sal de los tollos y los pejines en el puestito de siempre y la devoción que se mira en el alabastro de la imagen de la Peña.