Jaula y arco iris

CC: una propuesta chiripitifláutica

12/03/2018
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Tras meses de sesuda reflexión, CC ha dado a conocer su propuesta de reforma electoral lampedusiana, consistente en incrementar tres diputados: uno en Fuerteventura, que pasaría de siete a ocho, igualándola así con La Palma que tiene ocho pese a contar con mucha menos población, y los dos restantes, uno para Gran Canaria y otro para Tenerife; así como una bajada de topes, del 30% insular y el 6% archipelágico actuales al 15% y el 3%. Propuesta a la que, suavemente, se le puede calificar de chiripitifláutica. Aunque sería más precisa alguna expresión más dura y contundente, casi como el título de una película protagonizada por Robert Redford. Y no me refiero a El golpe.

Frente al sistema electoral más injusto y desproporcional del Estado español, así como a nivel mundial, la propuesta de CC suena a auténtica falta de respeto al electorado, a los otros partidos políticos y, en fin, a la democracia. El resto de formaciones políticas –que conjuntamente suponen el 80% del voto ciudadano- ha hecho un enorme esfuerzo, sacrificando sus posiciones de partida, para alcanzar un punto de encuentro. CC les manda un mensaje que se parece más a un corte de mangas que a otra cosa.

No está claro si es un planteamiento que intenta disfrazar su inmovilismo con unos cambios imperceptibles e inaceptables o, simplemente, se trata de una burla manifiesta por parte de los que están intentando por tierra, mar y aire mantener lo que hay, aunque esto suponga continuar desvirtuando el valor del voto y degradando la democracia en el Archipiélago. Sería igual si, para el Congreso de los Diputados, alguien formulara dar dos escaños a Madrid y otros dos a Barcelona para arreglar la actual desproporción entre territorios. Nadie se lo tomaría en serio.

protestas. En los últimos meses hemos escuchado distintas protestas por la desproporcionalidad del valor del voto en Cataluña y en España. En el primer caso, algunas formaciones políticas han denunciado el diferente valor del voto entre Lleida y Barcelona que es solo de 2,25, lo que en nuestra comunidad sería casi un lujo democrático. O el que se produce en las elecciones generales entre Soria y Madrid que es de 3,99. O, en esos mismo comicios, entre Ávila y Barcelona, que alcanza 3,30.

Comparadas con las que hay en Canarias todas parecen muy razonables. En nuestra tierra la desproporción del valor del voto alcanza niveles que multiplican por cinco las máximas de otras comunidades o de España: El Hierro-Tenerife (16,9), La Gomera-Tenerife (10,68), La Gomera-Gran Canaria (9,95)...

Quitando la desproporción pequeña y razonable entre Gran Canaria y Tenerife, que es de 1,07, las desproporciones más bajas que se producen en las islas, Fuerteventura-Gran Canaria (3,46) o Lanzarote-Gran Canaria (3,12), son las únicas que resisten comparación con las que en el Estado los medios de comunicación y muchos partidos políticos consideran un disparate. Dicho de otro modo, las más razonables nuestras, las menos exageradas, se codean con las peores de las diferentes nacionalidades y regiones, así como del conjunto de España, las que están originando controversias y llevado a algunas formaciones a plantear una reforma del sistema electoral.

triple paridad. La propuesta de CC rompe, poquito eso sí, con la triple paridad. Al pasar Gran Canaria y Tenerife a 16 escaños cada una, estas sumarían 32 y superarían en uno a las islas no capitalinas que, con el añadido a Fuerteventura, tendrían 31 Se acaba también con la paridad entre islas occidentales y orientales, manteniéndose solo la igualdad entre las dos islas más pobladas, para dolor de don Carlos Alonso.

Con la inclusión de esos tres nuevos escaños la desproporción apenas varía. Se reduce un punto porcentual entre El Hierro y Tenerife, al pasar del 16,9 al 15,85, lo que en porcentajes vendría a ser un 6,21%. El modelo pactado entre PSOE, PP, Podemos y Nueva Canarias lo reduce en 3,6 puntos y un 21,30%.

Es más, la propuesta de CC incrementa la desproporción entre territorios en el caso de Fuerteventura. Si hoy la desproporción entre la isla majorera y Gran Canaria es de 3,46, con el planteamiento de CC aumenta hasta el 3,71, incrementándose, por tanto, en un 7,22%. Mientras que con el moderado modelo de reforma de la mayoría parlamentaria, creciendo Fuerteventura también en un escaño, la desproporción baja hasta 3,12, una bajada de casi el 10%.

La desafortunada propuesta de CC, su práctico intento de bloquear cualquier cambio por modesto que sea del actual sistema electoral de las Islas, obliga al resto de formaciones políticas a ser consecuentes. Si en el Parlamento de Canarias es imposible modificarlo (al exigirse los dos tercios, es decir 40 de los 60 escaños, lo impedirían 21 votos, los 18 de CC y los 3 de Casimiro), no queda otra vía que la reforma del Estatuto de Autonomía que actualmente se está tramitando en el Congreso de los Diputados.

No es lo más deseable, pero sí que parece, por la obcecación de CC, lo único posible. Y, tal vez, llegado el caso, no habría que ser tan moderados y abordar una reforma mucho más profunda acercando la proporcionalidad a datos más homologables con el resto de comunidades autónomas. Hay distintas fórmulas para lograrlo.

No es un problema de capricho ni de plantearse a quién beneficia uno u otros modelos. Sino de lograr que, reduciendo las barreras y aumentando la proporcionalidad, la representación en la Cámara canaria se parezca a lo que los ciudadanos y ciudadanas expresan en las papeletas y que se reduzca el actual e insostenible abismo del valor del voto entre territorios. Es un problema, simple y llanamente, de salud democrática.