El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, y la primera ministra del país, Sanna Marin. / foto: afp | vídeo: ep

Finlandia oficializa su candidatura a la OTAN y acaba con décadas de neutralidad

La Alianza sopesa reforzar la presencia militar en el Báltico para garantizar su seguridad durante los meses de transición

SALVADOR ARROYO

Finlandia abre «una nueva era»; pone fin a setenta años de no alineamiento militar y emprende el camino hacia su integración en la OTAN. El país escandinavo hizo ayer oficial su candidatura, ignorando las amenazas de Moscú, y con un respaldo social sin precedentes –del 76% según una reciente encuesta de su televisión pública–. Un anuncio trascendental que capitalizó la atención internacional y que se lanzó con el ceremonial propio que requiere el salto histórico.

El presidente, Sauli Niinistö, y la primera ministra del país, Sanna Marin, comparecían por la mañana de forma conjunta en rueda de prensa para anunciar que a lo largo de esta semana Finlandia tramitará oficialmente la petición ante la sede de la organización militar en Bruselas. Antes tendrá que ser ratificada por el Parlamento nacional. «Entramos en una nueva era histórica», destacaba el mandatario nórdico. Y no es baladí.

Finlandia comparte 1.300 kilómetros de frontera con Rusia y su entrada en la OTAN, estratégicamente, permitirá apuntalar uno de los flancos más endebles de la Alianza, el del mar Báltico. Una expansión que hasta la embestida sobre Ucrania la organización militar occidental no imaginaba que pudiera producirse. Hay que tener en cuenta que han transcurrido dieciocho años desde la adhesión de las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania).

A partir de ahí, las incógnitas. La primera, ¿cuánto durara el periodo de transición? Marin confió en un proceso de ratificación «tan rápido y fluido como sea posible», precisando, además, que «ningún miembro de la organización ha avisado de problemas al respecto».

Era la obligada referencia a las declaraciones el viernes del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; matizadas el sábado por su portavoz desde Estambul; y que este domingo el responsable de Exteriores encauzaba algo más, pero con ambigüedad. «No nos oponemos a la política de puertas abiertas de la OTAN, pero gente que se reúne con terroristas (en alusión a los kurdos) no puede pertenecer aquí, y así lo seguimos manteniendo», decía Mevlut Cavusoglu.

Lanzaba el mensaje desde Berlín, al término de la cumbre informal de cancilleres de los 30 países aliados, que se ha celebrado durante el fin de semana. Cierta tensión en sus palabras. Pero la sensación general era otra. Difícil de imaginar que Erdogan tense la cuerda hasta el extremo de quebrarla. El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, dijo haber detectado un «apoyo fuerte de forma generalizado». Y la anfitriona del encuentro, la alemana Annalena Baerbock, tras recordar que Finlandia y Suecia vienen colaborando desde hace años con la Alianza e incidir en el abrazo a los nórdicos, lo dio por hecho con un «si estáis listos, nosotros estamos listos».

Hasta Jens Stoltenberg, obligado a la cautela y a tender puentes, aseguraba que Turquía no pretende «bloquear» la adhesión sino que se aborden sus preocupaciones. Así que, aparentemente, la incorporación 'exprés' no está en riesgo. La cumbre de la OTAN que se celebrará en junio en Madrid será la que marque el paso. Varios meses de transición, hasta un 'sí' formal que como muy tarde llegaría en 2023.

Volviendo a las incógnitas. La segunda. Mientras los dos nórdicos no obtengan el estatus de aliados, la OTAN no puede activar el artículo 5 de defensa mutua. Y_el temor a una agresión de Moscú requiere un plan de contingencia que atenúe su desproteción. ¿Cómo se diseñará? El secretario general Stoltemberg –que compareció de forma telemática desde Bruselas– apuntó a una de las claves que se han venido barajando las últimas semanas. «Buscaremos formas de dar garantías de seguridad, incluyendo aumentar la presencia de la OTAN en el Báltico y dentro y alrededor de Suecia y Finlandia», algo que, por supuesto, tendrían que autorizar ambos gobiernos.

Y_la tercera incógnita. ¿Hasta qué punto queda dañada la relación bilateral entre Helsinki y Moscú? El presidente finlandés confirmaba en la rueda de prensa de ayer la carga de profundidad que reflejaba la comunicación oficial que lanzó el Kremlin el sábado. Aquella amenaza velada por el acercamiento a la OTAN que Putin calificó de «error». La síntesis rusa, en suma, de la conversación telefónica que (por cortesía finlandesa) se produjo entre Niinistö y el inquilino del Kremlin.

Niinistö optó por no ahondar. Pero sí recordó que el giro geoestratégico que da su país no cambia la fisonomía de las fronteras. Continúa existiendo una enorme línea de vecindad tanto terrestre como marítima entre los dos Estados. «No dudo de que Rusia siga dispuesta a continuar con las obligaciones diarias» que redundan en el «interés» de las dos partes. De hecho, se apoyó en el ejemplo de Noruega, miembro de la Alianza Atlántica desde su fundación en 1949. Y también con linde física con Rusia.

La reunión ministerial de Berlín analizó la evolución del conflicto que lo ha desatado todo. Y Stoltenberg pareció venirse arriba. «La guerra de Rusia en Ucrania no va como Moscú había planeado. No lograron tomar Kiev», recordaba a los periodistas desde Bruselas, donde guarda el periodo de confinamiento obligado por la ley belga tras dar positivo por coronavirus.

«Se están retirando de Járkov y su principal ofensiva en Donbás se ha estancado», resumía el noruego, que no dudó en asegurar que «Ucrania puede ganar esta guerra». La OTAN mantiene confirmó este domingo que continuará proporcionando ayuda militar militar a Ucrania «el tiempo que sea necesario». Lo que dure la guerra. Indeterminado.

Suecia también se suma a la adhesión

La adhesión simultánea de Finlandia y Suecia comenzó también este domingo a consolidarse –es, de hecho, el escenario que se viene dando como más probable– después de que el Partido Socialdemócrata, al que pertenece el gobierno sueco, lanzará un comunicado en el que se compromete a «colaborar en una candidatura de Suecia a la OTAN». Un paso significativo hacia adelante que diluye, aparentemente las divergencias internas respecto a un eventual alineamiento militar.

En la comunicación, el partido que lidera la primera ministra, Magdalena Andersson, de hecho, se subraya el rechazo a que el país llegue a albergar bases permanentes de la OTAN o armamento nuclear. Algo que no se requiere para la adhesión.

El viraje de los socialistas responde a un respaldo social al alineamiento militar que también en este país se hya disparado tras la invasión de Ucrania. Hace apenas un mes, los medios del país reflejaban que el apoyo a la integración se movía en niveles cercanos al 60%, algo inédito en otro país que ha hecho bandera de la neutralidad. Aunque nada más estallar la guerra (también Finlandia) ya se implicó con el envío de equipamiento bélico a Kiev.