El primer ministro japonés, Fumio Kishida (en primera línea, en el centro), ha presentado este miércoles su nuevo Gabinete en su residencia oficial de Tokio / afp

La sombra del asesinato de Abe fuerza un cambio de Gobierno en Japón

Fumio Kishida trata de contrarrestar la pérdida de apoyo popular después de conocerse los lazos de varios ministros con la organización religiosa vinculada al asesinato del exmandatario

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

El primer ministro japonés, Fumio Kishida, ha acometido este miércoles una profunda remodelación de su Gabinete, apenas un mes después de las elecciones parciales de 10 de julio en las que el gobernante Partido Liberal Demócrata (PLD) confirmó la mayoría necesaria para impulsar cambios en la Constitución. La razón, frenar la fuerte caída del apoyo público al Ejecutivo y cortar de raíz cualquier vínculo sospechoso con la Iglesia de la Unificación, el grupo religioso que está en el ojo del huracán tras el asesinato del ex primer ministro nipón Shinzo Abe, después de conocerse que varios de sus ministros estaban ligados a la misma.

El pasado 8 de julio un antiguo militar de 41 años llamado Tetsuya Yamagami asesinó a tiros a Abe mientras participaba en un mitin electoral del PLD en la ciudad de Nara. El agresor confesó a la policía que cometió el crimen porque guardaba un «fuerte resentimiento» hacia el exmandatario por la ruina de su familia. Su madre había entregado todos sus ahorros a la Iglesia de la Unificación, a la que Abe estaba vinculado. No tanto por motivos religiosos, sino porque compartían un ferviente anticomunismo. El exdirigente incluso había participado en alguno de los eventos de la organización junto a su amigo, el expresidente estadounidense Donald Trump.

En realidad, Yamagami nunca desveló el nombre de la organización religiosa que había arruinado a su familia, pero los medios locales, citando informes policiales, apuntaban a que se trataba de la Iglesia de la Unificación.

La organización ha montado en cólera por esta vinculación. El presidente de la rama japonesa, Tomihiro Tanaka, ha ofrecido este miércoles una conferencia de prensa en la que ha arremetido contra los medios de comunicación. A su juicio, la cobertura «odiosa» y «falsa» que se ha realizado constituye una «persecución religiosa» y una «violación de los derechos humanos».

«Nosotros nunca hemos cometido actos violentos ni asesinatos», ha subrayado, pero la iglesia está recibiendo «amenazas de muerte» y algunos de sus miembros, ha desvelado, se quejan de abusos en su contra, incluido el acoso a sus hijos. No obstante, ha admitido que la organización que preside tiene intereses en común con el PLD, «fundamentalmente una oposición al comunismo».

Fundada en 1954 en Corea del Sur por el reverendo Moon y conocida en todo el mundo por sus bodas multitudinarias, la Iglesia de la Unificación tiene tres millones de seguidores, a los que se apoda despectivamente como los 'Moonies'. Varios de sus miembros han sido detenidos en Japón por amenazas para obtener financiación, como por ejemplo el uso del 'karma ancestral'.

Los retos

Tras el asesinato de Abe, salió a la luz que varios de los miembros del Gobierno estaban vinculados a esta iglesia, lo que desató la indignación y acarreó la consiguiente pérdida de apoyo popular del Gobierno. Con el objetivo de frenar esta caída, Kishida ha reemplazado a nueve ministros y movido de cartera a otros cinco. En total, ha habido cambios en 14 de los 19 ministerios.

Uno de los más relevantes es el del titular de Defensa. Asume el cargo Yasukazu Hamada, político de amplia trayectoria que llega a un puesto clave, toda vez que Kishida prometió aumentar el presupuesto militar. La reciente tensión en el estrecho de Formosa entre China y Taiwán sin duda será un reto para el nuevo ministro.

Otros desafíos para el renovado Gabinete serán los coletazos de la pandemia del covid y las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania, especialmente el aumento del coste de la vida. La inflación se situó en el 2,2% en junio y acumula tres meses seguidos por encima del 2% fijado por el Banco de Japón, lo que supone el mayor aumento desde 2016.