Vecinos de Pekín se someten a pruebas del coronavirus en una zona residencial bajo bloqueo debido a las restricciones sanitarias. / AFP

China defiende su política de covid-cero pese a las históricas protestas

En su primera reacción oficial, el Gobierno niega que las manifestaciones critiquen las medidas sanitarias y achaca la crisis a la ejecución de las administraciones locales

JAIME SANTIRSO Pekín

El Partido Comunista ha escuchado las quejas de la sociedad china, pero no tiene mucho que decir al respecto. Las autoridades tomaron este martes la palabra durante una rueda de prensa ordinaria de la Comisión Nacional de Salud, su primera intervención tras las históricas protestas que han llevado a las calles de las principales ciudades del país a cientos de ciudadanos exasperados con la política de covid-cero.

Durante el evento, el organismo ofreció su lectura de las demandas populares. «Los problemas denunciados recientemente por el público no están dirigidos contra la prevención y el control de la pandemia en sí, sino que se centran en la simplificación de las medidas frente a acciones generalistas de aplicación arbitraria», defendió el portavoz Cheng Youquan, culpabilizando de manera implícita a la ejecución por parte de los niveles inferiores de la Administración.

«Seguiremos esforzándonos por seguir afinando la política [de covid-cero] para reducir su impacto en la sociedad y la economía». La también representante Mi Feng despachó con esta ambigua respuesta la pregunta de si las manifestaciones llevarán al Gobierno a «reconsiderar» su estricto protocolo.

La ausencia de un esperado cambio de rumbo en su discurso no satisfizo las exigencias de la población, levantada en desobediencia cívica contra una estrategia sanitaria que desde hace más de dos años y medio asfixia la vida cotidiana en el país; tampoco las del peor rebrote desde el comienzo de la pandemia, que continúa avanzando de manera irremediable.

Posible reapertura

Sin embargo, no todas las respuestas gubernamentales se producen en las coreografiadas ruedas de prensa. Los medios estatales también cumplen con su cometido. 'Beijing News' publicó este martes una extensa entrevista en la que varias personas recuperadas tras infectarse de covid -todavía rara avis en China- compartían su experiencia; todas ellas muy positivas, como no podía ser de otro modo.

La propaganda trata así de apaciguar el mismo miedo que alimentó al publicitar el caos en países occidentales durante los meses más duros de la pandemia, a principios de 2020, como prueba de la superioridad de su modelo autoritario frente a las democracias liberales. Hace tiempo que el discurso político ha abandonado este argumentario, no obstante, ante el poco favorecedor curso de los acontecimientos.

Cada vez más rumores apuntan que China estaría ultimando una liberalización, tan sustancial como apresurada, de su campaña sanitaria. Por un lado, el rebrote actual ha adquirido ya dimensiones sin precedentes, como demuestra el hecho de que el cómputo diario haya encadenado cinco máximos consecutivos. En las últimas veinticuatro horas se ha mantenido estable en cotas alrededor de los 40.000 contagios, pero su intensidad y extensión geográfica vuelve inviable la aspiración de regresar al cero.

Por otro, la sociedad ha expresado alto y claro no estar dispuesta a asumir las restricciones vigentes, mucho menos un recrudecimiento de las mismas. Esto deja a China sin muchas alternativas a una reapertura más o menos dirigida, pero forzosa. Juega a su favor que esta oleada arroja una abrumadora mayoría de asintomáticos, lo que responde tanto a la inoculación -considerable aunque insuficiente- de vacunas como a que las nuevas subvariantes resultan más contagiosas pero menos mortales.

Esto permitiría al Gobierno presentar la narrativa de que su política de covid-cero ha supuesto una victoria. Semejante escenario, no obstante, saturaría sus escasos recursos médicos: China cuenta con menos de cinco camas de cuidados intensivos por 100.000 habitantes, una de las tasas más bajas de Asia. A consecuencia, las muertes podrían contarse por millones, tal y como vienen advirtiendo estudios académicos.