Un cementerio de ilusiones (1-1)

25/03/2019

La suerte volvió a negarle la sonrisa a una UD que fue superior al Granada y que acarició los tres puntos hasta el último suspiro. Timor, que por fin demostró ser ese futbolista referente, anotó el primer tanto del partido y, cuando ya se celebraba la victoria, los locales empataron un choque no exento de polémica. Azeez evitó un gol isleño con la mano y el árbitro miró a otro lado

Lástima que los partidos no puedan acabarse antes de que llegue el minuto noventa. Lástima porque, casi siempre, el fútbol no tiene piedad. Y lástima porque ayer la UD mereció el triunfo en Los Cármenes. Lo tuvo hasta que apareció Quini, ya a la desesperada, para hacer desaparecer el sueño que había dibujado Timor con un zapatazo.

Compitió con creces Las Palmas en tierras de la Alhambra. Ni las bajas impidieron que los insulares peleasen como guerreros en el templo rojiblanco. Con músculo, personalidad y valentía, la Unión Deportiva se lanzó a por su segundo triunfo consecutivo lejos de Gran Canaria. Y faltó poco. Exactamente sobraron siete minutos. Las tablas finales, que se celebraron como un ascenso en las gradas granadinas, no le sirven a los grancanarios, que podrían quedarse a 9 puntos del sexto clasificado si hoy vence el Mallorca que, además, le tiene el golaveraje ganado.

Agitaba el once Pepe Mel y no lo hacía porque quería. Las obligaciones en forma de bajas le empujaban a encontrar la fórmula. Sin bandas por las que percutir, el técnico apostaba por un inédito Srnic. Maikel Mesa y Peñalba volvían al equipo, al igual que Juan Cala, que enviaba a David García al banquillo. Galarreta ocupaba el carril izquierdo y Las Palmas se colocaba con un inusual 4-5-1. Y no salió mal.

Saltaba con convicción el Granada y con bastantes dudas Las Palmas. Vadillo quería bailar antes de que sonara el estribillo y le sacó la amarilla a Eric Curbelo nada más empezar el choque. Se la podía haber ahorrado el colegiado de la contienda. El zaguero satauteño fue fuerte, pero tocó balón. Una tempranera cartulina y todos los focos puestos en sus capacidades, ya que enfrente tenía al futbolista con más desequilibrio del conjunto andaluz. Y casi coge el camino hacia el túnel de vestuarios antes de tiempo. En el minuto 13 pudo ver la segunda por llegar tarde en el medio del campo.

La UD buscaba fútbol. Galarreta venía al centro a sobar la pelota. Lo mismo hacía Srnic, que demostraba saber mimar el esférico cuando entraba en contacto con él. Los locales, por su parte, querían hacerse fuertes en el correcalles que proponían. Insistían una y otra vez en la velocidad de sus atacantes. A Vadillo le cayó un rebote y entre Aythami y Cala evitaron lo que podía ser el primer tanto. Acto seguido fue Timor el que mandó un aviso a navegantes. El valenciano se perfiló hacia su pierna buena y lanzó un disparo con mucha rosca que acabó en la grada de Los Cármenes. Tan solo un minuto después fue Srnic el que probó fortuna tras un gran pase de Galarreta, hiperactivo ayer en la creación, pero Germán taponó su intentona. Crecía la UD cada vez que movía el balón por las inmediaciones del centro del campo. Ofrecía rendimiento e ideas. Dominaba en un estadio de enjundia y maniataba a un cuadro nazarí que se encomendaba al contragolpe. Cala mandó otro aviso, pero Rui Silva se hizo gigante y puso el candado en su arco. Lo mismo tuvo que hacer Raúl Fernández. Adri Castellano lanzó un misil con su pierna izquierda y el cancerbero vasco voló para desviar a córner.

Se marchaba al descanso la escuadra grancanaria con la sensación de haber merecido algo más. No le estaba temblando el pulso a Las Palmas. Ni con la ansiedad de saber que probablemente el choque de anoche era la última oportunidad para subirse al tren de la promoción de ascenso pesaban las piernas. El escenario, con el público empujando a los suyos, que podían colocarse líderes de la categoría, parecía darle morbo a la Unión Deportiva. Creaba fútbol, mordía y estiraba todo lo que podía a Eric y a De la Bella por las bandas. Si alguien quería soñar, ese era el conjunto insular.

Tras el intermedio, el hambre seguía intacta. El representativo quería amarrarse a sus opciones de playoffs y casi lo hace con un pepino de Peñalba. El argentino conectó un balón dividido y solo le falto dirigirlo a portería.

De la Bella se multiplicaba para cabalgar por la banda y Eric hacía lo propio para cerrar agujeros en la retaguardia. Aythami ganaba todos los duelos aéreos y tan solo faltaba que Maikel Mesa encontrara su sitio para conectar con Rubén Castro.

Con el transcurrir de los minutos perdían fuelle los de Mel, que empezaban a notar ese vacío en las alas. Timor, que borró a Montoro del partido con una entrada digna de carnicero, empezaba a destacar en la sala de máquinas. El ex del Girona se dejaba ver por toda la zona ancha y mezclaba a la perfección con Ruiz de Galarreta. Al fin se veía a ese futbolista que se fichó el pasado verano. Lo mismo con Peñalba, que sacaba a relucir los tentáculos en el robo y giraba sobre sí mismo para esconder siempre la pelota al rival.

Fíjense si estaba bien David Timor que lo intentó desde el centro del campo. Casi mete un auténtico golazo para asaltar el templo nazarí. Silva se empleó a fondo para despejar a saque de esquina. Y en el lanzamiento, la UD acarició nuevamente el tanto. Peinó Maikel Mesa y, sobre la línea y entre las protestas de los grancanarios, que pedían la mano y el penalti, la sacó Azeez para mantener las tablas.

Y en una conducción de manual de Srnic, que abrió para Rubén Castro, llegó la puñalada grancanaria. El ariete de La Isleta, doctorado en estas historias, se frenó en la línea de fondo y puso un balón milimétrico atrás. Ahí apareció el omnipresente Timor para lanzar un misil de tierra hacia la red de Rui Silva. Le pegó con el alma el mediocentro. Su disparo, potente y al palo largo, reactivó los sueños isleños.

Además, con Raúl bajo los palos todo va a mejor. El portero parecía ganar centímetros en cada acercamiento del Granada. Como si hubiera dos arqueros en la meta, el vasco se convertía en una pesadilla para la delantera nazarí. Lo paró absolutamente todo. O casi todo. Estaba empeñado en facturar los tres puntos a la isla. Lo que no pudo evitar fue el zarpazo de Quini. El lateral, ya a la desesperada, perforó la escuadra visitante y el deseo de acercarse a la promoción de ascenso se esfumó de la misma manera que como había llegado.

Ni con todo a favor fue capaz Las Palmas de asaltar el fortín rojiblanco. Y mira que acarició el triunfo el escuadrón de Mel. La mala fortuna apareció por enésima vez para empañar un encuentro sobrio, ambicioso y de candidato a cotas mayores que a deambular por la zona media de la tabla. La UD de anoche es la que todos quieren ver. Ni las bajas impidieron que fuese a por todas ante el Granada, pero no pudo ser y es una pena...

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