salgan, jueguen y ganen

08/04/2018

Poco o nada queda por añadir a la batalla que libra hoy la UD ante el Levante. Es tal la trascendencia del encuentro, la magnitud de sus puntos en juego, el peso que tendrá su resultado, que la espera para que los jugadores asuman turno y responsabilidad ya se hace insoportable. A ellos corresponde la última palabra.

Para bien o para mal. La UD llega al partido sin tibiezas que valgan. Ganar le mantiene en la lucha. Todo lo demás le condena a estar vendida hasta el final de temporada, a un golpe de viento de caer en los infiernos y confirmar su porvenir lejos del paraíso de la Primera División. Serán noventa minutos que comprimen demasiado, una moneda al aire en toda regla que dejará vencedores y vencidos. Ya pasó el tiempo de segundas oportunidades. Entrados en abril, con la clasificación dibujando escalones pronunciados, las consecuencias serán inevitables. Paco Jémez y sus jugadores así lo asumen y encaran el reto conscientes de que se trata de un salto sin red y en el que todos han de dar un paso al frente. Es una ocasión, más que nunca, para lustrar el escudo y meterle pierna, cabeza y corazón al asunto. No valen ahorros de ningún tipo. Ahí queda dicho por lo que pueda pasar porque nadie, empezando por los propios protagonistas, va a poder justificar un nuevo gatillazo si las cosas no salen. Con todo, merodea un optimismo creciente, el pálpito de que ha llegado el turno de cambiar el rumbo, de sembrar y de, lo más importante, recoger.

Cierto que la credibilidad del equipo está en el subsuelo. Definitivamente no es de firar el grupo de Jémez, cuya última victoria obliga a retroceder dos meses, dato esclarecedor de todos sus males y urgencias. Ha corrido el mensaje de que este equipo no le gana a nadie, pésima publicidad pero que, también, ha sacudido el orgullo de los futbolistas. Ahí se centran las labores de motivación llevadas a cabo en los últimos días, incidiendo en la subestimación que se ha generalizado. «Se equivoca quien piensa que estamos muertos», advirtió Momo, uno de los capitanes, ejerciendo de cualificado portavoz.

Mientras que la UD llega en depresión, con mil sospechas al lomo, en el Levante no ha dejado de amanecer en las últimas semanas, siete puntos sobre nueve y un escenario de prosperidad. Un contraste pronunciado que también se refleja en los pronósticos, claramente inclinados para el anfitrión. Normal, a la luz de números y sensaciones.

Pero las tendencias no garantizan continuidad y eso se agarran en la trinchera amarilla, donde Jémez mastica el golpe de efecto con algún retoque entre sus elegidos. Hay cambios obligados (Ximo está sancionado), pero se anuncian pinceladas voluntarias. David García formará con Gálvez atrás, volverá Etebo para ampliar los pulmones en la medular y hay ruido de fondo con Tana, sorprendente e inexplicado descarte la semana pasada y que para hoy parece fijo con el fin de asistir a Calleri, habitual jornalero solitario en el área rival. El argentino, que anda seco como el resto, agradecerá compañía. No descarten tampoco la opción de Nacho Gil, uno de los refuerzos invernales que está siendo invisible por su nulo impacto y que podría colarse en la foto para agitar el once.

Por encima de los nombres propios y decisiones técnicas, llegó el día para que la UD haga acto de presencia. Y para que gane.

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