Ni Rubén evita un derbi deslucido

22/07/2018

El Tenerife se lleva una Copa Mahou sin brillo y descafeinada que se decidió desde la tanda de penaltis tras el 0-0 final, evidenciando que el derbi llegaba demasiado pronto con dos equipos todavía en barbecho. El partido no dejó conclusiones a pesar del debut de Rubén Castro y Las Palmas, aunque fue menos más, no creó ocasiones y apenas se proyectó en ataque.

Con muchas novedades y alicientes en el once arrancó el encuentro más esperado del verano en Maspalomas. Jiménez apostó en el primer test serio de la pretemporada por Nauzet Pérez en la portería, Álvaro Lemos en el lateral diestro y Juan Cala en el centro de la zaga, todos ellos fichajes estivales. Además, también partió como titular el joven jugador del filial, Josemi Castañeda, quien se empleó en la sala de máquinas amarilla. Una mezcla entre novedades y viejos conocidos con el que el nuevo entrenador amarillo buscaba seguir examinando y sacando conclusiones, pero sin perder el equilibrio y el gen competitivo.

Porque por mucho amistoso que sea, un derbi es un derbi, y en el campo eso se nota. Frente a frente se medían dos conjuntos con un patrón de juego similar. Más preocupados en cerrarse bien atrás y buscar ataques rápidos y directos con el que tratar de sorprender al rival. Adiós al fútbol de seda y toque con el que Unión Deportiva se empleó durante las tres temporadas que soñó en Primera División.

Pero el Tenerife está más acostumbrado a este estilo. Se vio más cómodo al equipo blanquiazul en una primera mitad en la que las pocas oportunidades que se dieron, cayeron del lado visitante. Todavía le queda mucho trabajo por delante a Manolo Jiménez y seguro que no andaba satisfecho en el banquillo del Municipal de Maspalomas viendo la facilidad con la que los de Joseba Extebarría creaba peligro sobre la portería de Nuazet.

Josemi fue una de las conclusiones positivas que pudo tener el técnico en estos primeros 45 minutos. El canterano demostró, con personalidad y desparpajo, porque era el único futbolista del filial en el once titular. No se arrugó el mediocentro pese a la intensidad y dureza con la que se empleó el Tenerife. Lejos de amedentrarse, Castañeda vio la primera amarilla del partido tras cortar un peligroso contraaque del rival cuando apenas habían pasado 10 minutos de juego.

Sin embargo, ni el buen hacer de la promesa isleña evitó la escasa producción ofensiva de la UD. Araujo, uno de los jugadores más en forma de esta pretemporada, bajaba demasiado a recibir y a ayudar en la construcción, dejando al equipo sin referencia en la punta del ataque, a excepción de las puntuales incorporaciones de un Vicente Gómez que jugó más arriba que nunca.

Y a falta de oportunidades y buen fútbol, aparecieron las entradas feas. Alberto vio la segunda tarjeta del partido tras una dura falta sobre Araujo en el minuto 20 ante el enfado de la grada. Pero el Tenerife no estaba siendo protagonista solo por su contundencia, sino también porque era el único equipo que hacía algo en ataque.

Ni Rubén evita un derbi deslucido

Así llegó la más clara de la primera mitad. Juan Villar se econtró con el travesaño después de un fallo en la cobertura defensiva de Dani Castellano. Primera y única gran oportunidad del encuentro antes del descanso, aunque también tuvo su miga la jugada individual que se inventó Montañés, con caño a Javi Castellano incluído, pero que acabó con un disparo desviado desde fuera del área.

Y de La Unión Deportiva, sin noticias. Tana era el más participativo, a veces con más acierto que otras, pero con ganas de demostrar que tiene calidad y potencial de sobra para ser una pieza fundamental en esta UD. Era el único futbolista que ofrecía algo diferente en un equipo demasiado plano y que se nota que todavía está en barbecho.

El intermedio llegó y Jiménez cambió el esquema con solo una sustitución. Entró Rubén Castro, el jugador más esperado y aclamado de la noche, y se quedó en la caseta un Josemi que se fue del Municipal de Maspalomas satisfecho por su buen trabajo. Aprobado para el canterano y nuevo dibujo para la UD que adaptaba el dibujo que se le presuponía a Jiménez con un 4-4-2.

Y Las Palmas arrancó mucho mejor después del descanso. Y eso que el Tenerife estuvo cerca de inaugurar el marcador de este descafeinado derbi por medio de Juan Villar, el mejor de los tinerfeños. Una gran asistencia de Malbasic habilitó al atacante blanquiazul, pero su remate se marchó desviado por muy poco.

Ni Rubén evita un derbi deslucido

Fue un solo un susto porque Las Palmas por fin se hizo con el mando del encuentro y empezó a ganar terreno metro a metro. Los de Jiménez aprovecharon este dominio para generar su primera oportunidad del partido en el 57. Esta llegó fruto de una combinación exquisita entre Tana, Vicente Gómez y David Simón, que culminó Rubén Castro con un remate que pasó rozando el palo derecho de la portería defendida por Dani Hernández. Se hubiera venido abajo el campo sureño si la jugada, maravillosa por su ejecución, hubiese terminado en gol del Moña.

El Tenerife ya había desaparecido arriba, y Raúl Lizoain, que había entrado por Nauzet, estaba viviendo una noche plácida en la que podía ser su última actuación como jugador de la UD. Y es que a lo largo de la segunda mitad, Jiménez aprovechó para hacer muchos cambios. Lemos, por ejemplo, dejó su puesto a Simón tras protagonizar una actuación muy discreta.

Porque de los nuevos, el más destacado fue Fidel Chaves. El extremo entró en el 57 junto con con Bigas -otro que podría estar viviendo sus últimos días de amarillo- y revolucionó el ataque del representativo. Jugando por la derecha, a pierna cambiada, el onubense encaró, se marchó por velocidad, combinó con criterio y despertó a la UD de su letargo.

Pasada la hora de partido, Fidel levantó a la grada tras una galopada en la que dejó atrás a tres rivales y dejar el gol en bandeja a Rubén Castro, pero no enganchó bien el exbético y la igualdad se mantuvo en un partido sin fútbol ni goles.

El cansancio hizo mella entre ambos conjuntos en la recta final del choque y, salvo un golpeo que se marchó muy alto de Simón en el 87, Las Palmas y Tenerife se contentaron con que el título de la Copa Mahou se decidiera desde la tanda de penaltis.

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