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Análisis

El Mundial de 2021 queda irremediablemente adulterado

El esperpento de Bélgica ha dejado muy señalada a la organización del campeonato y tanto equipos como pilotos y afición se sienten estafados

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

No es la primera vez, ni mucho menos, que se cancela una carrera por lluvia antes de que se complete el número de vueltas previstas. Mónaco 1984 o Australia 1991, dos de los puntos culminantes del maestro del agua, Ayrton Senna, se acortaron porque era imposible en términos de seguridad competir así. Queda eliminada de esta manera la argumentación sobre el romanticismo del pasado, uno de los grandes males de cualquier análisis serio.

El problema que va a quedar en la raíz de este campeonato es que se ha perdido la base de cualquier competición deportiva: la equidad. Todos los pilotos, sin excepción, criticaron la actuación de la FIA y la Fórmula 1, no tanto por no disputar el Gran Premio, sino porque esas tres vueltas contaran para repartir puntos. ¿Cómo se puede considerar válida una carrera en la que no se puede adelantar a nadie? Las disculpas posteriores de la F1 vía comunicado oficial no tapan una realidad: ahora mismo la suma de los puntos ha adulterado el campeonato, tanto el de pilotos como el de constructores, de manera posiblemente irremediable.

Si para la disputa del título mundial esta carrera supone un serio varapalo, dado que ahora son tres puntos y no ocho los que separan a Verstappen (líder de nuevo tras ser primero en Bélgica) a Hamilton (tercero), mucho más injusto es para los pilotos y equipos de atrás. Alfa Romeo elevó la queja con datos en la mano. En su lucha por el octavo puesto del Mundial de constructores, llegaron a Bélgica con 3 puntos por 10 de Williams. Ahora salen con los mismos 3 puntos en su casillero, pero 20 del equipo inglés gracias al segundo puesto de George Russell y el noveno de Nicholas Latifi.

La pelea entre dos equipos en los que, con un poco de fortuna, pueden sumar como mucho 5 o 6 puntos en su mejor fin de semana, una diferencia de 11 puede ser determinante. Recortar 7 puntos en las carreras que quedan es razonablemente factible; recortar 17 se antoja un trabajo hercúleo para el antiguo equipo Sauber. La diferencia entre acabar octavo o noveno en la clasificación por equipos se traduce entre ingresar más o menos dinero, lo que en un contexto en el que se van a limitar los presupuestos, es clave para la supervivencia a corto, medio y largo plazo.

Alonso, «el primer tonto»

Los pilotos de Fórmula 1, como los responsables de los equipos, no son tontos. Por mucho que Stefano Domenicali, cabeza visible de la competición, y Michael Masi argumenten motivos de seguridad y apoyo a los fans, detrás del esperpento de Spa está mucho dinero en juego. Los contratos televisivos por todo el mundo, los acuerdos con los promotores del circuito y los patrocinadores que apoyan al campeonato (no son casuales esos planos a las televisiones con anuncios) son los que obligaron a la dirección de la carrera a esperar cuatro horas para decidir cancelar definitivamente la prueba.

Lo de dar puntos, aunque fueran la mitad, a los 10 primeros ya se explica peor en términos de seguridad. Fernando Alonso, cuyo peso específico en la Fórmula 1 no es menor ni mucho menos, fue uno de los más bruscos a la hora de criticar lo ocurrido. «He sido undécimo, el primer tonto desde cierta perspectiva. No me permiten luchar por los puntos, pero dan puntos. No tiene sentido», criticó el asturiano. «Nos estamos jugando mucho en el campeonato de constructores. Muchos han tenido las Navidades anticipadas porque, sin poder correr, que te den los puntos.», ironizó.

Habrá que ver las consecuencias. La FIA y la F1 han anunciado que se reunirán con los equipos para intentar encontrar una solución ante un escenario así, pero mientras no quiten los puntos regalados, este Mundial quedará manchado para siempre bajo la sombra de la sospecha. Como una mancha de mora se quita con otra, posiblemente las aguas volverán a su cauce en el próximo fin de semana, cuando se disputa el GP de los Países Bajos. La llegada a Zandvoort (no se espera lluvia. a priori) supondrá una vuelta a la relativa normalidad, aunque queda por ver qué decisiones se toman en los despachos. Visto lo visto, conviene no confiar mucho en que vayan a tomar la determinación más justa para todos.