Jesé festeja su último gol conseguido esta temporada. Data de inicios de noviembre y ante el Fuenlabrada. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

A Jesé ya le toca: lleva 9 partidos sin gol con la UD

Sus últimos aciertos fueron, precisamente, ante el Fuenlabrada, rival de este sábado, hace dos meses y medio. El jugador asume el trance sin ansiedad

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Dos goles hizo Jesé el pasado 3 de noviembre y que se tradujeron en triunfo (2-1), precisamente ante el Fuenlabrada, rival que depara el calendario este sábado a la UD. Dos meses y medio después, esos dos remates a la red, uno de lanzamiento de penalti, siguen computándose como los últimos aciertos del atacante pues, desde entonces, no hay noticias suyas en el apartado anotador. Nueve jornadas consecutivas, demasiado tiempo para un futbolista de su cartel y fama y que está llamado a ser diferencial.

El dato es elocuente acerca de su ceguera en el área contraria y más al considerar que ha participado en todos y cada uno de los partidos posteriores al mencionado. Siempre, además, con la condición de titular, haciendo casi el pleno de minutos y disfrutando de la libertad de movimientos y confianza que ha depositado Pepe Mel en su figura. Mel, que fue delantero y de relevancia, es el primero que sabe que para su especie esta concatenación de semanas sin ver puerta resulta una mochila demasiado pesada, por mucho que elogie el trabajo solidario de Jesé y su aportación en el frente ofensivo.

Pero el delantero, por encima de todo, está para facturar y, en el caso de Jesé, tampoco hay más debate. Le toca y mejor que en esta jornada a la siguiente. El técnico mantiene firme su confianza en él, por encima de otros perfiles como el de Sadiku o Mujica, y en la próxima jornada no hay dudas de que continuará dándole carrete.

Jesé no se ha mostrado especialmente preocupado, al menos de puertas para afuera, por su sequía, como se pudo comprobar en la comparecencia pública que realizó en la semana previa al derbi del Heliodoro a comienzos de año. Preguntado por el asunto, expuso: «Trabajo cada fin de semana para meter goles y espero que lleguen este fin de semana. Cuando no entra la pelota tampoco me frustro, ni me vengo abajo. Lo sigo intentando porque sé que llegarán los aciertos».

Además, se refirió a su posicionamiento táctico y que le ha llevado a alternar posiciones más centrados o acostadas a la cal para explotar su velocidad: «El míster prefiere que esté jugando ahora arriba, pero no sería extraño que en algún partido empiece por la banda».

«La confianza que han puesto en mí el club y el entrenador y el sentirme feliz es algo que me ha ayudado hasta ahora y espero mejorar. Soy bastante fuerte y tengo las ganas de seguir ayudando», insistió.

Jesé reconoció, de esta manera, en que afronta desde la madurez y la confianza el trance de ser noticia por cuestiones que bien desearía que no lo fueran. Y, según se desprende de sus palabras, su fe en que aumente la cosecha particular, estancada en seis goles tras iniciarse su particular travesía en el desierto. La fortaleza mental basada en la experiencia constituye su principal recurso para evitar la ansiedad.

En este intervalo, el que coincide con su racha negativa, la UD ha anotado 9 tantos repartidos entre Viera (3), Kirian (2), Benito (2) y Moleiro, más el que se hizo el Sporting en propia puerta. Una media mejorable por la cantidad de ocasiones generadas, lo que sitúa más en la diana la nula aportación de Jesé a la hora de rematar e intentar acertar pese a su insistencia y ser buscado constantemente por sus compañeros. Con todo, vislumbra la visita a Fuenlabrada como una nueva oportunidad para resarcirse y, de paso, inaugurar su contador en 2022.

Jesé nunca se puso un objetivo en relación a la cantidad de goles que quería materializar a final de curso. Siempre ha privilegiado su afán de ayudar y sumar en beneficio del equipo. Eso sí, es el primero en hacer autocrítica. Dicen por Barranco Seco que ahora, en función de esas ganas acumuladas de celebrar, es más peligroso que nunca para los rivales. Ahora falta que eso vaya más allá de las intenciones.