Los jugadores de la selección española celebran el gol de Sarabia en Atenas. / Alkis Konstantinidis (Reuters)

Análisis

Una selección que sabe estar a las duras y a las maduras

La Roja acaricia el pase directo al Mundial de Catar ganando adeptos para la causa de Luis Enrique que multiplican la competencia

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Humores renovados en la selección española. La sufrida victoria frente a Grecia y el inesperado regalo de Georgia con su triunfo ante Suecia han aliviado a la expedición de La Roja, que regresa de Atenas acariciando ese billete para el Mundial de Catar que tan caro se había puesto. Un punto contra los nórdicos el domingo en Sevilla resultará suficiente para evitar un descalabro que sería histórico, por mucho que en la recámara quedase la bala de la repesca.

No fue un partido para enmarcar del combinado de Luis Enrique, pero hizo los deberes y sumó adeptos a la causa. Pese a ello, el técnico se mantiene alerta. «La peor trampa en la que podemos caer es salir a empatar el domingo. Sabemos que al rival le conviene que vayamos arriba, a ganar. Pero no vamos a renunciar a nuestro estilo porque sería un grave error», aseveró el asturiano tras reconducir el rumbo en la capital helena.

España llegaba a las dos últimas jornadas de la fase de clasificación bajo presión máxima. Lo reconoció Luis Enrique, por mucho que en la víspera del duelo en el 'Spyros Luois' tratase de amortiguar la responsabilidad que podía atenazar las piernas de sus futbolistas incidiendo en que La Roja solo tenía el deber de siempre: ganar cada partido.

El asunto tenía miga porque Rodri había proclamado que estar en el Mundial no era una obligación. Craso error del mediocentro del Manchester City. El combinado nacional no se pierde una Copa del Mundo desde 1978 y ha estado en todas las fases finales de los grandes torneos desde que se ausentase de la Eurocopa de Suecia en 1992. Comparecer en Catar es el mínimo exigible y faltar a la cita desataría el averno.

Como no podía ser de otro modo, las palabras del madrileño levantaron polvareda, pero Luis Enrique adoptó una decisión digna de su carácter: entregarle la manija cuando arreciaba la tempestad. Cierto es que esa titularidad tenía otra lectura, puesto que Busquets estaba apercibido de sanción y su suplencia de inicio sirvió también para proteger al medio del Barça de cara al desenlace en La Cartuja. En cualquier caso, la respuesta de Rodri resultó impecable: temple y mando para terminar el encuentro siendo uno de los jugadores más destacados de un equipo que sabe estar a las duras y a las maduras.

En el Olímpico de Atenas era preciso ganar por lo civil o por lo criminal. Enfrente estaba un rival que responde al perfil que peor le viene a España: un conjunto áspero que no tiene reparos en encerrarse en su área. El penalti sobre Iñigo Martínez le facilitó la vida al bloque de Luis Enrique, que volvió a sufrir para generar ocasiones de gol pese a su abrumador dominio en la primera parte. En su debe cabe poner también las dificultades que pasó para sujetar el partido tras el descanso, cuando una Grecia con más ardor que cabeza tuvo un par de llegadas que pusieron en vilo el triunfo de La Roja.

Pelotón de delanteros

En clave positiva hay que citar el debut de Raúl de Tomás. Al delantero del Espanyol le faltó eso de lo que habitualmente rebosa, pegada, pero se complementó a la perfección con Morata y Sarabia, sus socios en un frente ofensivo que dispone de un ramillete extraordinario de alternativas. Ferran Torres, Oyarzabal, Gerard Moreno, Dani Olmo, Morata, Yéremy Pino, Fornals, Sarabia, Rodrigo Moreno, Ansu Fati, Adama Traoré o los recién llegados Brahim y RdT pelean por abrirse paso en la línea más cotizada dentro de la pizarra de Luis Enrique: ha llamado a filas a 21 atacantes distintos en sus dos etapas como seleccionador.

La competencia es brutal también en el lateral izquierdo, donde Gayà dio una clase magistral frente a Grecia como Marcos Alonso, que no entró en la convocatoria para esta ventana, hiciera en la final a cuatro de la Liga de Naciones. Pese a ello, no sería una sorpresa ver a Jordi Alba en el decisivo envite contra Suecia.

Es uno de los lujos que puede permitirse Luis Enrique, quien puede alternar de igual modo a Carvajal y Azpilicueta en el flanco derecho sin que la selección se resienta un ápice y agitó con éxito la coctelera en el eje de la retaguardia acompañando a Laporte con Iñigo Martínez. Dos fieras que apuntan a repetir el domingo. Aportan físico, oficio y contundencia, tres elementos que pueden ser vitales para frenar a Isak e Ibrahimovic, las dos torres a las que se aferra el combinado escandinavo para robarle a España la llave de Catar que La Roja rescató de la alcantarilla cuando pintaban bastos.