Vinicius, Rodrygo y Valverde, tres madridistas en estado de gracia. / Agencias

Análisis

El tridente eventual del Real Madrid es un martillo pilón

La lesión de Benzema posibilita el florecimiento de una nueva delantera tan juvenil como letal en un líder que gobierna la Liga con puño de hierro

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Al Real Madrid le sonríe de tal forma la vida que lo que en tiempos no precisamente remotos suponía una tragedia, ahora se ha convertido en una oportunidad para que Carlo Ancelotti dé rienda suelta al ataque del futuro, que ya tira del carro en el lozano líder de Primera. Valverde, Rodrygo y Vinicius han aprovechado la baja por lesión de Benzema para convertirse en los estandartes de un conjunto incontenible que alcanza el parón de selecciones presumiendo de haber sacado matrícula de honor en el que es su mejor inicio de temporada en más de medio siglo.

Triunfales en sus nueve primeros exámenes del curso, incluyendo las seis fechas iniciales de un campeonato que gobiernan con puño de hierro, pese a la formidable presión de un Barça resucitado por las palancas, los blancos han demostrado en las dos últimas semanas que la ausencia del próximo Balón de Oro no reduce el colmillo de un equipo cuyo tridente de circunstancias es un auténtico martillo pilón.

Desde que Benzema se resintiese del muslo derecho el pasado 6 de septiembre en Escocia, el Real Madrid ha marcado once goles: tres al Celtic cuando el artillero lionés ya había abandonado doliente el tapete del Celtic Park, cuatro al Mallorca, dos al Leipzig y otros dos al Atlético en un derbi en el que Rodrygo y Valverde fungieron como estiletes del vigente campeón de Liga y de Europa, después de que Vinicius tuviese que soportar una catarata de insultos en el feudo rojiblanco que LaLiga llevará a la Comisión Antiviolencia. Fue una nueva demostración de madurez, compromiso y pegada por parte de un juvenil frente ofensivo al que no le pesa la responsabilidad de encabezar un bloque que apenas presenta grietas.

El desequilibro y la fantasía de Vinicius, el trabajo incesante de Valverde, cuyo compromiso defensivo no le impide ser cada vez más incisivo en ataque, y la precisión quirúrgica de Rodrygo son los ingredientes con los que Ancelotti ha fabricado una pócima mágica capaz de sepultar los lamentos por la ausencia de Benzema.

Mbappé y Haaland abrieron camino

Lo de Vinicius venía de lejos. El carioca se convirtió, ya durante la pasada campaña, en el segundo espada del catorce veces rey de Europa, fruto de una progresión exponencial en su capacidad resolutiva dentro del área y su condición de asistente predilecto de Benzema, una sociedad de doble vía en la que ambos salieron mutuamente beneficiados. Pero las nueve primeras citas del curso en desarrollo han refrendado el creciente impacto de Valverde y Rodrygo en el Real Madrid, que fue cobrando cuerpo en el último tramo de la temporada anterior.

El uruguayo, prácticamente intocable a estas alturas en el once de Ancelotti, ha sabido adaptarse a la función de extremo mentiroso que le ha asignado el técnico de Reggiolo. Desde ahí, aprovecha su privilegiado físico para auxiliar al lateral, contribuir con la medular en labores destructivas, destrozar líneas en conducción, cañonear desde fuera del área, percutir por la banda y pisar el área cada vez con más eficacia.

Ancelotti le lanzó el desafío de alcanzar la barrera de los diez goles esta temporada y el de Montevideo se ha aplicado a la faena. Ha participado en siete tantos en sus diez últimos partidos, al anotar cuatro dianas y repartir tres asistencias desde la última final de la Champions, resuelta por Vinicius con un tanto tras servicio del charrúa. Son las mismas acciones decisivas que había registrado el Halcón en sus anteriores 95 partidos portando la zamarra del Real Madrid.

Rodrygo ha seguido una línea similar a la del ex de Peñarol. Pieza clave en las remontadas que permitieron al Real Madrid alzar la Decimocuarta en París, el Rayo ha visto puerta en las tres últimas jornadas de Liga. Abrochó el triunfo frente al Betis a pase de Valverde, sentenció al Mallorca con una gran acción individual y encarriló la victoria en el Metropolitano aprovechando un envío magistral de Tchouaméni a la espalda de Felipe.

De esta forma, el paulista, que solo había sellado tres tantos en sus 67 primeros partidos de Liga, contabiliza siete en los once últimos. Su habilidad para adaptarse a cualquier puesto de la delantera le convierte en el comodín perfecto para Ancelotti, que ya adelantó que este curso tendría mayor protagonismo.

«Tanto Valverde como Rodrygo son jugadores especiales. Es lo que tiene que ser ahora el futbolista moderno. Pueden jugar en varias posiciones y tienen algo en lo técnico y en lo físico. Los dos han progresado muchísimo», se congratulaba Ancelotti tras un derbi que, con Mbappé y Haaland aparcados por el momento, bosqueja lo que puede ser el futuro ofensivo del Real Madrid.