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Asensio y Valverde celebran el segundo gol del Real Madrid ante el Leipzig, anotado por el balear. Susana Vera (Reuters)
Valverde y Asensio dan alas al Real Madrid
Grupo F | Jornada 2

Valverde y Asensio dan alas al Real Madrid

Un gol del afilado multiusos charrúa y otra diana con tintes redentores del extremo balear permiten al campeón descerrajar al Leipzig y mantener su inmaculado expediente del curso

Óscar Bellot

Madrid

Martes, 13 de septiembre 2022

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La Champions regresa al Santiago Bernabéu. El templo de Chamartín, escenario el pasado curso de aquella serie de épicas remontadas que pasmaron al orbe y catapultaron al Real Madrid hasta la Decimocuarta en París, vuelve a abrir sus puertas en la máxima competición continental para calibrar al nuevo Leipzig de Marco Rose. El conjunto germano, cuya goleada en la primera jornada a manos del Shakhtar selló el despido de Domenico Tedesco y su sustitución por el que hasta hace unos meses fuera preparador del Borussia Dortmund, confía en que el cambio de guardia en el banquillo le permita reconducir su andadura en el torneo estrella del fútbol europeo y no renuncia a dar la campanada en la guarida del rey del continente, pese a que este llega a la cita con velocidad de crucero.

«Es un partido importante para la clasificación del grupo ante un equipo que tuvo problemas al principio de la temporada. En el último partido contra el Dortmund lo hizo muy bien, tiene calidad arriba y jugadores rápidos», avisó Ancelotti antes de que su equipo se mida al que, a priori, partía como el adversario más reputado de los blancos cuando se realizó el sorteo, pero que padeció un tormentoso inicio de campaña que tuvo como puntos especialmente conflictivos las estruendosas derrotas que encajó en el espacio de cuatro días ante el Eintracht de Fráncfort en la Bundesliga (4-0) y el Shakhtar Donetsk en la Champions (1-4). Dos goleadas tan sonrojantes como inopinadas que finiquitaron el proyecto de Tedesco y llevaron al austríaco Dietrich Mateschitz, dueño del imperio de bebidas energéticas que sustenta al club teutón, a echarse en brazos de un míster más conservador con la esperanza de reflotar la nave.

El relevo de timonel fue mano de santo para el Leipzig el pasado fin de semana en la Bundesliga. Los toros rojos superaron con nota la reválida frente al Borussia Dortmund con goles de Orban, Szoboszlai y Haidara, y se llenaron de moral para visitar el flamígero estadio que meses atrás devoró al PSG, al Chelsea y al Manchester City. Por ese motivo, Ancelotti no baja la guardia. «El Leipzig tiene una delantera muy peligrosa. No solo Werner. Nkunku lo hizo muy bien la pasada temporada y lo está haciendo muy bien esta. Szoboszlai también. Forsberg tiene mucha experiencia. Es un equipo muy peligroso cuando le das la oportunidad de demostrar su calidad. Será muy importante para nosotros el aspecto defensivo, aunque también el ofensivo», preconizó el preparador de Reggiolo.

Rodrygo, punta de lanza

Ancelotti, que el sábado celebrará sus bodas de plata como entrenador dentro de una competición de la que es figura totémica con los cuatro entorchados que ha conquistado al mando del Milan y el Real Madrid, afronta el inédito duelo de Champions ante el Leipzig con el panorama despejado, más allá de las bajas por lesión de Militao, Lucas Vázquez y Benzema. A esas ausencias cabe añadir la vecindad de un derbi en el Metropolitano que supondrá la primera prueba de fuego para las ambiciones ligueras de los blancos. Pero, después del triunfo frente al Celtic en tierras escocesas, el campeón puede darse el lujo de medir esfuerzos porque además tiene un extraordinario fondo de armario y todo le sale a pedir de boca.

Tras firmar su primer gol con el Real Madrid ante el Mallorca, Rüdiger suple la ausencia de Militao en el eje de la zaga con la delicada misión de sujetar a Werner y Nkunku, dos atacantes que estuvieron en la órbita de los blancos. Carvajal y Modric, suplentes el domingo, regresan al once al igual que Tchouaméni, que viene de disfrutar de su primera tregua del curso. Kroos entra en el turno de las rotaciones para abrir espacio a Camavinga y habilitar un centro del campo de acentuado perfil físico que contrarreste las transiciones del Leipzig. Rodrygo, que revolucionó el ataque del Real Madrid el pasado fin de semana cuando Ancelotti le reubicó como falso nueve, será la punta de lanza ofensiva, con los también enchufadísimos Valverde y Vinicius flanqueando al paulista.

El centrocampista austríaco Konrad Laimer, lesionado ante el Borussia Dortmund, y el internacional español Dani Olmo, convaleciente de una rotura parcial del ligamento interno de la rodilla izquierda, son las bajas más sensibles que presenta un Leipzig que ya no dispone de aquellos puñales por las bandas suponían una de sus principales amenazas en los tiempos de Julian Nagelsmann, sino que trata de guarecerse con defensa de cuatro. Pese a ello, arriba rebosa veneno con la potencia en el disparo de Szoboszlai, la veteranía de Forsberg y la pegada de Nkunku.

Valverde y Asensio dieron alas al Real Madrid ante el Leipzig. El multiusos charrúa, cada vez más incisivo y afilado en ataque, y el extremo balear, que se reconcilió con su parroquia tres días después de escenificar un sonado enfado ante el Mallorca, descerrajaron al conjunto sajón para otorgar un sufrido triunfo al vigente campeón de Europa que permitió a los blancos certificar su mejor inicio de curso en más de medio siglo. Desde 1968 no descorchaba el conjunto de Chamartín una temporada con ocho victorias consecutivas entre todas las competiciones.

Pero para alcanzar semejante hito tuvo que padecer mucho más de lo previsto. Porque el bloque de Carlo Ancelotti, segundo técnico que alcanza las cien victorias en la Champions después de que lo hiciera el legendario Sir Alex Ferguson, completó una actuación deslucida frente a un Leipzig respondón que fue superior en la primera parte y gozó de mejores ocasiones hasta que el enésimo arreón de un equipo que siempre saca su mejor cara cuando las fuerzas del rival flaquean se lo llevó por delante.

Apercibido de que la principal amenaza del choque radicaba en la electricidad, el dinamismo y la verticalidad del Leipzig, Ancelotti optó por encarar a la escuadra teutona con un once de acentuado perfil físico en el que sobresalió la entrada de Nacho en el eje de la zaga junto a Rüdiger, el desplazamiento de Alaba al costado izquierdo y la inclusión de Camavinga en la sala de máquinas junto al pulpo Tchouaméni y el incombustible Modric. Arriba, Rodrygo emergió como falso nueve para rematar un tridente rebosante de lozanía que completaban el energético Valverde y el infatigable Vinicius, determinantes en otra conexión letal que sacó al Real Madrid del atolladero.

Real Madrid

Courtois, Carvajal, Rüdiger, Nacho, Alaba (Mendy, min. 81), Tchouaméni, Modric (Kroos, min. 81), Camavinga (Asensio, min. 64), Valverde, Rodrygo (Mariano, min. 84) y Vinicius (Ceballos, min. 84).

2

-

0

Leipzig

Gulacsi, Simakan (Henrichs, min. 74), Orban, Diallo, Raum, Haidara (Kampl, min. 74), Schlager, Nkunku, Forsberg (Poulsen, min. 81), Szoboszlai y Werner (André Silva, min. 81).

  • Goles: 1-0: min. 80, Valverde. 2-0: min. 90+1, Asensio.

  • Árbitro: Maurizio Mariani (Italia). Amonestó a Haidara, Nkunku, Schlager y Carvajal.

  • Incidencias: Partido correspondiente a la segunda jornada del Grupo F de la Liga de Campeones, disputado en el Santiago Bernabéu ante unos 60.000 espectadores.

Porque el Real Madrid salió aletargado frente a un Leipzig efervescente al espacio con Werner y Nkunku como centellas. Una pérdida de Vinicius dio vuelo al extremo francés, cuyo disparo raso blocó Courtois en el primer aviso de que el cuadro de Marco Rose no tenía remilgos a la hora de tutear al rey de Europa, muy espeso y al que Courtois tuvo que sostener también con una buena reacción a un disparo de Werner cuando frisaba el primer tercio del pleito.

Poco después, el ex del Chelsea citaba con el gol a Nkunku, que no alcanzó a embocar la bola por una uña. La acumulación de agujeros defensivos, especialmente notables por el costado de Carvajal, desesperaba a Ancelotti y agitaba al Bernabéu, incómodo con el juego deslavazado y la falta de tensión del bando anfitrión, que alcanzó el descanso sin un solo remate entre los tres palos, aunque disgustado por un derribo de Schlager a Modric que el árbitro no estimó punible pese a que el empujón al croata, que tenía ganada la posición, fue palmario. Más madera para la polémica en una semana que dejó decisiones controvertidas en Múnich, Leverkusen, Copenhague o Mánchester, por citar solo algunas de las plazas donde el arbitraje y su auxilio tecnológico se arrastraron por el barro.

No agitó el árbol a vuelta de vestuarios Ancelotti y el Real Madrid mantuvo el tono monocorde que permitía vivir una noche plácida al Leipzig. Viendo que el atasco persistía frente a un Leipzig de granito, el italiano retiró a Camavinga e indultó a Asensio en busca de un francotirador que desmoronase el muro. El cambio de cromos provocó que Valverde se retrasase a la medular y dejase el flanco derecho al balear. Un movimiento de piezas que acabó siendo decisivo.

Era un escenario perfecto para que emergiese la rebeldía de Asensio, protagonista el pasado domingo de un publicitado berrinche por su falta de minutos. El mallorquín tomó nota del consejo de Ancelotti, robando primero para desencadenar un contragolpe que sacó a Gulacsi del ostracismo. Reventó líneas Valverde, que agendó el encuentro de Vinicius con el arquero, pero el húngaro se hizo grande y luego Asensio no pudo resolver tras cazar el rechace. Se revolvió el Leipzig con una incursión por la derecha de Szoboszlai, pero Carvajal corrigió a tiempo para evitar que Nkunku marcase a placer.

El encuentro, hasta entonces apergaminado, sacaba las burbujas. Y ahí nadie se mueve como el Real Madrid. Vinicius burló por fin a su alguacil y conectó con Valverde, que refrendó su condición de abrelatas con su tercer tanto de la temporada para mantener un pleno de los blancos al que Asensio puso la guinda enarbolando su fusil en una acción a balón parado orquestada por Kroos para, a renglón seguido, pedir perdón por su salida de tono y ganarse el perdón del Bernabéu. Los goles apaciguan cualquier disgusto.

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