Feria del Libro

El extraordinario carteo de dos genios

02/05/2019

Sr. Cesáreo de los Manriques las Tuneras y las Lavas. Este fue el tratamiento cariñoso y jocoso con el que Manolo Millares se dirigió al artista lanzaroteño César Manrique en una de las 76 cartas y una postal incluidas en un libro que ha visto la luz esta misma semana. El volumen, publicado por Mercurio Editorial y coordinado por el historiador del arte José Luis de la Nuez, reúne las misivas que intercambiaron los dos artistas, principalmente, entre los años 1963 y 1969.

Una correspondencia que, bajo el título de Diálogo epistolar entre Manolo Millares y César Manrique, deja constancia de la profunda e insólita amistad que unió a estas dos grandes figuras canarias del arte.

«Fernando Castro Borrego dijo que sus visiones de la vida eran antagónicas. Eso es cierto lo que pasa es que estaban condenados a soportarse y a quererse. Se pidieron socorro el uno al otro, los dos se entendieron bien, con mucho respeto, a pesar de no participar en absoluto las ideas del uno en las del otro», asegura Elvireta Escobio, la que fuera compañera de vida de Manolo Millares que, junto al editor Jorge Liria, presentará en la Feria del Libro, esta tarde, a las 17.00 horas, este libro coordinado por De la Nuez. El profesor de Historia del Arte de la Universidad Carlos III lamenta no poder asistir a la cita por problemas de la organización.

De la Nuez asegura, desde Turín, que los dos creadores canarios eran muy distintos «en sus orientaciones artísticas e ideológicas» pero esas diferencias no se notan en las cartas «por su relación de amistad y por cierta tolerancia a lo que hacía el otro».

«Manrique –comenta durante una conversación telefónica el experto– era una persona extrovertida, disparatada, tenía un carácter muy distinto al de Manolo. Ese aspecto divertido y festivo le gustaba a Manolo y a su mujer (Elvireta Escobio). Eso hizo que la amistad entre ellos se reforzara». Otro elemento que unió a ambos artistas fue su amor por Lanzarote, explica De la Nuez sobre los puntos de encuentro de estos dos artistas que quedaron plasmados en las 54 cartas escritas por Manrique y las 23 de Millares. Esta diferencia se explica porque, por un lado, las cartas remitidas a Nueva York por Millares se perdieron y a que Manrique escribía sin esperar la respuesta de Millares.

Con humor, ironía y vitalidad, ambos artistas departían sobre sus experiencias artísticas y vitales en estas cartas que, con los años, se han convertido en «documentos fabulosos que dan entrada a un mundo privado», indica De la Nuez sobre una correspondencia que deja constancia de la naturalidad con la que Manrique entró en los círculos artísticos neoyorquinos donde llegó a conocer a creadores como De Kooning, Rothko, Jerome Robbins, Frank Stella o Jasper Johns. Una gran aventura artística que terminó cuando Manrique sintió la llamada de su isla: «...la verdad se encuentra en sitios, más cerca a la Naturaleza, donde una estrella se pueda ver cada noche, y oír las olas de una playa solitaria radiante de sol. Esto creo que es lo realmente importante», cuenta desde la Gran Manzana.

También la insularidad se trata en las misivas. En concreto, es el tema principal de las dos cartas de 1954 contenidas en el libro. En una de ellas, Millares, desde Canarias, le pide a Manrique que rescate diez cuadros retenidos en la aduana madrileña. «¡Ah, la odiosa burocracia! Con lo fácil que sería estar ahí y pintar sin tener nada que ver con Aduanas y hombres informales y siniestros», se queja Millares.

Pero la correspondencia también tiene zonas oscuras solo entendibles para los dos implicados, según De la Nuez que pone como ejemplo el relato de Manrique sobre unos mensajes anónimos que recibía, cuyos autores fueron descubiertos. «No sabes en qué consistían esos anónimos ni quién estaba detrás porque entre ellos dos había un conocimiento previo», subraya.

Tampoco se sabe qué pasó con los textos poéticos que Millares escribió para el libro de Manrique Lanzarote arquitectura inédita. «César nunca los devolvió. Dijo que los había perdido». comenta Elvireta Escobio sobre estos textos de los que se habla en las cartas de los dos grandes amigos. «Fueron dos buenas personas y por eso se entendieron. Me alegra que el libro haya salido porque aclara muchas cosas. Se decía que se habían enfadado y eso no es verdad», dice la viuda de Millares, agradecida a Mercurio por haber editado este volumen tras haber llamado sin éxito a otras puertas, como las de la Fundación César Manrique y la del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM).